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<journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Theomai</journal-title>
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<publisher-name>Red Internacional de Estudios sobre Sociedad, Naturaleza y Desarrollo</publisher-name>
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<country>Argentina</country>
<email>theomai@unq.edu.ar</email>
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<subject>Trabajo y migraciones postcoloniales en la agricultura capitalista global</subject>
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<article-title xml:lang="es">Ejerciendo agencia en las cadenas agrícolas globales. Del modelo boliviano en la agricultura argentina a la situación de los migrantes marroquíes en la agricultura de la Piana del Sele (Salerno, Italia)<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn4">1</xref>
</sup>,<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn5">2</xref>
</sup>
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<surname>Molinero Gerbea</surname>
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<season>July-December</season>
<year>2018</year>
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<title>Revista THEOMAI / THEOMAI Journal Estudios críticos sobre Sociedad y Desarrollo / Critical Studies about Society and Development</title>
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<title>número 38 (segundo semestre 2018) - number 38 (second semester 2018) </title>
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<title>I. Introducción </title>
<p>La evolución del sector agrícola global a lo largo de la fase neoliberal del sistema-mundo
capitalista ha estado intrínsecamente ligada al desarrollo y fortalecimiento de las llamadas
“cadenas globales”. Este concepto, acuñado por Hopkins y Wallerstein (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref38">1986</xref>) ha sido largamente debatido por la comunidad académica dando pie a diversas manifestaciones del
fenómeno (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref11">Bair, 2009</xref>). Al final podría reducirse su definición, tal y como hacen Mezzadra y
Neilson (2013: 119) a ser un concepto que muestra “como el trabajo transnacional y los
procesos productivos conectan materialmente economías, empresas, trabajadores y hogares
en la economía del mundo contemporáneo”. La metáfora de la cadena permite por lo tanto
entender los patrones de dispersión geográfica que conforman la economía capitalista global
enlazando los territorios del centro y la periferia globales en eslabones productivos
jerarquizados cuyo último fin es el de mantener la acumulación del centro global. </p>
<p>Si bien las cadenas existen desde los albores del capitalismo, en el siglo XVI (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref38">Hopkins y
Wallerstein, 1986</xref>), no será hasta los comienzos de la época neoliberal y la aceleración del
proceso de globalización, cuando estructuren y determinen la configuración del sistema
agrícola global. Hoy día, la agricultura mundial se estructura en cadenas globales (Pedreño
Cánovas, 2014) orientadas a la producción de comida a bajo coste como pilar fundamental del
mantenimiento del capitalismo (Moore, 2015). </p>
<p>Uno de los eslabones fundamentales de las cadenas, es el eslabón del trabajo vivo, pues
es donde tienen lugar los procesos productivos de las cadenas. Dicho eslabón está
primordialmente formado por mano de obra migrante, cuya disponibilidad a bajo coste es
central para la continuidad del proceso de acumulación (Molinero y Avallone, 2016). Sin
embargo, como señalan Mezzadra y Neilson (2013), la perspectiva de las cadenas ha tendido
a asumir que el stock de fuerza de trabajo está permanentemente disponible para el proceso
productivo de forma pasiva y sin autonomía. Para estos autores, se trata de un grave error
comúnmente reproducido en los estudios de las cadenas, dando la impresión de que la
condición de ejército de reserva de los trabajadores anulara su capacidad de agencia. Esto
convertiría en el caso de las cadenas agrícolas, a los migrantes en sujetos subalternos cuyas
acciones no contribuyen a conformar el espacio del trabajo. </p>
<p>Este artículo toma esta crítica como acertada y busca demostrar mediante el estudio de
dos casos radicalmente opuestos en cuanto al ejercicio de agencia por parte de los migrantes,
no sólo la existencia de la misma, sino cómo su estudio es determinante para comprender la
conformación de las cadenas en las que se insertan. El presente trabajo es fruto de dos trabajos
de campo, uno realizado en julio-agosto de 2015 en Piana del Sele (Salerno, Italia) y otro
realizado en marzo-abril de 2016 en Buenos Aires y en el Partido del General Pueyrredón
(Argentina). Los métodos utilizados parten desde la revisión bibliográfica y la observación
participante hasta la realización, en ambas zonas, de grupos de discusión<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn6">4 </xref>
</sup>y entrevistas en
profundidad a actores y migrantes<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn7">5</xref>
</sup>.</p>
<p>  Para desarrollar todo ello, en un primer momento se realizará un breve acercamiento al
debate estructura-agencia con el fin de identificar qué estructura conforma la agricultura
capitalista global y qué significa analizar la agencia de los migrantes en este contexto. Tras ello
se pasará a estudiar el caso de los migrantes bolivianos en la agricultura argentina como un
caso de despliegue máximo de agencia en el que los propios migrantes han ido escalando
puestos en la cadena hasta terminar apropiándose de ella. Por otro lado, se estudiará el caso
de los migrantes marroquíes en la agricultura de la Piana del Sele (Provincia de Salerno, Italia)
como ejemplo de que, en un modelo de estructura rígida, aun así, los migrantes ejercen un tipo
de agencia que conforma la estructura de la agricultura local. Finalmente se expondrán una
serie de conclusiones. 
</p>
</sec>
<sec>
<title>II. Estructura y Agencia en las cadenas agrícolas globales de la ecología-mundo
capitalista</title>
<p>Para entender la crítica que Mezzadra y Neilson (2013) realizan al concepto teórico de las
cadenas globales y su endémica tendencia a no tener en consideración la producción de
subjetividad existente en el eslabón del trabajo vivo, es fundamental realizar un acercamiento
a la configuración de la agricultura global y al rol que los migrantes ocupan en ella. Ello lleva
inevitablemente a introducirse en el clásico dilema estructura-agencia, un debate complejo
(<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref27">Block, 2013</xref>) de especial relevancia en el estudio de las migraciones (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref12">Bakewell, 2010</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref28">Castles,
2010</xref>) al existir una larga discusión entre académicos acerca de la capacidad de los migrantes
de desplegar sus propios proyectos autónomos en estructuras a las que se insertan en calidad
de subalternos. Como sugiere Stephen Castles (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref28">2010</xref>) una unanimidad de posiciones que lleven
a una “gran teoría” sobre este aspecto no solo es imposible, sino que banalizaría el debate
ocultando la complejidad de factores que en él intervienen. Así pues, dicho autor sugiere el
empleo de teorías intermedias que integren diversas perspectivas y permitan entender los
procesos migratorios en su propia constelación histórico-socio-económica. Más o menos
Massey et al. <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref39">(2005</xref>) vienen a sugerir algo similar al concluir que no existe una teoría única para
estudiar la migración, sino que el propio contexto estudiado es el que debe sugerir la
idoneidad en la utilización de una u otra perspectiva. Esta aseveración goza de pleno sentido
si pensamos en las enormes diferencias que tipos de migraciones tan diferentes como por
ejemplo las de trabajadores altamente cualificados o las de temporeros agrícolas acarrean. </p>
<p>Por todo ello, la identificación de la existencia de proyectos autónomos y producción de
subjetividades por parte de los migrantes en las cadenas agrícolas globales, obliga a estudiar
las estructuras concretas en las que estos procesos migratorios tienen lugar. Para ello se iniciará
el análisis mediante un acercamiento a la articulación del sector agrícola dentro del sistema
capitalista global, dónde la centralidad que éste ocupa en su mantenimiento es parte del
proyecto que Jason W. Moore (2015) denomina como una “ecología-mundo”</p>
</sec>
<sec>
<title>
<italic>II.I La agricultura como pilar de la ecología-mundo capitalista</italic>
</title>
<p>El análisis de la ecología-mundo incide en reflejar el rol central que ha jugado el sector agrícola
en el mantenimiento del sistema capitalista global desde sus inicios, en el siglo XVI, hasta la
moderna etapa neoliberal. Jason W. Moore (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref43">2015</xref>) realiza un repaso histórico a las diferentes olas de acumulación que ha vivido el sistema desde sus orígenes siguiendo la tradición del
sistema-mundo de Wallerstein (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref56">1974</xref>) pero argumentando que la división que los estudios
sociales y económicos han hecho tradicionalmente entre la actividad humana y el
medioambiente son erróneos. La ecología-mundo deconstruye así el dualismo cartesiano que
ha permeado la ciencia en su acercamiento al sistema capitalista reflejando que su historia no
es tan solo económica, política o militar sino también medioambiental (Moore, 2015). Si bien
existe una larga tradición de estudios sobre marxismo ecológico con teorías como la Fractura
Metabólica a la cabeza (Foster et al., 2010), Moore identifica que tradicionalmente fallan en su
enfoque al replicar el dualismo cartesiano en su análisis<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn8">6</xref>
</sup>. Percibir la actividad humana, que
Moore denomina como “naturaleza humana” (2015) como un elemento diferenciado de la
naturaleza “extra-humana” impide identificar la naturaleza socio-ecológica del proyecto
capitalista global. </p>
<p>Así pues, el capitalismo es una ecología-mundo pues la tasa de ganancia sobre la que se
fundamenta no está solamente conectada con los procesos de capitalización, esto es, la tasa de
explotación de la fuerza de trabajo y el capital invertido, sino que ésta requiere de la
apropiación gratuita o a bajo coste de determinadas actividades humanas y extra-humanas.
En palabras de Moore, “nos referimos al capitalismo como “ecología-mundo” [pues es un
proyecto basado en] la acumulación de capital, la búsqueda de poder y la coproducción con la
naturaleza en una unidad dialéctica” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref44">Moore, 2016</xref>). </p>
<p>La explotación del trabajo humano y de la naturaleza extra-humana son ambos
indispensables para mantener el proceso de acumulación donde, como identifica el análisis de
la ecología-mundo (Moore, 2016) cada ciclo de acumulación se ha fundado en la apropiación
gratuita o a bajo coste de los denominados Four cheaps: trabajo, alimentos, materias primas y
energía (Moore, 2016). La constante obtención de estos factores a precios bajos ha permitido
en cada fase la expansión del sistema de acumulación global y al contrario, cuando la manera
en la que uno, varios, o todos ellos son producidos empieza a dar signos de agotamiento, los
precios aumentan y el sistema entra en crisis (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref43">Moore, 2015</xref>). La solución del sistema ante su
contracción siempre ha sido la reconfiguración mediante la apropiación de nuevas fronteras
de producción que permitan mediante nuevos procesos o técnicas obtener de nuevo estos
cuatro elementos a bajo coste. </p>
<p>Si alimentos y trabajo son dos de los Four cheaps, y por lo tanto, son centrales para el
mantenimiento de la ecología-mundo capitalista, se entiende el rol central que ocupa la
agricultura global en el sistema pues es la esfera donde se producen la mayoría de los
alimentos que la fuerza de trabajo global consume. Existe una relación sistémica entre el precio
de la comida y el precio del trabajo pues a menor precio de los alimentos, menores podrán ser
los salarios por lo que generarán altas tasas de ganancia, indispensables para asegurar la
acumulación. La reproducción de la fuerza de trabajo barata a nivel global depende de los
bajos precios de los alimentos que a su vez garantizan el pago de bajos salarios y con ello la
expansión del proceso de acumulación (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref42">Molinero y Avallone, 2016</xref>). </p>
<p>El hecho de que el sector agrícola cumpla un rol tan determinante para el funcionamiento
de la ecología-mundo capitalista ha hecho que en cada fase histórica de acumulación, su
reconfiguración hacia la adopción de nuevas técnicas productivas para producir comida
barata haya sido una constante. Desde la utilización de mano de obra esclava en los campos
de América a la colonización de territorios por parte de los estados del centro con el fin de configurar monocultivos de exportación, cada época histórica del sistema se ha fundamentado
en apropiaciones de la frontera de producción que han ido adaptándose a las necesidades del
sistema. En el periodo neoliberal actual, la producción agrícola se caracteriza por “la
californización tendencial a nivel mundial de [sus] modalidades de producción” (Molinero y
Avallone, 2016: 38), esto es la conversión del campo en una gran industria. La introducción de
nuevas tecnologías como el invernadero y la conversión de espacios de agricultura tradicional
en grandes fábricas agrícolas, como ha sido el caso de la agricultura en el Mediterráneo
(<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref7">Avallone, 2013a</xref>), son fenómenos que se han generalizado por todo el centro del sistemamundo.
Las lógicas neoliberales aplicadas al campo, como la financiarización, flexibilización
e inserción de los diversos actores del proceso productivo en cadenas globales orientadas a la
acumulación del centro configuran el sector en la actualidad y determinan un modelo
exclusivamente orientado a la producción de bienes alimentarios a baja composición de valor
(y por lo tanto a la maximización de altas tasas de ganancias a quiénes controlan las cadenas,
principalmente las grandes corporaciones). </p>
<p>Sin embargo, como señala Jason W. Moore (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref44">2016</xref>) podríamos estar ante “el fin de la
naturaleza barata” pues la agricultura global está mostrando síntomas de agotamiento del
modelo (hecho que el aumento de los precios de los alimentos desde 2003 demuestra) ante el
fracaso de la última frontera de producción: la revolución de las biotecnologías. La crisis global
del capitalismo iniciada por el quiebre de Lehman Brothers en 2007 no es sino el reflejo de una
mayor crisis que afecta a varios de los pilares del sistema capitalista global y en ello la crisis
de la agricultura tiene gran relevancia. Las biotecnologías, esto es, la introducción, ya en los
años 30 del siglo XX, de innovaciones químicas y genéticas (OGMs, fertilizantes químicos etc.)
en los campos, se concibieron para reducir los tiempos de producción y así obtener una mayor
cantidad de alimentos a un menor precio. Sin embargo, ya en los setenta empiezan a verse los
límites de esta revolución, mostrando no ser la nueva frontera de producción ya que dotó a los
alimentos de mayor resistencia, pero no aumentó su producción ni disminuyó su precio. El
fracaso de esta revolución y la falta de identificación de nuevas fronteras de apropiación están
provocando el agotamiento del actual modelo productivo agrícola cuya particular crisis se
engarza en la actual crisis global del capitalismo (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref43">Moore, 2015</xref>). </p>
<p>En este contexto, el rol de la mano de obra migrante ha sido fundamental para mantener
la estructura agrícola global. Como argumentamos Gennaro Avallone y yo mismo (Molinero
y Avallone, 2016), desde los años 70 hasta la actualidad, la agricultura del centro de la ecologíamundo
(y ciertos enclaves agrícolas de la periferia conectados por cadenas globales al centro
global de la acumulación) ha ido dependiendo cada vez más del trabajo ejercido por
poblaciones provenientes de la periferia global. La ausencia de apropiación de nuevas
fronteras productivas ha ligado estrechamente la rentabilidad de la producción agrícola del
centro, y por lo tanto, la continua generación de comida barata, a una presión cada vez más
intensa sobre el coste del trabajo. En este sentido, la utilización de mano de obra de origen
migrante para trabajar la agricultura se ha convertido en un elemento sistémico (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref42">Molinero y
Avallone, 2016</xref>) de la producción agrícola destinada a ser consumida en el centro global. Ello
se debe a numerosos factores, donde están conectados desde el progresivo abandono del
trabajo rural ejercido por las poblaciones autóctonas hasta la necesidad de los productores
agrícolas de disponer de un ejército de reserva dócil, poco organizado y dispuesto a aceptar
las duras condiciones del trabajo en el campo. La progresiva “desdemocratización” de las
condiciones de trabajo en los enclaves globales (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref32">De Castro, 2014</xref>), esto es, la extensión global
de una forma de trabajar la agricultura basada en la precarización, asalarización,
temporalidad, informalidad y en el rol central de la intermediación (formal e informal) ha
convertido a la población de origen migrante en un ejército de reserva central en los eslabones del trabajo. Esto ha provocado que “la periferia del mundo cumpl[a] así su función en la
división internacional del trabajo, siendo reducida al rol de proveedora de recursos humanos
empleados en tareas poco cualificadas” (Molinero y Avallone, 2016: 43). </p>
<p>En ausencia de nuevas fronteras de apropiación, los migrantes, mediante su trabajo
barato, han permitido una relativa continuación de la producción de comida a bajo coste en la
agricultura del centro. Cabe resaltar que el uso de mano de obra extranjera no constituye una
nueva frontera, sino que se trata de una estrategia cortoplacista que ha permitido (y permite)
al sector mantenerse en un contexto de crisis global (Molinero y Avallone, 2016). Se puede
afirmar por lo tanto, que el trabajo barato migrante en la agricultura del centro es
estructuralmente indispensable para el mantenimiento de la ecología-mundo capitalista. </p>
<p>La percepción de la arquitectura de la agricultura global mediante cadenas que se nutren
del ejército de reserva migrante parece no dejar demasiado espacio para la existencia de
proyectos autónomos y agencia en el eslabón del trabajo vivo. El propio concepto del ejército
de reserva implica una serie de estructuras mentales que llevan a la percepción de la mano de
obra migrante como un bloque sumiso disponible para la producción y sin margen para la
autonomía. Sin embargo, como se argumentará en los siguientes apartados, la crítica de
Mezzadra y Neilson (2013) no solo tiene sentido, sino que no entra en contradicción con estas
categorías.   </p>
</sec>
<sec>
<title>
<italic>II.II Espacios de agencia en las cadenas agrícolas globales</italic>
</title>
<p>Lo primero que debe plantearse en torno a este debate es ¿cómo definir la agencia? En su
artículo “The structure and agency dilemma in identity and intercultural communication research”
David Block (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref27">2013</xref>) hace un repaso a las definiciones que varios autores aportan. Así pues, por
ejemplo, refleja que Sewell (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref54">1992</xref>) la define como una “propiedad relacional” donde ser un
agente implica a la par ejercer algún tipo de grado de control sobre las relaciones sociales en
las que se participa y disponer de algún grado de capacidad de transformarlas. Bakewell (2010)
también apuesta por esta definición. En cambio, Ahearn (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref1">2001</xref>) propone una definición más
reducida al definirlo como “la capacidad mediada de actuar socioculturalmente” (Ahearn,
2001 en Block, 2013: 128). Mientras que Patricia Duff, define la agencia como “la habilidad de
la gente para hacer elecciones, tomar el control, autorregularse y perseguir sus objetivos como
individuos orientados potencialmente hacia la transformación personal o social” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref34">Duff, 2012
en Block, 2013: 128</xref>). Sin duda, todas estas definiciones hacen interesantes aportes al debate,
pero en este artículo se tomará la definición de Duff como referencia pues no sobredimensiona
las capacidades individuales respecto al poder de la estructura. Ello se ajusta más a un contexto
en el que si bien existen espacios de agencia, no deja de haber una fuerte estructura que
condiciona las acciones de los individuos insertos en ella. </p>
<p>Ahora bien ¿porqué poner el foco del análisis en la agencia de los migrantes? Por una
parte, una batería de autores considera que sin comprender ésta, el análisis del fenómeno
migratorio quedará altamente incompleto (como mencionan Mezzadra y Neilson (2013)) pero
por otro lado, señalar a los migrantes como sujetos activos y con proyectos propios es parte
esencial del análisis post-colonial de las migraciones (Avallone y Torre, 2013). </p>
<p>Entre los autores que destacan la importancia de introducir la agencia para realizar un
análisis completo de las migraciones se encuentran Massey et al. (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref39">2005</xref>). En su obra, estos
autores dicen que todo enfoque teórico sobre las migraciones internacionales debe incorporar
cuatro elementos indispensables: tener en cuenta las fuerzas estructurales que impulsan la
migración en origen, los factores estructurales que habilitan la migración en destino, las
motivaciones, metas y aspiraciones de quiénes migran y analizar las estructuras sociales y
económicas que han sido creadas para conectar las áreas de emigración e inmigración. Todo ello implica no solo tener en cuenta la estructura, sino también la agencia de los sujetos que
migran para tener una comprensión holística del proceso migratorio a estudiar. </p>
<p>En una línea similar, Bakewell (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref12">2010</xref>) propone lo que él denomina una perspectiva
“realista crítica” a la hora de estudiar procesos migratorios concretos. Esto implica plantearse
cuatro preguntas fundamentales para el enfoque del análisis: ¿quién se mueve de A a B y por
qué? ¿Por qué migran estas personas y no otras? ¿Por qué van a B en vez de a C? Y ¿por qué
ahora y no después? Según el autor, estas preguntas permiten tener en consideración tanto las
fuerzas estructurales que promueven la emigración y permiten la inmigración como las
estructuras económicas y sociales que conectan ambas áreas mientras no se dejan de lado las
motivaciones, objetivos y aspiraciones de los migrantes. </p>
<p>Por su parte, Stephen Castles (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref28">2010</xref>) retoma el análisis realizado por Sarah Collinson
(<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref29">2009</xref>) para reflejar que al final el proceso migratorio es de gran complejidad y una diversidad
de factores influyen en él por lo que autonomía, agencia, percepciones, factores históricoculturales
así como las restricciones institucionales y las complejas redes de relaciones deben
ser consideradas en el análisis. </p>
<p>Todas estas posiciones insisten en otorgar un importante rol al estudio de la agencia con
el fin de realizar estudios completos que tenga en cuenta la compleja amalgama de factores
que intervienen sobre los procesos migratorios. Sin embargo, la perspectiva postcolonial busca
ir más lejos. </p>
<p>Para el sociólogo argelino Abdelmalek Sayad los migrantes sufren la carga impuesta por
el largo periodo de colonización ejercida por los estados del centro sobre los de la periferia. Un
hecho que marcó la forma en la que el pensamiento occidental se acercó al fenómeno (Sayad,
2010a). De sus textos se extrae la idea de que la colonización no ha terminado, sino que es un
proceso que aún se manifiesta en ámbitos tan diversos como las relaciones sociales de
producción, la división internacional del trabajo o las relaciones entre los diferentes estados y
pueblos del sistema-mundo. Este proceso muestra que la división maniquea del mundo
colonial, donde el colonizado es deshumanizado, se convierte en un discurso jerarquizante en
el mundo post-colonial en el que la posición de los migrantes refleja esas mismas relaciones
de poder material y simbólico que el colonizador impuso (Avallone y Torre, 2013). Sayad hace
hincapié en que este proceso inacabado requiere de una deconstrucción de los esquemas con
los que occidente ha observado al migrante (o al colonizado), un ser que ha sido negado
políticamente (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref52">Sayad, 2010a</xref>). De esta forma, al negarse su capacidad de acción, se le niega la
posibilidad de tener una historia propia, un pasado, un presente y un futuro de los que
apropiarse. El colonialismo remanente niega por lo tanto la propia existencia del migrante,
eliminándole el derecho de poder dar sentido y razón a su propia acción (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref10">Avallone y Torre,
2013</xref>) o lo que es lo mismo, a disponer de agencia. </p>
<p>Las migraciones Sur-Norte son producto de la colonización donde trabajadores
colonizados proveen de fuerza de trabajo barata al centro del sistema-mundo (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref37">Gil Araujo,
2010</xref>), perspectiva que el propio Sayad utiliza para describir la realidad internacional (Sayad,
2010b). Los migrantes son herederos de la división que el colonialismo creó y cuyo efecto más
visible en la actualidad es el subdesarrollo en los países de la periferia (Sayad, 2010a). Todo
inmigrado de la colonia “no puede olvidar que es en primer lugar y ante todo un colonizado”
(Sayad, 2010a: 136) es por eso que se incorporan al espacio nacional del centro en condición de
subalternos, como máquinas que funcionan de forma mecánica y carecen de espíritu,
importados como mercancías (Sayad, 1995). Esto no hace sino despolitizar o apolitizar al
migrante, negándole su autonomía y reforzando el pensamiento de estado (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref48">Raimondi, 2016</xref>),
entendido como ese conjunto de estructuras mentales impuestas por el Estado que organizan nuestra forma inconsciente de enfocar los fenómenos sociales mediante sus propias categorías
(<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref51">Sayad, 1999</xref>). </p>
<p>Sayad empeñó su carrera en desmontar el pensamiento de estado, reclamando una
verdadera sociología de las migraciones que considere el fenómeno como un hecho total cuyo
análisis rompiera con el colonialismo. Por lo tanto, si el proyecto colonial se fundamentaba en
negar la agencia de los sujetos colonizados, y los migrantes son la versión moderna de estos,
una comprensión efectiva de todo fenómeno migratorio debe percibir a los migrantes como
sujetos políticos dotados de agencia. </p>
<p>La perspectiva de Sayad entronca con la crítica que hacen Mezzadra y Neilson (2013), y
refuerza la idea de la necesidad de explorar los proyectos propios que despliegan los migrantes
dentro de las cadenas globales. Lo que se propone en los siguientes dos apartados es, mediante
el estudio de dos casos que presentan situaciones radicalmente opuestas en términos de
estructura agrícola local (aunque ambos estén sumidos en la lógica de la estructura agrícola
global), demostrar no solo la existencia de agencia por parte de los migrantes, sino como su
ejercicio modela la estructura de los enclaves agrícolas en los que están insertos. Para ello se
ha seleccionado por un lado el caso de los migrantes bolivianos en la agricultura argentina y
por el otro el de los migrantes marroquíes en la Piana del Sele (Provincia de Salerno, Italia). El
interés en estudiar el primero de ellos radica en el hecho de tratarse de un caso extremo donde
los propios migrantes al ejercer su agencia han conquistado progresivamente la cadena,
apropiándose de sus diversos eslabones y tomando el control de los mismos. El segundo caso
presenta un escenario radicalmente diferente, donde la existencia de una férrea estructura
pareciera negar los espacios de agencia. Sin embargo, se argumentará que los proyectos
propios de los migrantes son determinantes para explicar la conformación del trabajo en la
agricultura del sur del Vesuvio.   </p>
</sec>
<sec>
<title>III. Apropiándose de la cadena: migrantes bolivianos en la agricultura
argentina</title>
<p>La agricultura ha sido tradicionalmente un sector con un peso importantísimo dentro de la
economía de Argentina cuyo modelo agroexportador le valió en el siglo XIX el calificativo de
“granero del mundo”. Si bien esta condición fue reduciéndose progresivamente a medida que
el país se industrializaba y la ecología-mundo global experimentaba numerosos cambios en su
estructura, el país mantuvo siempre un fuerte sector agrícola que progresivamente fue
incorporando innovaciones tecnológicas como el desarrollo de la cadena de frío para el
transporte. Ello permitió al sector incorporarse a las cadenas agrícolas globales haciendo valer
principalmente el carácter austral del país que permitía producir de forma contraestacional
para exportar a los países del norte global (Benencia y Quaranta, 2002). </p>
<p>Así las grandes empresas agrícolas argentinas instalan progresivamente desde los 60-70
cámaras frigoríficas, desarrollan dispositivos atmosféricos y adquieren maquinaria y
productos agroquímicos con el objetivo de producir de manera industrial para la exportación
conectando de esta manera áreas de producción en la periferia con el creciente consumo de
frescos en el centro (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref55">Steimbreger, 2014</xref>). Esta concentración, ligada a los Planes de Ajuste
Estructural conllevó consigo no solo la aplicación de lógicas neoliberales, como la
flexibilización y precariedad laborales (Benencia et al., 2012), al ya de por sí duro trabajo
agrario, sino que al centrarse en el lucrativo negocio de vender al centro del sistema-mundo,
descuidó lo local (Benencia y Quaranta, 2002). Un pequeño número de empresas
transnacionales conformó así un mercado oligopólico que concentró y centralizó la actividad económica agrícola en detrimento de pequeños y medios productores que fueron
progresivamente absorbidos por los grandes capitales en lo que se denominó como el proceso
de “concentración y transnacionalización” (Steimbreger, 2014). </p>
<p>Es con el inicio de esta época de neoliberalización del campo argentino cuando empieza
a intensificarse la migración de trabajadores bolivianos hacia el país vecino (comienzos de los
años 70). Esta migración contribuyó así “a resolver un problema histórico” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref19">Benencia, 2014: 85</xref>)
de la Argentina: el de la escasez de mano de obra en el campo. Sin embargo, lejos de convertirse
este caso en un proceso común de sustitución de mano de obra nacional por mano de obra
migrante, como se ha observado en un elevado número de enclaves del centro (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref42">Molinero y
Avallone, 2016</xref>), la inserción de los bolivianos en la agricultura argentina constituirá un
ejemplo paradigmático de ejercicio de agencia por su apropiación de cadenas enteras. </p>
<p>La llegada de los migrantes bolivianos a la agricultura argentina revitalizó por completo
la cadena de distribución de comida cuya progresiva orientación al exterior estaba
descuidando el mercado nacional. Así, modificando la organización tradicional del sector
(Arce et al., 2014), generando nuevos territorios productivos (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref17">Benencia, 2011</xref>) y resistiendo a
las crisis económicas mediante innovadoras estrategias emprendedoras (Arce et al., 2014) se
avanzó hacia una “bolivianización” de la agricultura argentina (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref47">Pizarro, 2014</xref>) que ha
redinamizado la actividad económica del sector primario nacional constituyendo un caso
único a nivel mundial de despliegue de agencia de los migrantes. El proceso mediante el cual
poco a poco esta mano de obra ha ido pasando de constituirse como ejército de reserva para
los productores locales a subir progresivamente peldaños en los diversos eslabones de la
cadena es lo que Roberto Benencia ha denominado como “la escalera boliviana” (1997). </p>
<p>La escalera boliviana ilustra como ningún otro ejemplo a nivel global lo acertado de la
crítica de Mezzadra y Neilson (2013) a la perspectiva de las cadenas y es que, sin estudiar el
proyecto migratorio desplegado por los bolivianos en Argentina, no podría entenderse la
conformación actual de su sector agrícola. </p>
<p>La presencia de migrantes bolivianos en el trabajo agrícola argentino no es nueva pues
ya en los años 30 un cierto número de estos trabajadores cruzaba la frontera para trabajar en
la economía agrícola limítrofe, expandiéndose ya en los años 50 su presencia hasta Buenos
Aires. No será sin embargo hasta finales de los 70, junto con el proceso de reestructuración del
sector agrícola argentino, cuando empiecen a llegar a nuevas zonas del país y en mayor
cantidad (Benencia, 2012). Su principal proveniencia serán las regiones de Tarija, Potosí o
Cochabamba y su integración se dará principalmente en la producción de fresco de una
inmensa mayoría de cinturones hortícolas del país (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref15">Benencia, 2005a</xref>). </p>
<p>Los primeros trabajadores agrícolas bolivianos, denominados como los “pioneros”
(<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref16">Benencia, 2005b</xref>) suelen ser migrantes establecidos en alguna región de Argentina que reciben
la información de la existencia de oportunidades productivas en determinado lugar. También
se ha dado el caso de pioneros que han viajado por haber dispuesto de esta información ya en
origen o de algunos que ya trabajaban como peones agrícolas para empresarios argentinos
(Benencia, 2005b). El pionero es quién sienta las bases para la migración de sus conciudadanos
pues es quién pasa de una posición de trabajador raso a organizador de la producción,
generalmente como “mediero” dando pie al establecimiento del enclave étnico<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn9">7</xref>
</sup> (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref23">Benencia y
Quaranta, 2009a</xref>).</p>
<p>  La mediería es un sistema muy arraigado en la agricultura argentina (los primeros
trabajadores agrícolas portugueses a inicios del siglo XX ya lo empleaban) que los migrantes
bolivianos revitalizaron con su llegada. El sistema de mediería consiste en el establecimiento
de un acuerdo verbal entre el trabajador boliviano y el productor argentino donde se acuerda
que el migrante se encargue de explotar una parcela de terreno (organizando todas las
actividades desde la siembra hasta la contratación de mano de obra) que el productor le cede
a cambio de un porcentaje de en torno al 50% de los beneficios que produzca la cosecha<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn10">8</xref>
</sup>
(<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref25">Benencia et al., 2009</xref>). Los productores suelen preferir estos acuerdos al ofrecerles grandes
ventajas como evitar tener que preocuparse por cualquiera de las tareas del proceso
productivo, incluida la negociación con los trabajadores. Para los bolivianos esto supone subir
un peldaño de la escalera al pasar de peones (primer escalón) a organizadores de la
producción. Cuando un migrante boliviano accede a un contrato de mediería trae a su familia
de Bolivia para trabajar la tierra con él y solo cuando ésta no le basta, contratan oriundos de
su tierra generalmente de manera precaria e irregular (Benencia y Quaranta, 2009b). A su vez,
estos trabajadores recién llegados son potenciales futuros escaladores de la escalera. </p>
<p>El siguiente peldaño de la escalera viene cuando estos trabajadores medieros han
logrado ahorrar una cantidad suficiente de dinero como para arrendar la tierra y trabajarla con
su propia maquinaria. Otra opción es la de convertirse en propietarios, pero pareciera ser que
en los últimos años esta opción pierde peso al ser más caro que arrendar (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref24">Benencia y Quaranta,
2009</xref>b). Una vez llegados a este escalón, las opciones de producción se amplían, al igual que el
número de hectáreas disponibles por lo que la tierra se convierte en un territorio transnacional
donde empiezan a arribar trabajadores bolivianos informados de la disponibilidad de trabajo
directamente por el productor. Estos trabajadores, que empiezan como peones o “tanteros”
(que trabajan a destajo) pueden ser o bien migrantes circulares (trabajan un período en
Argentina y luego regresan a Bolivia) o fijos, que empiezan el proceso de ahorro para ellos
mismos realizar la subida de la escalera boliviana. Cuando existe un exceso de medieros en la
zona, los migrantes se dispersan por el territorio generando nuevos espacios productivos en
zonas diferentes y replican las lógicas aquí descritas (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref15">Benencia, 2005</xref>). </p>
<p>Este proceso, que forma la escalera boliviana “tradicional” a partir del 2000 se amplía y
complejiza al incluir además de la etapa productiva, la comercial, conquistando de esta forma
el resto de la cadena de valor. Algunos de los trabajadores una vez han ahorrado lo suficiente,
en vez de subir en la escala jerárquica del eslabón productivo, adquieren vehículos de carga,
convirtiéndose en “rejuntadores”, un trabajo que consiste en recolectar la mercancía producida
por diversos productores y comercializarla en su propio puesto en un mercado formal. Otra
opción seguida es la de convertirse en “comercializador de productos primarios” tanto en
mercados mayoristas como en su propio negocio en la ciudad, estos bolivianos reciben la
verdura de los productores y la venden ellos mismos. Es lo que Benencia y Quaranta (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref23">2009a</xref>)
han denominado como la “nueva escalera boliviana”. </p>
<p>Ambas escaleras bolivianas constituyen relevantes ejemplos de cómo han sido los
propios migrantes quiénes se han apropiado progresivamente de los eslabones de la cadena,
etnificando un mercado donde desde el peón, hasta el productor y el comercializador final son bolivianos y pueden no solo actuar con un alto margen de autonomía, sino que pueden
imponer sus propias reglas de juego (cantidades, calidad de los productos, precios, formas de
distribución…) a los mercados (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref18">Benencia, 2012</xref>). </p>
<p>Este caso resulta particularmente relevante como modelo de agencia dentro de una
estructura agrícola globalizada, como es la argentina. El hecho de haber sido llevado a cabo
por migrantes provenientes de un país periférico tanto a nivel global como continental, cuya
condición inicial parte de la asunción de un rol subalterno en un estado donde la sociedad
local los discrimina racialmente (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref14">Benencia, 2004</xref>) invita a reflexionar sobre los factores que
pueden estar detrás de este proceso. De nuevo para ello es indispensable considerar algunos
factores estructurales, así como rasgos propios de agencia en los proyectos migratorios de los
trabajadores bolivianos. </p>
<p>Si bien enumerar todos los determinantes que han permitido que se produzca semejante
fenómeno pueden ser infinitos, al menos se han identificado una serie de ellos que permiten
explicar la conformación de la escalera. A nivel estructural, se hace evidente la manifestación
del “gran enclosure global” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref3">Araghi, 2000</xref>) impulsado por el cambio hacia el neoliberalismo en
el campo argentino. La gran concentración de empresas productivas con el fin de conformar
potentes conglomerados que pudieran insertarse en las cadenas agrícolas globales, ocupando
el espacio de exportadores de contraestación, no solo acabó con la producción de tipo familiar,
sino que descuidó el mercado nacional. Aquellos productores que siguieron trabajando la
tierra en pequeñas y medianas parcelas para el consumo local, replicaron las lógicas de
contratación mediante intermediarios llevadas a cabo por las grandes empresas para obtener
mano de obra barata y disciplinada que garantizara la rentabilidad productiva reduciendo el
coste del trabajo (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref20">Benencia y Aparicio, 2014</xref>). Esta presión salarial dificultó la obtención de
mano de obra local mientras la rentabilidad de la producción se reducía, al tener que
conformarse con vender en el menos lucrativo mercado nacional. Así, los productores
argentinos empezaron a interesarse por arrendar sus tierras o establecer contratos de mediería. </p>
<p>Los bolivianos realizaron en este contexto una “lectura correcta de la realidad”, esto es
que desplegaron un comportamiento económico y político que les permitió desarrollar con
éxito su proyecto de negocio identificando la manera más acertada para poder llevarlo a cabo
(<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref26">Benencia y Ramos, 2014</xref>). Ellos supieron ver que existían oportunidades de crecer en el sector
y desplegaron una serie de cualidades como son “la inteligencia, la tenacidad, la constancia en
el trabajo, la conservación de las tradiciones, las redes de relaciones, la capacidad organizativa,
el ahorro” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref17">Benencia, 2011: 285</xref>) para ocupar su propio espacio. En ello también jugó un
importante papel el prejuicio (positivo en este caso) que los productores locales tenían sobre
los bolivianos a quiénes consideraban “mucho más dóciles que el criollo para trabajar”
(<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref24">Benencia y Quaranta, 2009b: 103</xref>) y con “mayor disciplina laboral” (Benencia y Quaranta,
2009b: 102). Además, los migrantes bolivianos (a excepción de los pioneros en los que influyen
otra serie de factores) viajan ya con un proyecto en mente, un doble propósito, que es el de
ganarse el sustento y aprender a trabajar para acumular los conocimientos y el dinero
necesarios que les permitan convertirse en medieros (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref15">Benencia, 2005</xref>). Al repetirse este proceso
no solo ejemplifica el éxito del proyecto migratorio, dando pie a que más connacionales lo
repliquen, sino que expande los espacios productivos, engrosa la cadena en Argentina y
multiplica la demanda de mano de obra en el mercado etnificado. </p>
<p>Los migrantes bolivianos en Argentina constituyen un ejército de reserva fundamental
para la estructura agrícola local, pero han sabido llegar, por su capacidad para el trabajo y su
disciplina (Arce et al., 2014) a escalar en la cadena y apropiarse de ella. Este fenómeno ha
provocado que hegemonicen la oferta de productos en la inmensa mayoría de cinturones
hortícolas del país siendo por ejemplo ya en 2003, el 80% de la mano de obra en las explotaciones de Río Cuarto, de las cuáles el 20% eran propietarios, o un 39,2% de todos los
productores quinteros en la provincia de Buenos Aires en 2001 de los cuales un 75% eran
arrendatarios y el 25% propietarios (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref21">Benencia y Geymonat, 2005</xref>). </p>
<p>Este caso constituye así un ejemplo paradigmático de la necesidad de considerar la
agencia en el eslabón del trabajo para comprender la conformación de las cadenas. Sin
embargo, este proceso es excepcional dentro de la ecología-mundo capitalista. Notablemente
en el centro, la condición de ejército de reserva de los trabajadores migrantes está más
remarcada y los espacios de agencia están mucho más limitados por la férrea estructura del
sector agrícola neoliberal. El siguiente caso, el de los migrantes marroquíes en la Piana del Sele
(Salerno, Italia), busca ilustrar cómo en un contexto mucho más restrictivo, aun así, los
migrantes ejercen su agencia y ésta también determina la forma en la que se estructura el
sector. </p>
</sec>
<sec>
<title>IV. Migrantes en la agricultura neoliberal del centro de la ecología-mundo
capitalista. El caso italiano</title>
</sec>
<sec>
<title>
<italic>IV.I La globalización de la agricultura italiana: generando un ejército de reserva clandestino</italic>
</title>
<p>Prácticamente en el mismo periodo en el que la agricultura argentina se neoliberalizaba
siguiendo el proceso de “concentración y transnacionalización” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref55">Steimbreger, 2014</xref>), el sur de
Europa experimentó también una intensa transformación del sector primario. Las diferencias
con el primer caso vendrán principalmente marcadas por la posición ocupada por estos
Estados dentro de la configuración de la ecología-mundo capitalista. Si Argentina era un
estado periférico (o semi-periférico dado su carácter de potencia regional), aquí, estados como
Grecia, España o Italia, geográficamente próximos al centro, se sumieron en un proceso de
modernización cuyo objetivo era el de transformarse en verdaderos centros de acumulación
de capital. En todo este proceso el sector agrícola, pilar fundamental del sistema capitalista
(<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref43">Moore, 2015</xref>) no podía quedarse atrás. </p>
<p>Así en los 80 la agricultura de la Europa meridional empieza a introducir nuevas
tecnologías que cambian un modelo productivo por entonces de corte tradicional o familiar
hacia un modelo industrial (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref36">Gërtel y Sippel, 2014</xref>). La idea era dinamizar la producción
mediante el uso principalmente de maquinaria, fertilizantes químicos e invernaderos para
producir todo el año, neoliberalizando la agricultura y orientándola a un consumo interno
cambiante, pero sobre todo a la exportación hacia Europa continental (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref7">Avallone, 2013</xref>). Este
proceso paradójicamente introdujo a los estados Mediterráneos en el centro global mientras
remarcaba su carácter periférico dentro del bloque europeo. </p>
<p>Así se conformaron dinámicos enclaves agrícolas globales en zonas muy diversas como
Huelva (España) cuya especialización en la producción de fresa convirtió la región en el
segundo productor mundial detrás de California (Díaz Diego et al., 2014) o Almería (España),
donde la instalación de plásticos de invernadero es ya una de las construcciones humanas
visibles desde el espacio<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn11">9</xref>
</sup>. Como en España, en Grecia (caso de Manolada por ejemplo) o Italia
(Foggia, Piana del Gioa Tauro etc…) se ha multiplicado desde los 80 hasta la actualidad el número de enclaves agrícolas globales, internacionalizando el campo tanto en lo productivo
como en la configuración de sus mercados de trabajo (Avallone, 2013). </p>
<p>Como se comentó anteriormente, el efecto más destacable de la internacionalización del
eslabón del trabajo ha sido la inserción masiva de mano de obra migrante para trabajar en los
enclaves (Molinero y Avallone, 2016) cuyo rendimiento dentro de las cadenas es cada vez más
dependiente de este hecho (Gadea et al., 2014). En Italia, los migrantes empiezan a trabajar en
la agricultura desde los años 80 acompañando desde sus inicios al proceso de neoliberalización
del campo y llegando en 2014 a ser un tercio del total de los trabajadores regulares en el
sector<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn12">10</xref>
</sup>. Las cifras sin embargo no reflejan la realidad, sin duda mucho mayor, dada la alta
incidencia que tiene la informalidad (tanto en lo que respecta a la contratación como a la
condición legal de los trabajadores en el territorio) en el sector agrícola del país transalpino. </p>
<p>Santoro (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref49">2006</xref>) explica como el Estado Italiano optó, desde su conversión en país de
inmigración en los 80, por adoptar un modelo de obtención de mano de obra barata de la
periferia global que favoreciera la disponibilidad de un ejército de reserva disciplinado y
sometido a la irregularidad. Este autor explica cómo, la condición de indocumentados de los
migrantes permitió a los empresarios no respetar los salarios mínimos ni las condiciones
laborales básicas impuestas por la ley, lo que extendió el trabajo en negro, la evasión de
impuestos etc. El recorrido típico de la inserción de los migrantes en el mercado laboral fue
así: entrada clandestina, aceptación de trabajos precarios faltos de garantías y en caso de
ausencia de protestas (pues de otra manera se enfrentan a la deportación) al cabo de un tiempo,
los trabajadores pueden ser premiados con la regularización y un permiso breve vinculado al
contrato de trabajo. Según Santoro (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref49">2006</xref>), el mantenimiento de la misma arquitectura de vías
de entrada a Italia, con leves modificaciones, desde los 90 hasta la actualidad, unido a una serie
de regularizaciones masivas, comprueba que el legislador es consciente de este mecanismo y
lo ha mantenido en el tiempo de forma deliberada. </p>
<p>El sector agrícola, por supuesto, no ha sido ajeno a este sistema y los diversos enclaves
que se han articulado a lo largo del territorio italiano se han beneficiado de esta estructura que
ha proporcionado grandes cantidades de trabajadores dóciles sumidos en la irregularidad. La
norma de empleo de la agricultura neoliberal –esto es las condiciones de trabajo comúnmente
extendidas en las cadenas– basada en la precarización, asalarización, temporalidad,
flexibilidad e informalidad de las relaciones laborales (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref32">De Castro, 2014</xref>) pudo imponerse en la
agricultura italiana por medio de lo que puede denominarse como “política del abandono”.
Esto se refiere a la configuración de un modelo mediante el cual el Estado abandona su función
de garante de la ley permitiendo que todo un sector, el agrícola, se estructure en torno a la
extensión de la informalidad, el trabajo en negro y la explotación de personas en situación
irregular. Estas condiciones han caracterizado la inserción laboral de los migrantes en la
agricultura italiana (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref7">Avallone, 2013</xref>) pudiendo observarse como una lógica común que
atraviesa en formas diferentes, pero con igual esencia, a las decenas de enclaves agrícolas que
se han articulado en Italia (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref30">Colloca y Corrado, 2013</xref>). </p>
<p>Varias ONG’s y Organizaciones Internacionales han denunciado en diversos informes
las jornadas de más de 10 horas, los ridículos salarios o las condiciones de trabajo pésimas<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn13">11</xref>
</sup>
existentes en la agricultura italiana. Frente a aquellos modelos, como los implementados en Nueva Zelanda, Canadá o Huelva en los que los estados han habilitado la creación de
programas de contratación en origen de trabajadores extranjeros, el campo italiano no ha
necesitado dotarse de dicha arquitectura. La propia configuración del sistema migratorio como
un sistema que fomenta la clandestinidad (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref49">Santoro, 2006</xref>) ha permitido la disponibilidad de
importantes bolsas de trabajadores migrantes dispuestos a trabajar en el campo. Este modelo
ha articulado el sector agrícola italiano como un “sector refugio” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref42">Molinero y Avallone, 2016</xref>)
que atrae migrantes indocumentados, aunque también cada vez más documentados, al ofrecer
un sector donde insertarse laboralmente sin que su condición de irregulares suponga un
impedimento para ello. </p>
<p>El hecho de que los migrantes acaben trabajando en la agricultura bajo estas condiciones
ha hecho que tanto organizaciones como prensa hayan definido a estos trabajadores como
esclavos modernos<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn14">12</xref>
</sup>. Sin embargo, la utilización de esta definición, no solo niega la capacidad
de agencia de los migrantes, sino que impide ver su condición de proletariado agrícola
indispensable para la producción de comida y trabajo baratos, pilares sobre los que se asienta
el proceso de acumulación global (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref42">Molinero y Avallone, 2016</xref>). </p>
<p>En el siguiente apartado se dará cuenta de cómo los migrantes no solo disponen de
agencia en este contexto, sino que ésta misma conforma la articulación de las cadenas. Para
ello se analizará una población concreta (los migrantes marroquíes) en un enclave concreto, la
Piana del Sele, donde en 2015 realicé el trabajo de campo descrito al inicio.   </p>
</sec>
<sec>
<title>
<italic>IV.II Espacios de agencia en una estructura rígida del centro global: trabajadores agrícolas marroquíes
en la Piana del Sele</italic>
</title>
<p>La Piana del Sele es un enclave agrícola perteneciente a la provincia de Salerno y situado a
unos 80 kilómetros al Sur de Nápoles, en la Italia Meridional. Ocupa un área de unos 500
kilómetros cuadrados aproximadamente y debe su nombre al río Sele, que atraviesa la zona
irrigando las tierras y sirviendo como base para los cultivos (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref40">MEDU, 2015</xref>). Abarca once
municipios que en 2012 contaban con unos 200.000 residentes, de los cuales, unos 9.000 eran
extranjeros (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref5">Avallone, 2012a</xref>). </p>
<p>La economía de la zona reposa principalmente sobre su sector primario cuyo volumen
de producción de fruta y verdura, sobre todo, pero también de flores y productos lácteos le ha
valido el sobrenombre de la “California de Italia” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref40">MEDU, 2015</xref>). Otros sectores como el
industrial (potente a mediados del siglo pasado, aunque en progresivo declive), la
construcción y los servicios también ocupan una importante parte del PIB local (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref5">Avallone,
2012a</xref>). </p>
<p>La agricultura de la Piana del Sele, como enclave Mediterráneo entró también de lleno
en el proceso de neoliberalización del campo (Avallone, 2013) “industrializando”
progresivamente su producción, principalmente con la construcción de invernaderos, e
incorporando mano de obra extranjera de forma creciente desde los años 80 (Avallone, 2012a).
En 2014, la región contaba con 4.000 empresas agrícolas abarcando unas 5.000 hectáreas de invernaderos de las cuales 3.000 producían el cultivo característico de la zona: la rúcula
(MEDU, 2015). Este tipo de verdura de hoja se produce principalmente para la venta de
productos de cuarta gama (ensaladas embolsadas de consumo directo). Según el CRA (2009)
la Piana del Sele es la principal zona de producción de cuarta gama italiana, representando un
60% del total nacional. </p>
<p>Los productores de la zona se han especializado en este producto principalmente por
dos razones: la creciente demanda de los consumidores (nacionales y europeos) y la
posibilidad de producirla todo el año lo que explica cómo entre el año 2000 y el 2010 se ha
doblado el área de invernaderos en la región (Avallone, 2017). La desestacionalización de la
producción unida a la alta incidencia del trabajo irregular en la zona (Avallone, 2012a)
convirtió a este enclave en un caso típico de “sector refugio” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref42">Molinero y Avallone, 2016</xref>) para
migrantes, ofreciendo trabajo todo el año sin necesidad de disponer de un estatus legal. </p>
<p>Así, el número de extranjeros en la zona creció exponencialmente pasando (siempre
según datos oficiales) de 1.850 en 2002 a 10.903 en 2010 (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref5">Avallone, 2012a</xref>). Los primeros en
llegar y los que conforman la principal nacionalidad presente en la zona son los trabajadores
marroquíes<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn15">13</xref>
</sup>, en su mayoría varones de entre 20 y 30 años (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref9">Avallone, 2017</xref>). Las siguientes
nacionalidades por número son los rumanos y después los indios (aunque estos
principalmente trabajan en el sector ganadero con las búfalas). Los datos oficiales sitúan el
porcentaje de trabajadores extranjeros en 42,6% del total (Avallone, 2017), sin embargo, al no
tener en cuenta los irregulares, algunas estimaciones sitúan la realidad entre el 60% y el 80%
del total de trabajadores agrícolas (MEDU, 2015) lo que alcanzaría cifras de entre 5.000 y 6.000
el número de migrantes que trabajan en la agricultura local (Avallone, 2017). </p>
<p>La producción desestacionalizada que ofrecen los invernaderos garantiza un trabajo
estable para una parte de los migrantes, aunque la mayoría de los presentes trabaja días
sueltos. La modalidad de trabajo que impera en la Piana del Sele es el just in time, un trabajo
flexibilizado y adaptado a las necesidades productivas que permite jugar no solo con ajustar
al máximo los días que se contrata, sino también fomentar la competición entre nacionalidades
por conseguir trabajo (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref6">Avallone, 2012b</xref>). Si bien en el pasado la incidencia de la irregularidad
era mayor, las consecutivas regularizaciones masivas (principalmente las de 2009 y 2012),
junto con la posibilidad de utilizar las cuotas anuales como una forma de regularizarse de facto
(<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref49">Santoro, 2006</xref>) ha provocado que a día de hoy la mayoría de los migrantes que trabajen en la
agricultura gocen de un permiso de residencia <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref40">(MEDU, 2015</xref>). Sin embargo, la adopción de un
estatus regular no ha acabado con las condiciones de explotación que caracterizan al enclave.
“La situación general de los migrantes que trabajan en la agricultura [de la Piana del Sele]
puede interpretarse con la categoría de plusvalía absoluta” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref8">Avallone, 2013b, p. 82</xref>) esto es que
el sector se articula sobre la base de una presión de los salarios al mínimo útil para la
reproducción de mano de obra. </p>
<p>Las entrevistas realizadas durante el trabajo de campo realizado en agosto de 2015
confirman la continuidad de las condiciones ya descritas por Gennaro Avallone anteriormente
(<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref8">2013b</xref>). Las jornadas tienden a estirarse por encima de las ocho horas (alcanzando en casos
hasta las 14 horas diarias) por salarios de entre 28 y 35€ diarios, poco más de la mitad de lo
que dispone el convenio colectivo nacional (52€ diarios). Esto es posible debido a la extensión
del “trabajo gris”, una modalidad mediante la cual trabajadores con permiso de residencia
trabajan con un contrato legal, pero del que los empresarios declaran menos días de los realmente trabajados, no solo para cotizar menos por sus trabajadores, sino para justificar
frente a las autoridades el pago de salarios mensuales más bajos. La totalidad de los
trabajadores entrevistados durante el trabajo de campo dijeron estar sometidos a estas
prácticas. A ello cabe añadir la extensión del “caporalato” en la región, un sistema mediante el
que intermediadores ilegales<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn16">14</xref>
</sup> gestionan la contratación, el pago y a veces hasta supervisan el
trabajo realizado por la mano de obra (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref8">Avallone, 2013b</xref>;<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref9"> Avallone, 2017</xref>). Al cobrar por sus
servicios detrayéndolo de los salarios de los trabajadores, los “<italic>caporali</italic>” ganan ingentes
cantidades de dinero mientras quiénes trabajan por ellos cobran salarios todavía más
reducidos que quiénes son directamente contratados por los empresarios. </p>
<p>La Piana del Sele es un enclave caracterizado por “la política del abandono”, es decir,
por una ausencia casi total del estado, donde los migrantes, completamente separados de la
sociedad de acogida, viven una “experiencia espacial subalterna” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref6">Avallone, 2012b, p.104</xref>)
donde priman las prácticas irregulares. Esto ha generado un submundo de intermediarios que
gestionan todos aquellos servicios que los migrantes puedan necesitar (transportes, gestión de
documentos, obtención de alojamiento) monetizando casi cualquier interacción posible y
convirtiendo la Piana del Sele en “la tierra de la intermediación informal” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref9">Avallone, 2017</xref>). </p>
<p>Todas estas condiciones muestran lo difícil que es la vida en la Piana para los migrantes,
pero no permiten dar cuenta de porqué pese a todo ello se someten a esta estructura y no
abandonan el enclave. Nuevamente, Gennaro Avallone (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref9">2017</xref>) explica que los migrantes
ejercen diversas formas de agencia frente a esta situación como la resistencia o la resiliencia
(por ejemplo, aceptando las duras condiciones de trabajo a cambio del respeto del empresario
a su condición de “machos”). Un caso de ello sería el de H.<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn17">15</xref>
</sup>, migrante irregular que realiza
trabajos estacionales discontinuos y reside en una chabola dentro de una fábrica abandonada
de la zona. Su caso es uno de los más extremos que encontramos pues vivía en un alojamiento
en pésimas condiciones higiénicas mientras ahorraba para comprar su regularización. Tras
haber pagado 5.000€ a un intermediario y haber sido timado, declaró que él está tranquilo pues
hace lo correcto mientras aquellos que le timan y explotan serán juzgados por dios. Frente a la
dureza de su vida, H. utiliza el islam, su religión, para resistir con resiliencia. </p>
<p>Pero ¿qué significa realmente tener agencia en la Piana del Sele? Se argumentará
mediante los resultados obtenidos en las entrevistas en profundidad que, si bien la resistencia
y la resiliencia son una parte importante de ésta, solo adoptando una definición más amplia
como la de Duff (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref34">2012</xref>), explicada anteriormente, puede comprenderse la influencia de los
proyectos personales de los migrantes en la conformación del enclave. Se partirá del hecho de
que, en este caso, disponer de agencia en una estructura más rígida, no implica que los
migrantes, como en el caso argentino, se apoderen progresivamente de la cadena, sino que
aquí la agencia tiene más que ver con una aceptación inevitable de las reglas de juego para
conseguir objetivos personales. </p>
<p>Una pregunta de partida que surgió en las entrevistas realizadas a trabajadores
marroquíes en la agricultura de la Piana del Sele era ¿porqué decidiste migrar a Italia? La respuesta más común, repetida por nueve<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn18">16</xref>
</sup> de los entrevistados fue “para mejorar su
situación”. Algunos partían de la idea de que Italia estaba bien económicamente y que como
M. “podía venir un año o dos años, traerse de vuelta un coche, un poco de dinero y después
ya se vería”. Ninguno de los entrevistados aseguró partir por necesidades económicas por lo
que, la razón más comúnmente expresada para la migración fueron las expectativas de tener
una mejor vida en términos económicos. </p>
<p>Resulta relevante para caracterizar el caso de Piana del Sele como sector refugio, el hecho
de que ninguno de los entrevistados afirmara tener planeado ni trabajar en Piana del Sele, ni
en el sector agrícola. Es el caso de Ha. quien inició su itinerario migratorio en Francia, entrando
como turista, pero acabó ahí tras buscar trabajo en Padua y darse cuenta de que “no podía
trabajar sin papeles en el norte de Italia, no como en Salerno, en el sur, donde podía trabajar
sin papeles” puesto que “en Salerno hay demasiado trabajo y hay agricultura, y se puede
trabajar en la agricultura sin papeles” información a la que accedió a través de un familiar que
ejerce de “caporale” en la zona. En el caso de M.<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn19">17</xref>
</sup> el trabajo en la agricultura surgió como medio
“para ganar un poco de dinero, aunque se trata de un trabajo duro” o para K. que trabajó en
el sector agrícola en España por no tener permiso y acabó en la agricultura de la Piana tras
quedarse sin trabajo y ser su única opción de seguir en Europa. En el caso de J. si bien no existía
un plan ideado de trabajar en la agricultura, sí que afirmó que cuando llegó a Piana del Sele y
empezó a trabajar con los tomates “encontró lo que estaba buscando”. </p>
<p>Parte del carácter de Piana del Sele como sector refugio se refleja en el hecho de que
algunos de estos trabajadores, como Ha. con diploma de técnico en electromecánica, A. con
diploma de técnico en “calificación” y otro en “agricultura”<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn20">18</xref>
</sup> o J. que estudió (sin terminar)
Historia y Geografía en la Universidad estén sobrecualificados para el trabajo que realizan
(peones agrícolas). Así, varios de los entrevistados manifestaron haberse equivocado al
migrar, como Mo., otros tienen una respuesta ambivalente como Ha. que asegura que ha hecho
bien por la parte económica pues cree estar ganando más que en su país de origen, pero mal
por la parte de sus expectativas de vida. En cambio, otros como Ab. o Has. dicen que pese a
todo les ha compensado haber partido hacia Italia. </p>
<p>Estos dos últimos casos son excepciones pues el resto manifestó en general sentir
malestar por su situación. Sin embargo, esta disconformidad con la situación no les ha llevado
ni a un abandono de la situación, ni al retorno. La tentación de pensar que esto puede ser
provocado por el hecho de que, pese a todo, la situación para los entrevistados en Piana del
Sele es mejor que la de Marruecos tampoco es válida ya que al igual que Ab., que asegura que
vivía mejor en Marruecos que en Piana del Sele, otros tres entrevistados aseguraron que se
está mejor en Marruecos que en Salerno. Tampoco hay nada que les fuerce a quedarse y pese
a los bajos salarios, el viaje de vuelta es asequible por lo que tampoco se trata de que estén
atrapados sin opciones de regreso. Se argumentará entonces que los migrantes marroquíes
permanecen trabajando en la agricultura de la Piana del Sele como parte del ejercicio de su
agencia. </p>
<p>A diferencia del caso argentino, donde los bolivianos actúan como grupo trazando redes
transnacionales y buscando deliberadamente alcanzar una suficiente masa crítica como parte de una estrategia para copar el mercado, la migración de los marroquíes de la Piana del Sele
tiene más que ver con proyectos individuales. La decisión de migrar de los entrevistados fue
personal, más motivada por la esperanza de mejorar sus condiciones socioeconómicas que
como parte de un proyecto de grupo. La heterogeneidad de formas de llegar a Italia escogida
por los mismos (utilizando contratos falsos como Has., escondidos en un container de un barco
como J. o pagando por cruzar en patera desde Libia como Al., H., S., M. o Mo) unida al carácter
de sector refugio del enclave de destino hace que las llegadas principalmente sean
disgregadas. Cada migrante tiene su historia y su propio proyecto migratorio. La desilusión
provocada por la realidad en la que se insertan finalmente les impulsa a reconfigurar sus
proyectos. Una vez entendida la rigidez de la estructura de la economía local que les impone
estar en una posición subalterna con escasas opciones de movilidad social (A<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref6">vallone 2012b</xref>),
los migrantes ejercen su agencia reformulando sus estrategias. La ilusión del proyecto
migratorio se desvanece y comienza una lucha por la supervivencia donde encontrar trabajo
es fundamental no solo para tener ingresos sino para poder obtener el permiso de residencia
(<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref8">Avallone, 2013b</xref>), intrínsecamente conectado al contrato (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref49">Santoro, 2006</xref>). Esta situación genera
competencia por el trabajo, hecho que, unido al resto de características ya especificadas del
enclave, limita las posibilidades de organización de la mano de obra en torno a movimientos
o sindicatos. </p>
<p>En este sentido lo dicho por Ha. es bastante ilustrativo de este hecho, “hemos venido
aquí a trabajar […] no para otras cosas, hemos venido a trabajar y trabajar”. Se le planteó a este
mismo trabajador si no habían pensado protestar u organizarse a lo que respondió que no
porque si no “no tienen derecho a cobrar”. Preguntado por una protesta que se organizó en
2012 frente a la Prefectura de Salerno pidiendo permisos de residencia para todos, Ha. dice
que “no hubo ninguna respuesta”. Comenta que estas iniciativas no son exitosas porque los
migrantes “tienen miedo” de perder sus trabajos por lo que entre ellos no hablan del trabajo.
Y los sindicatos formales como la CGIL-FLAI a juicio de Ha. “solo miran por el dinero”. H.
comenta algo parecido sobre los sindicatos al decir que “En Milán hay sindicatos que hablan
con la gente ¿entiendes? para ganar bien, incluso para ganar lo que marca la ley, los accidentes
de trabajo, las enfermedades, 100% todo, pero aquí no”, para él también el sindicato CGILFLAI
solo sirve para “hacerse la foto”. </p>
<p>Los migrantes, conocen la estructura, como refleja S.:“deben hacer una ley para los
empresarios, no para ellos. Han hecho la ley para nosotros, son estrictos solo con nosotros, no
son estrictos con el empresario. El empresario está tranquilo, trabaja […] y mientras nosotros
estamos sufriendo aquí”. Pero en un contexto de desarticulación de la organización del trabajo,
responden con su agencia diseñando sus propios proyectos personales. </p>
<p>Entre los entrevistados se encontraron cuatro tipos de proyectos personales, todos ellos
ligados a la obtención del permiso de residencia de larga duración<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn21">19</xref>
</sup>. El proyecto más común
(que expresaron cinco de los entrevistados) pasaba por mantener su situación hasta obtener el
permiso de larga duración y con él poder moverse libremente por el espacio Schengen en busca
de oportunidades laborales en otros países. Como Al. que aspira a “Alemania, Suiza o a
cualquier parte”, H. que también aspira a migrar a Alemania, S. quiere en cambio ir a Francia
(aunque otro país de la UE le vale) o K. y A. que volverían a España, o en el caso de A. probaría
también en Francia.</p>
<p>    El segundo proyecto más repetido es de volver a Marruecos, pero tras haber obtenido
también el permiso de larga duración que les garantiza poder volver a Italia en cualquier
momento o incluso combinar momentos del año alternando ambos países. En este caso el
permiso es una garantía para no tener que repetir la entrada clandestina y poder planificar
bien cualquier movimiento futuro sin estar condicionados por los papeles. Ha., M. y K.<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn22">20</xref>
</sup>
manifestaron este deseo. </p>
<p>Los otros tipos de proyectos personales identificados pasan o por traer a la familia a vivir
a Italia, como es el caso de Moh. y Ma., o por quedarse hasta la jubilación y después volver a
Marruecos, como es el caso de J. </p>
<p>Estos proyectos explican por qué los migrantes se mantienen trabajando bajo las duras
condiciones que rigen en la agricultura de la Piana del Sele. Como se ve, no son esclavos, ni
gente sin opciones, se trata de trabajadores que voluntariamente se someten a la estructura
sabiendo que si aceptan las reglas de juego que imperan en el enclave, podrán conseguir los
objetivos personales que se han marcado. Su agencia está condicionada por la conformación
de la estructura, pero paradójicamente, su resiliencia frente las condiciones del sector qué les
lleva a esforzarse por luchar pese a las dificultades que entraña ser peón agrícola en la Piana
del Sele, es lo que explica que conformen el ejército de reserva indispensable para que el
modelo desregulado de la Piana siga funcionando. </p>
</sec>
<sec>
<title>V. Reflexiones finales</title>
<p>Los dos casos estudiados han puesto de manifiesto la existencia de procesos de agencia dentro
del eslabón del trabajo vivo de las cadenas agrícolas globales. Mediante la selección de ambos
casos se perseguía demostrar que esto sucede tanto en el centro como en la periferia y que, si
bien el caso argentino puede mostrar una estructura más porosa y flexible, ello solo condiciona
la manera en la que dicha agencia se ejerce, pues en otros casos en los que la agencia de los
migrantes parece ausente, es igualmente relevante para entender la conformación del enclave. </p>
<p>Mezzadra y Neilson (2013) tienen razón al hacer hincapié en la necesidad de que los
teoristas de las cadenas globales tengan en cuenta esta matriz a la hora de realizar sus análisis.
Pues, como se ha demostrado, no puede entenderse la agricultura argentina sin estudiar los
procesos de agencia desarrollados por los migrantes bolivianos, pero tampoco puede
entenderse la reproducción del ejército de reserva en Piana del Sele si no se entiende la
aceptación consciente de la estructura por parte de los migrantes marroquíes como parte de
sus proyectos personales. </p>
<p>El estudio de la agencia en el eslabón del trabajo vivo será cada vez más fundamental
mientras las cadenas agrícolas globales que sostienen la ecología-mundo capitalista sigan
basándose en la producción de comida barata (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref43">Moore, 2015</xref>) ejerciendo presión sobre el coste
del trabajo migrante (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref42">Molinero y Avallone, 2016</xref>). En los dos casos presentados, destacar la
agencia permite explicar tanto el abandono de la condición subalterna de los migrantes
mediante la construcción de cadenas alternativas (Argentina) como la perpetuación de un
rígido modelo de explotación (Piana del Sele). Lo relevante es que ambos modelos son
parcialmente, pero fundamentalmente construidos y reproducidos por los migrantes por lo
que a medida que su explotación se refuerce estructuralmente a nivel global, será interesante ver en qué medida se organizarán y hacia qué modelo de cadenas tenderá a articularse el
sistema.   </p>
</sec>
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<surname>RAIMONDI</surname>
<given-names>Fabio</given-names>
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<source>Ombre Corte</source>
<year>2016</year>
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<label>52</label>
<mixed-citation>SANTORO, Emilio: “<italic>Dalla cittadinanza inclusiva alla cittadinanza escludente: il ruolo del carcere nel governo delle migrazioni</italic>” en Diritto e questioni pubbliche, 2006, Volumen 6, pp. 39–79.</mixed-citation>
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<surname>SANTORO</surname>
<given-names>Emilio</given-names>
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<source>Diritto e questioni pubbliche</source>
<year>2006</year>
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<label>53</label>
<mixed-citation>SAYAD,  Abdelmalek,  “<italic>Immigration
 et “pensée d’État</italic>” en Actes de la recherche  en sciences 

sociales, Septiembre de 1999, Volumen 129, pp. 5–14.</mixed-citation>
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<surname>SAYAD</surname>
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<source>Actes de la recherche en sciences sociales</source>
<year>1999</year>
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<label>54</label>
<mixed-citation>SAYAD,
 Abdelmalek:
 “<italic>Elementos
 para  una  sociología
 de
 la  inmigración</italic>”  en  Empiria,  2010, Volumen 19, pp. 251–257.</mixed-citation>
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<year>2010</year>
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<label>55</label>
<mixed-citation>SAYAD, Abdelmalek: La doble ausencia : de las ilusiones del emigrado a los padecimientos 

del inmigrado, Barcelona, Anthropos, 2010.</mixed-citation>
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<surname>SAYAD</surname>
<given-names>Abdelmalek</given-names>
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<year>2010</year>
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<label>56</label>
<mixed-citation>SEWELL,
 William  H.:  “<italic>A
 Theory
 of Structure:  Duality,  Agency,  and  Transformation</italic>”  en 

American Journal of Sociology, 1992, Volumen 98, Número 1, pp. 1–29.</mixed-citation>
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<given-names>William H</given-names>
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<source>American Journal of Sociology</source>
<year>1992</year>
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<label>57</label>
<mixed-citation>STEIMBREGER, Norma, “<italic>Dinámica del capital global en el control territorial de una cadena agrícola. 

El caso de la fruticultura del norte de la Patagonia (Argentina)</italic>”.
 en PEDREÑO CÁNOVAS,
Andrés: De cadenas, migrantes y
jornaleros. Los territorios rurales en las cadenas
globales agroalimentarias, Madrid, Talasa, 2014, pp. 38–58.</mixed-citation>
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<year>2014</year>
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<label>58</label>
<mixed-citation>WALLERSTEIN,
 Imanuel:
 The
 Modern  World-System  I:  Capitalist  Agriculture  and  the origins  of
 the  European
 World-Economy
 in
 the
 Sixteenth  Century,  Nueva  York  y Londres, Academic Press, 1974.</mixed-citation>
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<surname>WALLERSTEIN</surname>
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<source>Academic Press</source>
<year>1974</year>
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<label>59</label>
<mixed-citation>WILSON, Kenneth L. y PORTES, Antonio: “<italic>Immigrant enclaves: an analysis of the labor market experiences of
cubans in Miami</italic>” en American Journal of Sociology, 1980, Volumen 86, Número 2, pp. 295–319.</mixed-citation>
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<year>1980</year>
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<title>Notas</title>
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<label>1</label>
<p>
Esta investigación se ha llevado a cabo en el marco del Proyecto ‘Temporary versus Permanent Migration’
(TEMPER), financiado por el 7º Programa Marco de la Comisión Europea, para el periodo 2014-2018 (grant
agreement no. 613468). </p>
</fn>
<fn id="fn5" fn-type="other">
<label>2</label>
<p>Este trabajo ha sido realizado en el marco del Doctorado en Derecho, Gobierno y Políticas Públicas de la
Universidad Autónoma de Madrid y será parte de la tesis doctoral de Yoan Molinero Gerbeau. </p>
</fn>
<fn id="fn6" fn-type="other">
<label>4</label>
<p>En Piana del Sele se organizaron dos grupos de discusión post-entrevistas en profundidad con migrantes
marroquíes que trabajan o han trabajado en la agricultura de la Piana del Sele. En Argentina se organizó un grupo
de discusión en la estación experimental del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en Balcarce
con actores destacados en el área de estudio provenientes del mundo de la investigación y el tercer sector. Los
audios de los grupos de discusión en Italia y sus transcripciones literales (en caso de haberlas) están en manos del
autor y archivadas en IEGD-CSIC. El grupo de discusión en Argentina no fue grabado, se tomaron notas de
campo. </p>
</fn>
<fn id="fn7" fn-type="other">
<label>5</label>
<p>En Piana del Sele se realizaron catorce entrevistas en profundidad a migrantes marroquíes que trabajen o hayan
trabajado en la agricultura de este enclave. Se realizaron además tres entrevistas a actores, dos miembros del
principal sindicato agrícola operando en la región, CGIL-FLAI, y una a miembros del proyecto Presidio de Cáritas
que realizan trabajo asistencial a los migrantes en la zona. Los audios de estas entrevistas y sus transcripciones
literales (en caso de haberlas) están en manos del autor y archivadas en IEGD-CSIC. En Argentina se realizaron
cuatro entrevistas en profundidad, en Buenos Aires, a actores destacados en el estudio del área provenientes del
mundo de la investigación y tres entrevistas en profundidad a actores provenientes del mundo de la investigación, del mundo empresarial y del área del comercio en la ciudad de Mar del Plata y en Sierra de los
Padres. Estas entrevistas no fueron grabadas, se tomaron notas de campo.  </p>
</fn>
<fn id="fn8" fn-type="other">
<label>6</label>
<p>Jason W. Moore (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref43">2015</xref>) argumenta que la Fractura Metabólica al limitar su análisis a la fractura que el sistema
generó entre campo y ciudad con la industrialización de la agricultura en el XIX es reducido e impide ver la
existencia de una mayor división, que dicho análisis aún replica, entre humanidad y naturaleza. </p>
</fn>
<fn id="fn9" fn-type="other">
<label>7</label>
<p>Benencia y Quaranta (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref23">2009a</xref>) manejan la noción de enclave étnico tomada de Wilson y Portes (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref57">1980</xref>) para
explicar la conformación de espacios distintivos que concentran empresas pertenecientes a miembros de una
misma comunidad étnica generando una economía de oportunidades y autoempleo que protege a los miembros
de la comunidad al generar una serie de oportunidades que el mercado nacional no les ofrece. El enclave, donde generalmente basta con hablar la lengua de origen funciona por redes de solidaridad que involucran a todos los
miembros generando obligaciones recíprocas. 
 </p>
</fn>
<fn id="fn10" fn-type="other">
<label>8</label>
<p>Los porcentajes varían en función del acuerdo alcanzado con el productor siendo generalmente mayores en
campo abierto que en invernadero. Benencia y Quaranta (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref24">2009b</xref>), han observado un rango en los porcentajes de
los acuerdos que varía entre el 20% hasta el 50%. </p>
</fn>
<fn id="fn11" fn-type="other">
<label>9</label>
<p>Véase por ejemplo “Por qué el Mar de Plástico se llama así”, noticia publicada por Verne-El País, el 23 de
septiembre de 2015. Consultado en
http://verne.elpais.com/verne/2015/09/23/articulo/1443003299_631218.html el 20 de noviembre de 2016. </p>
</fn>
<fn id="fn12" fn-type="other">
<label>10</label>
<p>Según los datos de FLAI-CGIL, sindicato agrícola más representativo en la región, se registraron 8680
trabajadores agrícolas extranjeros en la provincia de Salerno en 2014 sobre un total de 27688 trabajadores lo que
representa en torno a un 30% de la mano de obra empleada en la agricultura de la zona. </p>
</fn>
<fn id="fn13" fn-type="other">
<label>11</label>
<p>Véase Medici per i diritti umani (MEDU) (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref40">2015</xref>), Amnesty International (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref2">2012</xref>), OIM (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref45">2010</xref>). </p>
</fn>
<fn id="fn14" fn-type="other">
<label>12</label>
<p>Los informes mencionados en la anterior nota usan recurrentemente el término “esclavo” para referirse a estos
trabajadores. Otros documentos, como el reportaje “Io, schiavo in Puglia” (Yo, esclavo en Puglia) publicado por
Fabrizio Gatti el 1 de septiembre de 2006 en un medio de amplia difusión nacional como es “l’Espresso”
contribuyeron a extender esta idea de los trabajadores agrícolas migrantes como nuevos esclavos entre el público
generalista. El reportaje está disponible en el siguiente enlace:
http://espresso.repubblica.it/dossier/2006/09/01/news/io-schiavo-in-puglia-1.1306 [consultado el 22 de
noviembre de 2016]. </p>
</fn>
<fn id="fn15" fn-type="other">
<label>13</label>
<p>La provincia de Salerno es la provincia italiana con mayor número de migrantes marroquíes de todo el país
según la OIM (Mghari y Fassi Fihri,<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_12455418006_ref41"> 2010</xref>) que calcula que 1 de cada 8 migrantes marroquíes presentes en Italia
residen en esta provincia. </p>
</fn>
<fn id="fn16" fn-type="other">
<label>14</label>
<p>El caporalato es desde 2011 una actividad ilícita que conlleva multas económicas y penas de cárcel en base al
artículo 12 del Decreto-Legge 13 agosto 2011 n.138. En 2016, la Legge 29 ottobre 2016, n. 199 se aprobó para reforzar
esta lucha imponiendo penas aún más duras y extendiendo la responsabilidad a los empresarios que utilizan este
servicio. </p>
</fn>
<fn id="fn17" fn-type="other">
<label>15</label>
<p>La entrevista a H. se realizó en agosto de 2015. </p>
</fn>
<fn id="fn18" fn-type="other">
<label>16</label>
<p>Dos entrevistados migraron previamente a España, si bien respondieron lo mismo que los compatriotas que
vinieron directamente a Italia, sus respuestas se refieren a su primera migración a Europa. </p>
</fn>
<fn id="fn19" fn-type="other">
<label>17</label>
<p>De ahora en adelante me referiré a los entrevistados solamente por la letra inicial de su pseudónimo para
garantizar su anonimato. </p>
</fn>
<fn id="fn20" fn-type="other">
<label>18</label>
<p>El entrevistado nombró así sus titulaciones. </p>
</fn>
<fn id="fn21" fn-type="other">
<label>19</label>
<p>Este permiso se obtiene tras haber logrado renovar durante cinco años consecutivos el permiso de residencia
temporal (cuya renovación depende exclusivamente de disponer de un contrato de trabajo que justifique la
continuación de la presencia del inmigrante en Italia). Una vez obtenido puede renovarse sin necesidad de tener
contrato de trabajo. </p>
</fn>
<fn id="fn22" fn-type="other">
<label>20</label>
<p>K. aspira a volver a España, pero dijo que, si no podía, le gustaría combinar partes del año en Marruecos y
otras en España. </p>
</fn>
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<title>Apéndices</title>
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