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<journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Revista Pilquen - Sección Ciencias Sociales</journal-title>
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<publisher-name>Universidad Nacional del Comahue</publisher-name>
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<country>Argentina</country>
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<subject>Artículos</subject>
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<bold>Heterogeneidad  y desigualdades de género en el sector Salud: entre las estadísticas y las  percepciones sobre las condiciones de trabajo</bold>
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<bold>Heterogeneity and gender inequalities in Health Sector: between  statistics and perceptions about working conditions</bold>
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<institution content-type="original">CONICET; Grupo de Estudios del Trabajo;  Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Universidad Nacional de Mar del  Plata.</institution>
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<title>Resumen</title>
<p> La Salud  es una actividad que se caracteriza por su heterogeneidad, por tener una gran  carga de cuidado en sus tareas y estar compuesta mayormente por mujeres, a la  vez que es atravesada por múltiples déficits en las condiciones laborales y profundas  desigualdades de género. Este artículo indaga sobre las condiciones laborales  en el sector de la salud desde una perspectiva de género, a partir de datos  estadísticos disponibles y de entrevistas en profundidad a trabajadores/as y  dirigentes sindicales de la Salud. El análisis triangula datos cuantitativos y  cualitativos acerca de las desigualdades en la inserción laboral entre varones  y mujeres y las percepciones y discursos predominantes en el ámbito sindical al  respecto, con el objetivo de identificar avances y limitaciones en la  incorporación de un enfoque de género en el sector.</p>
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<title>Abstract</title>
<p> Health is an activity that is characterized by its  heterogeneity, with a great burden of care in the tasks and is composed mostly  by women, while it is crossed by multiple deficits in working conditions and  deep gender inequalities. This article investigates working conditions in the  health sector from a gender perspective, from available statistics and in-depth  interviews to workers and union leaders. The analysis combines quantitative and  qualitative data about inequalities in the labor market between men and women  and the perceptions and discourses about the labor field, in order to identify  progress and constraints in mainstreaming a gender perspective in the sector.</p>
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<title>Palabras clave</title>
<kwd>Sector salud</kwd>
<kwd> Condiciones de trabajo</kwd>
<kwd> Género</kwd>
<kwd>  Desigualdades</kwd>
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<title>Keywords</title>
<kwd>Health sector</kwd>
<kwd> Work conditions</kwd>
<kwd> Gender</kwd>
<kwd>  Inequalities</kwd>
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<title>
<bold>INTRODUCCIÓN</bold>
</title>
<p>El  género es una construcción social y cultural que, históricamente, fue  delimitando espacios y roles diferenciados para varones y mujeres, legitimando  el sistema de dominación masculina. A través del género se conceptúan las  características sociales y psíquicas que construyen los patrones de identidad,  los modelos, los estereotipos, las conductas socialmente reconocidas de lo que  “debe ser” una persona respondiendo a su sexo biológico. Por lo tanto, varones  y mujeres en las sociedades tienen delimitado (e impuesto) tiempos, espacios,  responsabilidades y trabajos diferentes.</p>
<p>Analizar  una problemática social desde la perspectiva de género implica indagar en cómo  afecta de modo diferencial a varones y mujeres, en tanto posibilita deconstruir  la legitimación y consolidación histórica de las desigualdades sociales  fundadas en “lo biológico”; que en las sociedades occidentales se caracteriza  por asignar menor valor y jerarquía a lo femenino. Asimismo, permite pensar  políticas y herramientas para enfrentar la desigualdad, teniendo en cuenta las  necesidades particulares y pensando en soluciones que aporten a la justicia y  la equidad.</p>
<p>Observar  el mundo del trabajo desde una mirada de género permite identificar inequidades  y situaciones de desventaja para las mujeres. En este sentido, existe consenso  en la academia acerca de que el aumento gradual y sostenido de la actividad  laboral femenina representó un avance en el camino hacia la igualación de  derechos y oportunidades entre varones y mujeres; a la vez que persisten  profundas desventajas para la inserción de las mujeres que se traducen en  indicadores labores de desigualdad. Las mujeres continúan concentrándose  mayormente en ciertas ramas de actividad vinculadas con los servicios, están  más expuestas a la vulnerabilidad laboral, ya que su presencia es relativamente  mayor en el trabajo a tiempo parcial, en el empleo asalariado no registrado, en  las tareas menos calificadas, en los trabajos temporarios y en ocupaciones con  menos valoración social y, por lo tanto, menor retribución económica (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref2">Actis Di  Pasquale y Lanari, 2010</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref13">Novick et al, 2008</xref>; OIT, 2009; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref14">Pautassi, 2001</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref20">Wainerman, 2007</xref>).</p>
<p>En  este contexto se inserta el sector de la Salud como una actividad con una alta  carga de cuidado en sus tareas y un gran porcentaje de mujeres en el empleo, a  la vez que es atravesada por profundas desigualdades de género.</p>
<p>En  este artículo se propone analizar las condiciones laborales en el sector de la  salud desde una perspectiva de género, a partir de datos estadísticos  disponibles y de entrevistas en profundidad a trabajadores/as y dirigentes  sindicales de la Salud de gremios ampliamente representativos de distintos  subsectores de trabajadores/as: la Federación de Trabajadores de la Sanidad  Argentina, la Asociación de Profesionales de la Salud de la Provincia de Buenos  Aires y el Sindicato de Salud Pública (SSP).</p>
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<title>
<bold>LA HETEROGENEIDAD DE LA SALUD: UN  SISTEMA DESCENTRALIZADO Y FRAGMENTADO</bold>
</title>
<p>El  sistema de salud argentino es el conjunto de recursos organizados para dar  atención a la población, en forma preventiva y asistencial, a través de la  salud pública, la medicina privada, las obras sociales y las cooperativas y  mutuales de salud. Esta conformación configura un sector altamente segmentado,  con una lógica compleja, que implica la coexistencia desarticulada de cada uno  de estos subsistemas, que difieren  respecto a su población objetivo, los servicios que brindan y el origen de sus  recursos y, generalmente, no cuentan  con principios y criterios integradores entre sí (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref3">Acuña y Chudnosky,  2002</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref9">Lanari, 2010</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref18">Tobar, Olaviaga y Solano, 2012</xref>).</p>
<p>Se trata de un sistema en el que las provincias y  los municipios tienen la mayor responsabilidad sobre la salud pública, pero los  recursos con que cuentan para afrontarla son escasos (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref16">PNUD, 2011: 51</xref>) y las  brechas regionales son significativas, en cuanto a los resultados de salud  alcanzados y a la calidad de la atención (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref18">Tobar, Olaviaga y Solano, 2011</xref>).</p>
<p>Esta  estructura fuertemente descentralizada y fragmentada es en gran parte  consecuencia de las reformas aplicadas en Argentina en la década de 1990, que  impactaron tanto en la composición como en el funcionamiento, la atención y los  recursos humanos del sector. Esas medidas incluyeron el desplazamiento de la dependencia de los hospitales públicos  nacionales hacia el nivel provincial y municipal; la desregulación de  las obras sociales; el desarrollo de hospitales de autogestión y la  tercerización de muchos de sus servicios; y la liberalización de las  modalidades contractuales que vinculan la demanda y la oferta de servicios  (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref1">Abramzón, 2005</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref3">Acuña y  Chudnosky, 2002</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref5">Belmartino, 2005</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref12">Novick y Galín, 2003</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref14">Pautassi, 2006</xref>). Los  impactos negativos sobre la salud, tanto en la calidad y las condiciones de  atención como en el empleo, se agudizaron durante la crisis económica, política  y social de 2001.</p>
<p>Como  consecuencia del deterioro profundo del sistema de salud, a partir del año 2003  el Gobierno Nacional declaró la Emergencia Sanitaria e implementó una serie de  políticas tendientes a paliar la crisis de la salud a nivel nacional. Sin  embargo, a pesar del diagnóstico y de la intención de enfrentar las consecuencias  de la reforma con otra reforma, la situación del sistema de salud continúa  siendo crítica (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref9">Lanari, 2010</xref>). Las consecuencias más visibles son la inequidad  en el acceso, la financiación y los resultados de salud y el pobre desempeño  del sistema en términos de la relación entre los recursos asignados y la  calidad de la salud conseguida (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref16">CIPPEC, 2012</xref>). En la práctica aún dista de  basarse en un paradigma de equidad y justicia en la prestación de servicios,  falencias que se trasladan a las condiciones de trabajo del sector.</p>
<p>En  relación con las características del trabajo en el sector, la Salud se  diferencia del resto de actividades por el tipo de servicio que brinda. A  grandes rasgos, es un sector que se caracteriza principalmente por ser una  actividad de mano de obra intensiva, especialmente en el empleo de  profesionales, por prestar un servicio de alta repercusión social y por poseer  recursos humanos altamente calificados, con un peso importante de  profesionales, técnicos/as y enfermeros/as (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref12">Novick y Galín, 2003</xref>).</p>
<p>La  distribución de ocupados por nivel de calificación y por categoría ocupacional  muestra que tanto en la salud pública como privada, los profesionales  representan alrededor del 30% de los trabajadores. No obstante, en la salud  privada la mayor parte de los profesionales son cuentapropistas (72,5%) que  prestan servicios particulares, mientras que en la salud pública integran la  categoría de asalariados.</p>
<p>En  este sentido, es importante destacar el alto peso de los empleados en relación  de dependencia, que responde a la importancia de los asalariados del ámbito  público: mientras que en la salud alcanzan en 84,1%, en el total de actividades  este porcentaje es de 76,2%. En contraste, entre los ocupados de la salud  privada es significativa la proporción de trabajo independiente, que alcanza el  28,2% principalmente por los profesionales (Fuente: DGEyEL – SSPTyEL, en base a  datos de 2012 de EPH-INDEC).</p>
<p>El  sistema de salud en su conjunto emplea alrededor de 831 mil personas en todo el  país, número que representa el 5,2% del total de ocupados. Según datos de la  EPH – INDEC del segundo semestre de 2013). La distribución del empleo por subsectores  muestra que la salud privada concentra al 60% de los trabajadores/as de la  actividad y que, en los últimos 10 años, tuvo la mayor expansión del empleo,  con un crecimiento de 43%, mientras que la salud pública incrementó un 31% sus  ocupados.</p>
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<title>
<bold>LAS CONDICIONES LABORALES COMO CORRELATO  DE LA COMPLEJIDAD DEL SECTOR</bold>
</title>
<p>Diversos  autores (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref3">Acuña y Chudnoski, 2002</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref5">Belmartino, 2005</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref8">Lanari, 2006</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref12">Novick y  Galín, 2003</xref>) señalan que durante la década de 1990, a partir de las mencionadas  reformas del sistema, se inició un proceso de deterioro de las condiciones de  trabajo, que se profundizó con el progresivo aumento de la demanda de servicios  de salud; que en el caso de la salud pública no fue acompañado por un  incremento del empleo y de la inversión que lo compense.</p>
<p>Las  transformaciones en la composición del empleo se manifestaron, por un lado, en  el aumento de la dependencia de las y los trabajadores y el incremento de la  proporción de asalariados; y por otro lado, en el crecimiento de la proporción  de trabajadores no calificados. Además, los principales efectos negativos sobre  la calidad del empleo fueron el sobre-empleo, la extensión de las jornadas de  trabajo, la precarización de las formas de contratación, las remuneraciones  variables y la flexibilidad laboral.</p>
<p>La  precarización de las formas de contratación es una de las deficiencias más  apremiantes que afectan a todo el sector. Dentro de la gran heterogeneidad en las modalidades de  contratación, las tres formas principales son: la planta permanente del Estado,  que otorga garantía de estabilidad en los cargos, a los que se accede por  concurso; los regímenes de contratación periódicos, con protección social y  garantías, tanto amparados en normas de  empleo público como en la Ley de Contrato de Trabajo; y los regímenes de  contratación sin relación de dependencia, efectivizados por medio de locaciones  de servicio o bien como locaciones de obra (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref10">Maceira y Cejas, 2010</xref>). Además, en  el sector público existen formas  contractuales transitorias e informales, cuya incidencia es más elevada entre  las y los profesionales (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref4">Aspiazu, 2010</xref>).</p>
<p>Conjuntamente,  se observa un elevado peso del empleo no registrado. La incidencia de la  asalarización en negro o encubierta creció a una proporción muy alta en la  década del noventa, alcanzando el 45% para el conjunto de los profesionales.  Este porcentaje se elevaba un poco para el caso de médicos y disminuía para otros  profesionales (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref12">Novick y Galín, 2003: 58</xref>). En el periodo 2003-2012, el empleo no  registrado de los profesionales cayó al 21%. Ahora bien, si se desagrega por  subsectores, claramente se observa que el no registro es un problema que afecta  principalmente a los profesionales de la salud privada, llegando al 36,4%,  mientras que en el sector público alcanza solo al 10%.</p>
<p>La  contracción del empleo no registrado en la última década en el sector se  vincula al cambio de políticas en materia de contratación, a través de la cual  se aplicó una estrategia sistemática desde el Estado hacia el sector público y  privado, tendiente a reducir el alto nivel de trabajo sin registrar. Sin embargo, como explican <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref11">Novick et al. (2012)</xref>, la mejora en materia de  contratación se hizo en la mayoría de los casos sin cambiar la estructura de  personal existente, generando otro tipo de problemas.</p>
<p>En muchos casos el pluriempleo responde al doble  vínculo laboral que establecen los trabajadores, quienes además de trabajar en  establecimientos públicos realizan actividades en el sector privado en forma  independiente, o en docencia e investigación.</p>
<p>El  incremento del multiempleo en el sector puede explicarse a partir de distintos  factores, como la ampliación de la proporción de puestos de tiempo parcial y la  caída de remuneraciones, que induciría a la búsqueda de fuentes adicionales de  ingreso (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref7">Galín, 2002</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref11">Novick et al.,  2012</xref>). Al respecto, <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref14">Pautassi (2006)</xref> llama la atención sobre la  contradicción que implica que en ámbitos de la salud se observe un fenómeno  como la sobreocupación que claramente puede afectarla, tanto en el trabajador y  la trabajadora, como en la calidad del servicio que brinda.</p>
<p>La  heterogeneidad en la que se enmarca el sector salud, la diversidad de niveles  de calificación de sus trabajadores y de especialidades en el caso de los  profesionales, así como la multiplicidad de regímenes de contratación,  dificultan la gestión de los recursos humanos y fundamentalmente de las  políticas públicas. La situación se complejiza más cuando se analiza la  dimensión de género en el empleo sectorial, dado que al mismo tiempo que se  trata de una actividad altamente feminizada, las desigualdades de género son  diversas y profundas, tanto respecto de otros sectores como al interior del  mismo.</p>
<p>En efecto, una situación muy generalizada en la  salud en Argentina es el pluriempleo, que alcanza al 26,4% de los ocupados del  sector, mientras que en el resto de las actividades esa proporción es del 9,6%.  Entre los profesionales es considerablemente superior, siendo el 43% quienes  tienen más de un empleo. En relación con la extensión de la jornada laboral,  quienes sólo  tienen una ocupación trabajan en promedio 39,1 horas semanales en el sector,  mientras que los pluriempleados se encuentran ocupados durante 52,2 horas a la  semana - según datos de DGEyEL – SSPTyEL- MTEySS, en base a datos de 2012 de  EPH-INDEC-.</p>
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<title>
<bold>UN  SECTOR FEMINIZADO Y CON PROFUNDAS INEQUIDADES DE GÉNERO</bold>
</title>
<p>El  empleo en la Salud es mayoritariamente femenino, se trata de un sector de  servicios que históricamente tuvo una fuerte presencia de mujeres,  principalmente en las tareas semi-calificadas con mayor carga de cuidado, como  la enfermería. Y en las últimas décadas también con gran proporción entre los  profesionales de la salud.</p>
<p>La  existencia de situaciones de discriminación y segregación por sexo en el sector  fue señalada por varios estudios (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref12">Novick y Galín, 2003</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref14">Pautassi, 2006</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref19">Wainerman y Geldstein, 1990</xref>) que identifican inequidades a partir de diversas  situaciones. El Sistema de Salud “opera como un marco normativo estructurador  de prácticas y discursos que han construido en el nivel simbólico, subjetivo e  institucional las desigualdades entre mujeres y varones en el ámbito de  actuación médica. En este sentido, el Sistema de Salud funciona como  reproductor de dichas desigualdades, en la medida que sostiene y refuerza la construcción  diferencial de roles de género en la incorporación de las mujeres en tanto  trabajadoras” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref6">Duré, Cosacov y Dursi, 2009: pp4-5</xref>).</p>
<p>Una  dimensión de la desigualdad de género, que ha sido ampliamente evidenciada, es  la fuerte segmentación en términos de calificación, nivel educativo y categoría  ocupacional, ya que históricamente el personal masculino ha tenido niveles  educativos más altos y mayor presencia en las ocupaciones con nivel  profesional. Las mujeres históricamente han ocupado puestos de menor  calificación y se especializaron sobre todo en tareas de calificación técnica e  históricamente vinculadas a saberes “femeninos”, como la enfermería.</p>
<p>En  las últimas décadas se observa una tendencia firme hacia la feminización de las  categorías profesionales. Cuando interviene la variable edad en este análisis  se observa que entre los más jóvenes estas diferencias por sexo se reducen  notablemente, dando cuenta de una tendencia de avance en términos de igualdad  en la distribución de varones y mujeres del sector según nivel de calificación,  nivel educativo y tipo de tareas.</p>
<p>La  evolución de las matrículas de las carreras profesionales de medicina y afines  afirma esa propensión. Datos del censo 2001, muestran que es en medicina donde  se verifica el cambio más importante: las mujeres pasaron de representar el 25%  de los egresados de la carrera entre el grupo de 50 años y más, a ser el 56%  entre los más jóvenes. La única profesión que presenta la tendencia inversa es  enfermería, que incrementó la cantidad de varones entre los licenciados en  enfermería del 8% entre los mayores de 50 años a 22% entre los menores de 40  años (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref14">Pautassi, 2006</xref>).</p>
<p>En  la última década, la proporción de estudiantes de la carrera de medicina pasó  del 60% de mujeres en 2002 a más de 70% en 2011, dato que evidencia el proceso  de feminización que han experimentado muchas de las profesiones tradicionales,  que comienza en la universidad y se extiende a los ámbitos de ejercicio  profesional. Entre médicos en ejercicio la evolución es muy marcada: entre los  mayores hay una prevalencia marcada de los varones, entre los grupos de mediana  edad se empareja la relación y entre los médicos más jóvenes, la preponderancia  de las mujeres es clara y va en aumento (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref21">Williams, Duré y Dursi, 2013</xref>).</p>
<p>Sin  embargo, este fuerte proceso de feminización de las profesiones en medicina no  implica que se haya alcanzado la igualdad de género, ya que persisten  situaciones de desigualdad muy marcadas. Además, las mujeres en medicina aún se  concentran en especialidades asociadas a lo típicamente femenino, como  pediatría, nutrición, neonatología, tocoginecología, dermatología, entre otras,  y son pocas en especialidades hegemonizadas por médicos varones, como  traumatología, cardiología y cirugía <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref21">(Williams, Duré y Dursi, 2013</xref>).</p>
<p>Frente  a estas tendencias, <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref15">Pautassi (2001, 2006)</xref> hace hincapié en la necesidad de  diferenciar feminización y equidad de género, ya que la primera no  necesariamente implica a la segunda. La autora llama la atención sobre el hecho  de que el avance en la paridad de género que puede detectarse entre las  generaciones más jóvenes es relativo, ya que se da en un mercado fragmentado y  con profundas diferencias, con lo que hay que preguntarse si la paridad en el  tipo de tareas se refleja también en las condiciones de trabajo y si sucede de  igual forma en todo el país. En este sentido, el incremento de la cantidad de  mujeres profesionales de la salud que se dio en las últimas décadas, en un  momento de fuerte precarización de las condiciones laborales, podría significar  un fuerte aumento en la inequidad del empleo. Por eso en el análisis deben  intervenir otras variables, además de la incorporación de las mujeres, que den  cuenta de la calidad de esas ocupaciones, en términos de condiciones  contractuales, laborales y salariales.</p>
<p>El  acceso diferencial por sexo a posiciones que implican algún grado de  responsabilidad, decisión o poder es otra de las situaciones de desigualdad más  evidentes, que profundiza la segregación vertical existente en el mercado  laboral en general. En la Salud, la cantidad de mujeres que trabajan en el  sector no se ven reflejadas porcentualmente en los cargos de mayor jerarquía o  en las jefaturas de área.</p>
<p>En  la Provincia de Buenos Aires, por ejemplo, según datos de la Asociación de  Profesionales de la Salud de la Provincia de Buenos Aires, en 2011 el 80% de  los directores ejecutivos y el 72% de los directores asociados de hospitales  públicos son varones. En coincidencia, información sobre la distribución de  cargos de conducción en la salud pública de la Ciudad de Buenos Aires muestra  que la gran mayoría de los cargos de conducción de la rama asistencial están  ocupados por profesionales médicos varones: el 81% de los cargos de dirección  de hospitales, el 70% de las subdirecciones y el 68% de las jefaturas de unidades  son varones (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref6">Duré, Cosacov y Dursi, 2009</xref>).</p>
<p>Otra  cuestión importante es la diferencia de ingresos entre varones y mujeres dentro  del sector Salud. En el subsector privado, donde contamos con datos precisos de  ingresos, en 2014 el salario promedio en pesos de los asalariados registrados  es de 9.349,6 para las mujeres y 12.079,9 para los varones, lo que representa  una brecha salarial de 22,6 puntos, considerablemente alta en comparación con  otros sectores.</p>
<p>La  brecha en Salud se encuentra muy por encima de otros sectores que también  tienen una alta proporción de mujeres, como la enseñanza (-1,2), y es cercano a  la brecha promedio de todas las actividades (25,1). Puede explicarse por el  hecho de que las mujeres ocupan en mayor porcentaje ocupaciones menos calificadas  y trabajan en promedio menos horas semanales que los varones.</p>
<p>Finalmente,  se ha evidenciado un sesgo de género en la inadecuación entre el reconocimiento  social y el diseño del modelo de atención debido a que el prestigio y el  reconocimiento profesional están ligados a los niveles más complejos y de mayor  responsabilidad del sistema de atención de la salud (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730004_ref14">Pautassi, 2006</xref>). Y esos  niveles suelen estar ocupados mayoritariamente por varones, mientras que el  primer nivel de atención, mas feminizado, a pesar de ser la base del sistema no  es valorizado como tal, sino que es considerado como un destino “desfavorable”  para las trabajadoras.</p>
<p>Las  mujeres representan el 71% de los trabajadores registrados del sector, valor  que se encuentra muy por encima del resto de la economía, donde apenas  representan el 40%. Asimismo la actividad explica alrededor del 8% del empleo  femenino de todo el país, mientras que para los trabajadores varones solo  significa el 3% - según datos de 2013 de la DGEyEL, SSPTyEL, MTEySS, en base al  Sistema Integrado Previsional Argentino-. La distribución de varones y mujeres  dentro del sector no cambia al desagregarlo entre la salud pública y la privada,  en contraste con el resto de las ramas económicas donde las mujeres representan  una proporción mayor en la actividad estatal (50%) que en la privada (37%).</p>
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<bold>LAS PERCEPCIONES SOBRE  CONDICIONES DE TRABAJO Y DESIGUALDADES DE GÉNERO EN SALUD</bold>
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<p>Instituciones,  normas, cultura, discursos y poder son dimensiones fundamentales en la  constitución de las elaciones de género. Las diferencias sociales entre mujeres  y varones nada tienen que ver con la constitución biológica, sino que se trata  de construcciones simbólicas pertenecientes al orden del lenguaje y de las  representaciones, vinculadas al contexto normativo, cultural e institucional en  el que se insertan (De Barbieri, 1996; Lamas, 1999, 2000; Okin, 1989; Pastor,  1994; Scott, 1990).</p>
<p>La  cultura, los símbolos y los significados en torno al género son tan importantes  como la dimensión de la subjetividad, de la identidad y de la construcción de  sentido para comprender el modo cómo los actores sociales aprehenden las  diferencias de género y la diferencia sexual en los distintos ámbitos de  interacción social.</p>
<p>El  ámbito sindical, donde se realizaron las entrevistas, representa un contexto  institucional y normativo particular, con reglas, costumbres y rasgos  culturales propios, en el que existen sistemas de representaciones que definen  roles e identidades diferentes para mujeres y varones. En ese contexto se  indagó acerca del modo cómo se piensan las diferencias y desigualdades de  género en el espacio del trabajo de la Salud.</p>
<p>En  las entrevistas realizadas a dirigentes sindicales de la Federación de  Trabajadores de la Sanidad Argentina (FATSA), de la Asociación de Profesionales  de la Salud de la Provincia de Buenos Aires (CICOP) y del Sindicato de Salud  Pública (SSP) se preguntó sobre las condiciones laborales y las problemáticas  que enfrentan las y los trabajadores del sector, desde diferentes puntos de  abordaje. En principio, y ante la pregunta sobre cuáles son las principales  problemáticas laborales actuales, emergieron una serie de cuestiones vinculadas  a los déficits salariales y de condiciones y medio ambiente laboral. En casi la  totalidad de los relatos de representantes gremiales estuvo ausente la mención  a desigualdades de género en la primera aproximación.</p>
<p>No  obstante, con el devenir de las conversaciones, fueron surgiendo diversos indicadores  de la existencia de situaciones profundas de desigualdad, desfavorables para  las mujeres trabajadoras, en coincidencia con aquellas analizadas por la  literatura especializada en el tema. Entre las y los entrevistados se  detectaron divergencias profundas en la percepción sobre la temática, en el  nivel de conocimiento del significado y la implicancia de la problemática de  género y en los planteos sobre las acciones y políticas necesarias para generar  un cambio.</p>
<p>Algunos  dirigentes sostuvieron que no existen diferencias de género en el sector, dado  que al tratarse de una actividad mayoritariamente femenina, ese mismo rasgo  distintivo marcaría un acceso igualitario para varones y mujeres:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>Bueno,  claramente este es un sector bastante feminizado. Capaz que ahora te encontrás  un poco más de enfermeros pero la mujer tiene un 80% de la actividad. […] Desde que nació la actividad siempre las  mujeres fueron mayoría, con lo cual diferencias no puede haber (Secretario  general filial regional de Sanidad).</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Varias  sindicalistas en principio negaron la existencia de desigualdades, pero en el  discurso dejaron entrever que las hay y que las problemáticas vinculadas a lo  doméstico existen, aunque sean planteadas como ajenas al mundo laboral, como  esferas separadas:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>No  veo diferencia de género. Las mujeres fuimos ganando lugares… Después el sueldo  es el mismo, nosotros no tenemos diferencia de sueldo en esto. Yo creo que las  mayores dificultades, por lo menos desde mi lugar son domésticas, la cosa  familiar pero en el trabajo en sí mismo no (secretaria en  comisión directiva provincial de CICOP).</p>
</disp-quote>
</p>
<p>La  segregación ocupacional de las mujeres dentro del sector fue uno de los  fenómenos más reconocidos, dado que a pesar de ser mayoría hay ciertas  ocupaciones a las que no acceden (segregación horizontal), así como son pocas  las que llegan a puestos altos en la pirámide de jerarquías (segregación  vertical).</p>
<p>Respecto  de la primera modalidad de segregación, se alude a la concentración de las  mujeres en ciertas ocupaciones, que suelen tener una carga importante de  cuidado directo en sus tareas y que históricamente fueron vinculadas con los  “saberes naturales” y la “vocación” de las mujeres. Y, como contraparte, a su  menor participación en ciertas especialidades de la medicina que poseen el  mayor prestigio, como la cirugía o la traumatología, que son menos elegidas por  las mujeres, las que ingresan son minoría y suelen tener poco reconocimiento:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>La  diferencia es bastante, en enfermería son muchas más mujeres. Incluso ahora que  se ha profesionalizado también. Igual ahí hay mucho también del cuidado  directo, por eso siguen siendo mayoría las mujeres. Y tenés otras áreas, ya te  digo las quirúrgicas siguen siendo masculinas (presidente en  seccional de CICOP).</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Sectores  de varones y de mujeres: para ellos las ocupaciones donde se realiza más fuerza  y las que poseen un prestigio mayor; para ellas las ocupaciones más vinculadas  al cuidado directo; diferencias naturalizadas y dificultades para romperlas.  Estas son imágenes discursivas recurrentes, que en muchos casos no son  cuestionadas sino que forman parte de una realidad naturalizada.</p>
<p>El  difícil acceso de las mujeres a puestos jerárquicos, como jefaturas o  direcciones, confirma la percepción de que para las ellas hay más limitaciones.  Varias sindicalistas lo mencionan reiteradamente como un hecho que evidencia la  existencia de obstáculos mayores para las mujeres en la carrera de ascenso. No  apareció en los relatos un intento de explicación de sus causas, pero sí el  reconocimiento de su existencia:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>Si  yo me pongo a pensar en este hospital, en las jefaturas de servicio siempre hay  hombres. Por más que se ha feminizado el sector. Pediatría el 90%, el jefe de  servicio es varón. Cirugía, varón. Clínica, varón. Jefe de sala, varón. Salud  mental, psiquiatra varón. Traumatología, varones. Terapia intensiva, varón.  Neonatología, sí, dos mujeres hay en neo (secretaria en  comisión directiva provincial de CICOP).</p>
</disp-quote>
</p>
<p>La  ocupación de cargos jerárquicos implica no solo el acceso a lugares de toma de  decisión, y mayor poder, sino también un nivel salarial más elevado. En  relación con este punto, la existencia de una brecha salarial de género surge  en conversaciones con mujeres sindicalistas del sector pero sin acuerdo:  algunas plantean la existencia de diferencias salariales entre varones y  mujeres que realizan las mismas tareas, otras sostienen que dicha diferencia no  existe pero que sí hay una necesidad de discutir diferencias salariales  vinculadas a todas las tareas no remuneradas que realizan las mujeres. En este  sentido, la necesidad de autonomía económica por parte de las mujeres, aparece  como punto de partida para la igualación de derechos.</p>
<p>Otro  asunto que muchas mencionan como una realidad actual es el hecho que gran parte  de las mujeres son único sostén del hogar, con lo cual el nivel salarial no  alcanza y, si se compensa con más de un empleo, la sobrecarga laboral es  excesiva.</p>
<p>
<disp-quote>
<p>La  gente sostén de familia necesita otro trabajo. Hoy la mayoría de mujeres solas,  separadas, con chicos, somos sostén de hogar. Me incluyo. No hay posibilidad de  un aumento, entonces hay que tratar de tener un horario que permite tener otro  trabajo (Presidenta  seccional Sindicato de Salud Pública).</p>
</disp-quote>
</p>
<p>A  la cuestión del pluriempleo se agrega otra problemática recurrente en las  conversaciones con dirigentes sindicales, principalmente con las mujeres, que  se vincula a las dificultades de conciliación entre el trabajo remunerado y las  responsabilidades domésticas y de cuidado. Esta cuestión surge como un  conflicto en la vida de las mujeres por ser quienes ocupan mucho tiempo y  cargan con la mayor parte de las responsabilidades dentro del hogar, las que  deben conciliar con las horas dedicadas al trabajo y, en el caso de las  dirigentes, con el tiempo que implica la actividad sindical.</p>
<p>
<disp-quote>
<p>Para  la mujer es difícil ser médica o profesional, porque generalmente somos los que  tenemos horarios más extendidos. Tenés guardias de 24 horas. Que salís de la  guardia y tenés que ir a trabajar a otro lado. Para la mujer sí, y con chicos  ni te cuento (presidente  seccional CICOP).</p>
<p>    Las  chicas, sobre todo las más jóvenes, están desbordadas, entre que muchas tienen  dos trabajos, las enfermeras y mucamas la mayoría, y después hacerse cargo de  los chicos, del marido, si tienen, porque muchas son separadas, se hace un día  larguísimo, agotador. Eso en los varones no lo ves, ellos saben que terminan de  trabajar y se terminó la jornada” (presidenta seccional CICOP).</p>
</disp-quote>
</p>
<p>En  relación con la conciliación entre el empleo y el cuidado de niños o niñas, la  visión de las y los sindicalistas apunta más que nada a plantear mejoras en las  políticas de cuidado y los permisos parentales, pero aquí también advertimos  divergencias en los criterios sobre el reparto de las responsabilidades de  cuidado entre varones y mujeres.</p>
<p>Quienes  tienen una visión más tradicional asocian la responsabilidad del cuidado de  forma casi exclusiva a la mujer, y las soluciones se vinculan con extender las  licencias por maternidad y los permisos especiales a las mujeres para las tares  de cuidado. El varón, desde esta mirada, aparece como un “acompañante”, como  alguien que cubre aquellas necesidades que las mujeres por algún motivo no  pueden cubrir. Como lo plantea una dirigente de Sanidad:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>Por  cuestiones de licencia maternal se está pidiendo una extensión. Más que nada a  partir que nace. Una, por el bebé, que cuando más contacto tenga con la madre  es lo mejor. Y porque a una también le cuesta. Y las licencias de los hombres,  a veces también se necesitan, por ejemplo, si hubo embarazo de riesgo, si no  tenés mucha familia, el marido tiene que cuidarte. Si el bebé nace con algún  problema también (presidenta seccional SSP).</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Desde  otro enfoque, se encuentran algunas posturas que analizan el cuidado y la  conciliación colocando a la mujer y al varón con responsabilidades equiparables  frente al cuidado de sus hijos o de otras personas a cargo. Entonces, además de  la ampliación de las licencias por maternidad y los permisos a las mujeres por  lactancia y durante el embarazo, también reconocen la necesidad de ampliar los  derechos de los varones en tanto padres (biológicos o adoptivos). En estos  casos emergen propuestas para extender las licencias por paternidad, o buscar  la igualdad en los permisos familiares y otorgar beneficios de cuidado, como  las guarderías, a varones y mujeres por igual:</p>
<p>
<disp-quote>
<p>En  la Ley, se estaba manejando una modificación para ampliar la licencia por  maternidad o por paternidad, en la que estamos de acuerdo. Pero evidentemente  no hemos convencido a nuestros legisladores porque ese proyecto no avanzó. En  realidad habría que revitalizarlos pero también tenés que hacer el lobby con  los otros sindicatos y con los legisladores y las legisladoras. Una cosa que  nosotros la venimos conversando, pero también es muy difícil la implementación  y que definitivamente en todos los lugares de trabajo haya jardines para los  niños y niñas (secretaria  de comisión directiva CICOP).</p>
</disp-quote>
</p>
<p>Pero  más allá del reconocimiento de la problemática de la conciliación por parte de  algunas sindicalistas, no es algo generalizado y pocos avances se han logrado  en este sentido. Son temas resistidos en general, por un lado, por  desconocimiento y ausencia de debate, y por otro lado, por temor a reconocer la  necesidad de igualar derechos y responsabilidades en relación a las tareas  domésticas y de cuidado.</p>
<p>A  pesar de que las mujeres están cada vez más presentes en el ámbito laboral,  político y sindical y a pesar de que hay cada vez más varones que cuidan y  dedican tiempo a sus hijos, la inercia de pensar el cuidado como cuestión  exclusiva de las mujeres persiste, y se evidencia en los discursos de muchos  dirigentes sindicales. No sólo se considera un problema exclusivo de las  mujeres, sino que cuando se toca el tema desde la mirada institucional, la  importancia de esta cuestión se desdibuja.</p>
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<bold>REFLEXIONES FINALES</bold>
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<p>La  escasa consideración de la problemática de género como tema de agenda gremial y  como preocupación de la dirigencia del Sector Salud, se contrapone a lo que se  evidencia a través de los datos sobre la inserción laboral de las mujeres en la  actividad, así como a la percepción sobre las dificultades y desigualdades que  viven las mujeres. Muchas de las situaciones de desigualdad que se viven en  este sector son similares a las que se evidencian en otras actividades. No  obstante, lo particular de éste ámbito radica en que se trata de una actividad  altamente feminizada, con una importante carga de cuidado en sus tareas, un  nivel elevado de profesionalización y una gran relevancia social por el tipo de  servicio que brinda; condiciones que conviven con altos niveles de precariedad  laboral, sobrecarga de trabajo y una gran heterogeneidad de situaciones  vinculadas a la complejidad de la atención en Salud.</p>
<p>Como  hemos mostrado, los estudios y estadísticas sobre el tema muestran que, a pesar  de que las mujeres representan más del 70% del empleo, existen situaciones de  discriminación y segregación por sexo - en términos salariales, de calificación  y de jerarquías - que las afectan negativamente. Sumado a las dificultades de  conciliación entre el trabajo remunerado y el trabajo doméstico y de cuidados  no remunerado, que agudizan las desigualdades de género existentes.</p>
<p>La mejora  de esta situación, que implicaría una reducción de las brechas y una igualación  de oportunidades para varones y mujeres, requiere de políticas públicas, acción  sindical y estrategias colectivas e individuales. No obstante, la instalación  de la problemática de género como tema de agenda sindical y como eje de  políticas laborales en el sector es bastante incipiente. Los principales  obstáculos radican en la falta de reconocimiento de las desigualdades de género  y la naturalización de las desigualdades, que dificultan su tratamiento como  una problemática transversal al campo del trabajo.</p>
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<bold>BIBLIOGRAFÍA</bold>
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