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<journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Revista Pilquen - Sección Ciencias Sociales</journal-title>
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<publisher-name>Universidad Nacional del Comahue</publisher-name>
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<subject>Artículos</subject>
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<bold>Democratización  y contextos de discusión: lo litigioso de los derechos de comunicación y  sexualidades en dos “leyes candentes” de la política argentina</bold>
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<sup>1</sup>
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<bold>Democratization and  context of discussion: the litigious in communication and sexualities rights in  two “burnings laws” of the argentine policy</bold>
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<title>Resumen</title>
<p> Este artículo analiza los sentidos de la democratización a partir dos  contextos de discusión recientes de la política argentina, vinculados a los  derechos de sexualidades y de comunicación, procesadas en la arena  parlamentaria con las leyes de Servicios de Comunicación Audiovisual (2009) y  de Matrimonio Igualitario (2010). Conceptualizadas como “leyes candentes”,  desde las diferencias en los temas, actores y prácticas implicadas en la  problematización pública, se comparan los núcleos argumentales que fundan su  litigiosidad. Las demandas por derechos actualizan los sujetos y estatutos de  la igualdad y la libertad, interpelando las relaciones entre instituciones  estatales, representación y ciudadanía. En ambos casos, desde el espacio  público mediático a lo personalísimo, la democratización enlaza dimensiones  individuales y colectivas para abogar por la universalidad e inclusión de las  diversidades y pluralidades. He aquí el eje de los procesos de ciudadanización,  como de los desafíos, tensiones y conflictos abiertos.</p>
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<title>Abstract</title>
<p> This article analyze the senses of democratization in two  contexts of discussion of recent argentine policy, linked with sexualities and  communication rights, processed in the parliamentary arena trough two laws:  Audiovisual Communication Services (2009) and Equality Marriage (2010).  Conceptualized as "burning laws", considering the differences of both  laws in their issues, actors and practices involved in the public problems, it  compares plot cores that explain disputes. The claims of rights updated  statutes and subjects of equality and freedom, questioning the relationship  between State institutions, representation and citizenship. In both cases, from  the public media space to the very personal, democratization connects  individual and collectives dimensions to advocate for the universal and  inclusion of diversities and pluralities. Here is the heart of the processes of  citizenship, as well the challenges, tensions and open conflicts.</p>
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<title>Palabras clave</title>
<kwd>Democratización</kwd>
<kwd>  Sexualidades</kwd>
<kwd> Comunicación</kwd>
<kwd> Conflictos</kwd>
<kwd> Leyes candentes</kwd>
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<title>Keywords</title>
<kwd>Democratization</kwd>
<kwd>  Sexualities</kwd>
<kwd> Communication</kwd>
<kwd> Disputes</kwd>
<kwd> Burning laws</kwd>
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<title>
<bold>INTRODUCCIÓN</bold>
</title>
<p>Ambigua  e indeterminada, ante la disolución de los marcadores de certidumbre que  habilita la política democrática (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref9">Lefort [1979] 2004</xref>), la creciente secularización disuelve lo establecido y abre la pregunta  por “lo posible”, trastocando las referencias existentes (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref8">Lechner, 1990</xref>). La  democratización como proceso histórico, continuo, dinámico, incompleto  -imperfecto y perfectible-, con dimensiones relacionadas (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref17">Portantiero, 1988</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref13">O`Donnell 2010</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref23">Tilly 2010</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref25">Whitehead 2011a</xref>), supone el reconocimiento del  conflicto inmanente, junto al desafío de equilibrarlo a partir de consensos  -siempre inestables y sin límites rígidos- sobre un orden que se va  configurando constantemente. Esto no  puede menos que impactar en el corrimiento de las demarcaciones de lo público,  transitando una especie de “barajar y dar de nuevo” donde lo estatal y no  estatal se juega más en términos de lo gubernamental, político, cívico,  privado, personal e íntimo.</p>
<p>En  este contexto, los esfuerzos intelectuales y del activismo civil, exceden al  régimen político para ampliarse hacia aspectos de la vida social que interpelan  las relaciones de las instituciones estatales con la ciudadanía. Considerando  la matriz teórica originada en los estudios seminales sobre la transición  democrática en los años 1980, la democratización como un proceso expansivo se  resignifica, sofisticando los modos de comprender la ampliación de derechos a  sujetos privados de aquellos, la difusión de sus procedimientos a áreas e  instituciones regidas por otros principios, y la extensión de la participación  a ámbitos e instituciones públicas y privadas antes vedados para esas prácticas  (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref13">O’Donnell y Schmitter, 2010 [1986]</xref>). Alejados de las lecturas politológicas que  supusieron un estadio final, natural y consistente internamente, poseedora de  una dirección unívoca y con etapas estancas asociadas a un cambio de régimen  político a nivel nacional, se procuran marcos analíticos más flexibles,  capturando el dinamismo, la ambigüedad y variabilidad de los procesos  democratizadores (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref18">Przeworski, 2010</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref26">Whitehead, 2011b</xref>).</p>
<p>En  todos los casos y con sus matices, la democracia se ha complejizado teórica y  socialmente, con usos y aplicaciones que revelan novedosas dimensiones,  espacios, sujetos y lugares como desafíos. Este artículo analiza la  contemporaneidad del concepto de democratización en  función de las tematizaciones y luchas en torno a los derechos de sexualidad y  los derechos de comunicación.Desde  las diferencias en los temas, actores y prácticas implicadas, se comparan los núcleos argumentales que aparecen en dos contextos de  discusión recientes de la política argentina a  raíz de los debates sobre la Ley de Servicios de  Comunicación Audiovisual (LSCA) -Nº 26.522- (2009)<xref ref-type="fn" rid="fn1">2</xref> y la Ley de Matrimonio Igualitario -Nº 26.618- (2010)<xref ref-type="fn" rid="fn2">3</xref>. ¿Por qué su litigiosidad? ¿En qué radica  la aridez de estos temas y los debates abiertos? ¿Qué nos dejan estas disputas?,  son algunas preguntas que orientan los argumentos analíticos aquí volcados.</p>
<p>El abordaje se concentra en observarlos para  contrastar desde el análisis teórico político los  conceptos, sus implicancias prácticas y las relaciones con la política  democrática. Apoyados en el estudio empírico de estos procesos y debates  respectivos (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref1">Berdondini, 2015</xref>), en esta oportunidad el enfoque combina  elementos de la teoría política con cada una de las tematizaciones de las  comunidades epistémicas, priorizando en la exposición la discusión teórica  conceptual. La idea de democratización aparece en términos de demandas por  derechos interpelando los modos de relación entre instituciones estatales y  ciudadanía.Al enfatizar los usos del  par público y privado, enlazadas como categorías  políticas en una red conceptual que implica la de Estado, sociedad civil,  democracia, su modificación ocurre históricamente  mediante conflictos  por la definición de sus límites, que forman parte de maneras específicas de  concebir la vida social y política (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref20">Rabotnikof, 2005</xref>).</p>
<p>Desde  esta mirada, el proceso democrático no sólo es la base de estas  construcciones sino que también es el puntapié para cuestionarla, al denunciar  las invisibilizaciones, clausuras y exclusiones del acceso a derechos. Resultando procesos eminentemente conflictivos, estos cuestionan lo  instituido y normado, apelan al acceso a derechos y a la participación como  condición de ciudadanía (o en su defecto, como detractores de la misma). Los  derechos como campos de luchas socio-políticas escenifican la inclusión y exclusión  del cuerpo político, quiénes son  ciudadanos y en qué condiciones, es  decir, la construcción de los sujetos y el contenido de los derechos. Visibles y no visibles, inclusión y  exclusión, apertura y clausura, conflictos y consensos, son dicotomías que enlazan  estos procesos al desafiar lo estatuido e institucionalizado.</p>
<p>Atentos  a las aristas litigiosas que se pusieron en juego en la llegada a la agenda  política, se muestra el trasfondo de problematizaciones públicas que  posibilitaron plantear e interpelar qué es lo común en estos  procesos. Se advierte así, utilizando libremente a <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref21">Ranciére (2012)</xref>, el momento  de irrupción de “la parte de los que no tienen parte”. En ambos el carácter litigioso se manifiesta en el  condicional que imprime al derecho, desencadenando los procesos de las “leyes  candentes” respectivamente: “Dime tu  orientación sexual y te diré si te puedes casar” expresado en “¿Por qué no me puedo casar?” o “Dime quién  lo tiene y te diré cómo y qué comunicas” y “¿por qué no puedo hacer oír mi voz?”.</p>
<p>Las “leyes candentes” comprenden procesos  de sensibilización y movilización social que se dan respecto a determinados  temas, que conjuga estrategias políticas, judiciales y legislativas,  generalmente protagonizadas por movimientos sociales, organizaciones de  derechos humanos, ONGs-, pero también con actores estatales y económicos que se  aglutinan -pugnan- en torno al mismo y confluyen en la arena legislativa<xref ref-type="fn" rid="fn3">4</xref>. Estas dimensiones que las  hacen conflictivas, se suman -y explican- por las características de su  visibilidad en escalas, donde se interrelacionan agendas ciudadana, pública y  política, con debates públicos, políticos y estatales (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref1">Berdondini, 2015</xref>).</p>
<p>Los procesos en torno a las “leyes candentes”, al  cuestionar lo establecido e instituido, interpelan la representación del  “pueblo”, quiénes son ciudadanos y qué es “lo común a todos”. Exponen ante el Estado, a la  comunidad, aquello que está oculto, invisible, carente de condiciones de  ciudadanía y por ende, no representado. Las muchas minorías surgen, las voces y  los cuerpos claman aparecer en el espacio público, los límites se escenifican y  disputan su corrimiento. Con acciones en escalas múltiples, en su  arribo y procesamiento, son ordenadas por las instituciones estatales hasta  nuevo aviso, cuando nuevamente sean cuestionados otras exclusiones, cuerpos y  voces. Se trata de romper las reglas  instituidas, barajar y dar de nuevo los derechos, las reglas, los  reconocimientos, en un orden difícil de tornarse duradero pero cuyos efectos  democráticos en los debates, sujetos y derechos implicados, trastocan “lo  común” al ampliar las condiciones de ciudadanía y la representación del pueblo.</p>
<p>Con estas coordenadas se examinan los sentidos de la democratización que aparecen en los contextos de  discusión de los derechos de género y sexualidades y de comunicación e  información, que interpelan a la representación política institucional pugnando por  hacerse presentes, los “representables”<xref ref-type="fn" rid="fn4">5</xref>. En  ambos casos, se muestra que se fundan en un amplio  repertorio de derechos que trasciende las libertades civiles clásicas, de corte  liberal, para anclarse en el lenguaje de los derechos humanos. Articulando  dimensiones individuales y colectivas, se enlazan las diversidades,  pluralidades y heterogeneidades, en oposición a la concentración y  homogeneización -de información, comunicación, voces, cuerpos, sexualidades,  familias-.</p>
<p>Entre la garantía de los mínimos y la expansión de los  horizontes de la política democrática, vinculada a la noción de derechos y  ciudadanía, la ampliación, participación y acceso implicados varían para  advertir otros significados, sujetos, desafíos y amenazas de las libertades e  igualdad. Amalgamando elementos liberales y  democráticos en los procesos de ciudadanización, los derechos civiles e individuales y los sociales y colectivos surgen como  ejes de las tensiones y conflictos abiertos en los procesos estudiados. Con  ciertos núcleos problemáticos del tratamiento parlamentario, la politización y secularización se relacionan con la democratización de  la comunicación y de las sexualidades y las familias, cuya diversidad y  pluralidad se clama sean incluidas e instituidas en el orden político como  condición de ciudadanía. Concluyendo con el devenir de los actores e  instituciones en democracia, se espera contribuir a comprender las tematizaciones sobre los derechos en disputa que explican las aristas litigiosas de las “leyes candentes” al arribar a la agenda política.</p>
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<title>
<bold>1.1 ¿Qué derechos? ¿Para quiénes? Ampliación, participación y acceso</bold>
</title>
<p>La  contingencia de la ordenación política, como el aprendizaje de las reglas de  juego por parte de nuevos y viejos actores, demanda esquemas comprensivos  flexibles, con conceptos y cartografías teóricas renovadas, más atentos a la  versatilidad de las prácticas contemporáneas. Las variaciones contextuales y  las posibilidades analíticas presenciaron la preocupación por la construcción  de un régimen democrático, pasando de la liberalización a la transición, la  consolidación, para interrogarse por la calidad. Recientemente la democratización  se ha re-conceptualizado, advirtiendo un movimiento constitutivo, histórico,  abierto, multidimensional y ambivalente, posible de avanzar y revertirse en sus  distintas facetas (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref14">O`Donnell, 2010</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref23">Tilly, 2010</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref25">Whitehead, 2011a</xref>).</p>
<p>El  accionar conjunto entre activismo social y civil junto al trabajo académico e  intelectual, desencadenó debates fecundos para la democratización, advirtiendo  dimensiones y problemas soslayados en los abordajes centrados en el régimen  político. En esa dirección, para los desarrollos de los derechos de  comunicación y sexualidades aquello que el régimen político supuso, no  necesariamente es representativo y reflejo de lo acontecido en estos ámbitos,  siendo nodales las relaciones con las instituciones estatales y los actores  políticos en las tematizaciones. En ambos  casos hay comunidades epistémicas que exceden las fronteras nacionales, para  encontrar una red de instituciones de la sociedad civil, universidades,  movimientos sociales, intelectuales, activistas y periodistas críticos. Construidas  largamente en democracia, en escalas múltiples de incidencia y acción -nacional  e internacional-, han logrado interrelaciones, interdependencias e  interlegalidades, enlazando estructuras de oportunidades políticas en distintos  niveles (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref6">Jelin, 2003</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref22">Sikkink, 2003</xref>).</p>
<p>La  ampliación de derechos, la participación, el acceso de actores otrora excluidos  y el impulso democratizador hacia áreas y procesos (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref13">O`Donnell y Schmitter  [1986]</xref>), van desde lo personalísimo en un caso, al espacio mediado y  mediatizado, en otro, siendo el eje de las demandas de ciudadanía en disputa.  En sus diferencias tangenciales, complejizan la idea de democracia para ir más  allá del régimen político y expresar sus relaciones con los modos de vida  social, es decir, su expansión a otros sujetos, espacios, lugares y procesos,  privados del acceso e inclusión. ¿Qué  derechos? ¿Para quiénes y cómo? resume la litigiosidad de los debates  abiertos.</p>
<p>Los  estatutos, significados, prácticas y sujetos de la igualdad y la libertad se  actualizan para señalar nuevos desafíos democráticos entre las dimensiones  individuales, sociales y colectivas. Con renovados estallidos, los derechos  humanos y las libertades son nodos de las problematizaciones en el espacio  público, apareciendo tensiones entre la individualidad y la vida colectiva que  se ponen en debate en el orden político. Derechos individuales y sociales son  disputados a través de discursos y prácticas que, desde paradigmas diversos y  conflictivos, a veces se superponen, otras se potencian y complementan. Allí se  juegan los límites y demarcaciones, donde lo estatal y no estatal aparece en  términos de lo público, cívico, gubernamental, privado, personal e íntimo.</p>
<p>Las  transformaciones son cimentadas a nivel internacional abordando, por un lado,  los derechos individuales de libre expresión, prensa, de empresa, de propiedad,  como derechos humanos a la comunicación e información, es decir, como bien  público, social y universal. Por otro, los sexuales y de género son derechos  personalísimos afincados en la libertad y la autonomía individual que,  atravesados por cuestiones políticas, históricas y culturales, al no  reconocerse por el Estado, restringen la condición de ciudadanía en el acceso a  derechos civiles y sociales. Ambos tienen precedentes relevantes en la distinción  entre derechos individuales, como límite y restricción al poder del Estado,  mientras los derechos sociales requieren la garantía del Estado para el  cumplimiento y ejercicio de los mismos. En estos sentidos, los casos son disonantes pero confluyentes en los sentidos  democratizadores y las pujas por lo representable.</p>
<p>Los  derechos de sexualidad y género politizan lo íntimo y personal cuestionan el  comportamiento del Estado bajo el paradigma de la tolerancia para abogar por la  ciudadanía plena -con el reconocimiento social y estatal que ello implica-  (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref12">Meccia 2006</xref>; Kantor, 2011). Al hacer público algo personalísimo como la  orientación sexual en tanto condicionante de ciudadanía, la divorcian de la  privatización liberal (y la asocian a “privación”), reivindicando la autonomía  individual de decidir sobre la propia vida y el cuerpo, a la vez que denunciar  la negación del acceso a los derechos sociales y económicos ligados a la  conyugalidad y la familia.</p>
<p>Lejos  de recluirse al ámbito de las necesidades, de lo doméstico, de lo natural, la  politización posibilita que cuestiones personales e íntimas sean reconocidas  social y públicamente. En este largo camino de la diversidad sexual, la primera  fase reside en las garantías de un conjunto de derechos y reivindicaciones  civiles “mínimas” (y básicas) que hacen a la condición de ciudadanía<xref ref-type="fn" rid="fn5">6</xref>. Sin embargo, se trata del  reconocimiento por parte del Estado de la autonomía de los ciudadanos para  decidir acerca del modo de vivir su vida íntima, personal, afectiva y familiar  de modo universal, es decir, garantizando la igualdad de acceso. En definitiva,  son procesos de democratización de la vida cotidiana y de la extensión del  “derecho a tener derechos” basados en el reconocimiento y respeto de  multiplicidades de sexualidades, familias y convivencias (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref7">Jelin, 2010:25</xref>). Las  diversidades tienen en la modernidad un punto de partida en la emergencia de  sujetos individuales autónomos –que presupone la libertad, elección y  responsabilidad de cada persona en la decisión de su propio destino-. El  reconocimiento social, al enlazarse con la identidad individual y colectiva,  implica que el Estado y la sociedad reconozcan las diferencias y las permita  manifestarse como condición de ciudadanía (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref15">Pecheny, 2007</xref>)<xref ref-type="fn" rid="fn6">7</xref>.</p>
<p>Los  derechos de información y comunicación, claman por la libertad de expresión en  su dimensión individual y la ligan a la pluralidad de voces como derecho social  a garantizar por el Estado. Las luchas por los cambios en las reglas de juego  del sistema comunicacional abogan por la comunicación como derecho humano  universal, bien social y, por lo tanto, servicio público esencial para la  democracia y la ciudadanía. De este modo, se cuestiona la tenencia y  concentración de los medios de comunicación en manos privadas, denunciando la  negación de las “muchas” y diversas voces en el acceso a tal derecho,  diferenciando la pluralidad de la independencia informativa, y la libre empresa  -propiedad privada-, de la libertad de expresión y de prensa. Interpelando al  vínculo histórico entre política y medios de comunicación, se demanda un rol  estatal que se distingue de lo gubernamental. Allí la dimensión pública del  Estado como aparato que expresa el interés general, clama no confundir sus  instituciones con la del partido gobernante, esto es, en beneficio de una  facción de gobierno transitoria (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref5">Iazzetta, 2007:139-141</xref>).</p>
<p>Surgidos  como derechos negativos ante el Estado, las libertades de opinión, de expresión  y de prensa, no están garantizadas en estas condiciones. A fines del siglo XX,  el derecho a la comunicación se amplía hacia el conjunto de la ciudadanía,  garantizando a toda la población la posibilidad de expresarse sin limitaciones  a través de cualquier tipo de medio (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref2">Califano, et. al., 2012</xref>). Lejos de  limitarse a las dimensiones individuales, adquieren aspectos sociales y  colectivos: el Estado ya no es la única amenaza y se torna un actor clave para  asegurar su efectivo cumplimiento, o ser demandado a tal efecto, a través de  políticas comunicacionales. La posibilidad del acceso al derecho a informar y  comunicar como condición de ciudadanía, abre las pujas sobre las fronteras  entre lo público y privado, irrumpiendo aquello se excluye, oprime e  invisibiliza en el espacio democrático.</p>
<p>La  libertad de expresión excede la faceta individual liberal para connotarse  socialmente y anclarse en el lenguaje democrático de derechos. Actores  sociales, pequeños y medianos, excluidos del espacio infocomunicacional,  interpelan lo público cuestionando el carácter privado, centralizado y  comercial<xref ref-type="fn" rid="fn7">8</xref>. Es decir, la estructura  concentrada de los medios privados de comunicación a los que se liga la  libertad informativa es antes un obstáculo al derecho de los muchos. Basados en  los derechos de comunicación y de información, la propiedad y libertades  garantes de la esfera privada, son denunciadas por los usos y consecuencias  sobre el espacio público político. Desde esta perspectiva, las tensiones entre  los derechos individuales, la libertad e independencia informativa que las  empresas privadas claman, se contraponen a la función social de la comunicación  como derecho humano.</p>
<p>La  privatización del espectro info-comunicacional o su carácter público resume los  conflictos en torno a la comunicación, como derecho individual, ligado a la  libertad de expresión, de prensa, de propiedad privada y libre empresa, y como  derecho humano, en su dimensión de constructor de ciudadanía, como servicio  público, bien cultural y de función social. Así dado, no basta el sentido  liberal otorgado a los derechos civiles, hay dimensiones sociales de la independencia  y pluralidad informativa que se vinculan a la diversidad comunicacional y  cultural, vulneradas por la concentración privada de los medios de  comunicación.</p>
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<title>
<bold>1.2 Politización y secularización</bold>
</title>
<p>En los cuestionamientos al orden político y la  democratización implicada en cada tema, la politización  del par público y privado como la secularización (e incluso la laicización),  son centrales en la labor intelectual y del activismo. Otrora  relacionada con el poder clerical en su diferenciación con el Estado, los teóricos contemporáneos de la  secularización han complejizado las relaciones de la política democrática con  la religión (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref3">Casanovas, 2007</xref>). En este sentido, en los contextos  analizados, junto a la distinción de las esferas estatales, religiosas y  empresariales, se advierte un sentido relacionado al hecho de quitar el aura  sacra o sagrada que hace “dado” e “intocable” un lugar, un tema, un status,  tornándolos susceptibles de ponerlos en cuestión.</p>
<p>Los esfuerzos por la democratización  comunicacional propugnan políticas públicas alejadas de la  tendencia al economicismo, basados en el concepto de bien y servicio público:  pluralismo, diversidad, integración y participación de la ciudadanía(<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref27">Zallo, 2012</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref11">Mastrini et.al. 2012</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref2">Califano, et.al. 2012</xref>). La idea de derecho a la comunicación complejiza los  principios de libertad de expresión y de prensa al cuestionar la concentración  info-comunicacional y poner en escena los efectos conglomerales de la  propiedad privada y la libre empresa. Estasno sólo excluyen a otros actores y modos, sino que al mercantilizar dicha  función y trabajar exclusivamente con lógica de mercado, privan del acceso a  dar y recibir comunicaciones e informaciones plurales. La amenaza a los  derechos y libertades no sólo recaen en el Estado y el uso gubernamental que la  tradición liberal supone, la concentración privada y la homogeneización de  voces son también restricciones eficaces a la libertad de expresión, habiendo  diversos grados a contemplar.</p>
<p>Lejos de una política democrática, el vínculo  histórico discrecional entre los gobiernos, las empresas privadas y los medios  de comunicación, atenta contra la diversidad y el pluralismo. Las pujas  desacralizan “la veracidad” y neutralidad del discurso mediático, con  consecuencias sobre el periodístico, deshaciendo los presupuestos de  independencia informativa implicados en los derechos civiles clásicos. Los  movimientos sociales y el trabajo intelectual junto a los debates públicos,  revelaron a lo comunicacional como un lugar donde se dan disputas de poder, se  juegan intereses económicos y políticos, y fundamentalmente se pugna por los  sentidos de la democracia. Si los medios de comunicación afectan, inciden e  intervienen en el espacio público -que es político-, “la agenda mediática no  sólo es importante por lo que incluye, sino fundamentalmente por lo que  excluye” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref10">Marino et.al, 2011:16</xref>).</p>
<p>Al abogar por los  medios de comunicación como servicios públicos se apela tanto a la  independencia de los gobiernos, como de la lógica económica del mercado. Surge  entonces la pregunta sobre el carácter de la comunicación e información, ¿es un  bien público o es un bien privado?, ¿quiénes, dónde y cómo ejercen los derechos  y libertades? En este viraje, el clamor de un espacio público político aboga  por un Estado como garante de la heterogeneidad de voces y fuentes  informativas. En ello diferencia lo gubernamental de lo estatal, como lo  privado comercial y lo privado sin fines de lucro, también llamado espacio  social. La construcción de un espacio estatal, societal y comercial -establecida  en la nueva normativa-tampoco dista  de ser problemática dado que depende, paradojalmente, de los poderes del Estado  y los gobiernos para hacerlo efectivo.</p>
<p>La politización de lo  íntimo y personal (sexualidad, género, conyugalidad, familia, reproducción) en  términos de derechos humanos, desafía las construcciones sobre lo público y  privado, mostrando que están atravesadas por relaciones de poder, subordinación  y dominación. Los movimientos sociales y el trabajo intelectual revelan los  modos de politicidad de los vínculos sexuales y denuncian en qué medida esas  prácticas y formas de institucionalización son desiguales, autoritarias y  violentas (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref16">Pecheny, 2010:87</xref>). En todos los casos, expresa el modelo de  sexualidad y familia “normal” y “natural”, al tiempo que da luz a los “otros”  ocultos. Principalmente, porque siempre hubo otras formas de organización de  los vínculos familiares, de convivencia, de sexualidades y maneras de llevar  adelante las tareas de procreación y la reproducción (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref7">Jelin [1998], 2010:22-23</xref>).</p>
<p>Enfatizando el estatuto  político de la sexualidad y la dimensión histórica, social y cultural, los  abordajes no sólo denuncian el orden patriarcal sino que cuestionan el sistema  binario de roles para “vivir fuera del género” (Bornstein) o “deshacer el  género” (Butler). Esto posibilita interpelar lo “incuestionable”: lo natural,  lo “dado”, la reproducción, la biología y el sistema binario de géneros. La noción de género  instala una primera estrategia para quebrar el designio de la naturaleza: si el  sexo respondía al orden de lo inmutable, el género como construcción cultural  de la diferencia sexual habilita la lucha política (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref4">Gutiérrez, 2011</xref>).</p>
<p>Si bien se ha mostrado  localmente el vínculo entre sexualidad y creencias religiosas en el proceso de  matrimonio igualitario (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref24">Vaggione y Jones, 2015</xref>), persiste la demanda de diferenciación entre las esferas  religiosas y políticas en la disputa pública. Con la discusión parlamentaria  sobre los derechos conyugales para “personas del mismo sexo”, re-nombrada Ley  de “Matrimonio Igualitario”, se cuestiona políticamente y se rompe por primera  vez con la heteronomía, es decir, el principio en función del cual las  relaciones afectivas y familiares reconocidas y alentadas por el Estado se  basan en la unión reproductiva de una mujer y un varón. Franquear este eje central sobre el que se articularon las  oposiciones de los distintos credos y sectores políticos, posibilitó reforzar la democratización al aparecer en la arena  política la diversidad sexual - gays, lesbianas, bisexuales y trans- clamando  por la igualdad civil y la universalización de los derechos conyugales y de  familia. La secularización comprende entonces la  dimensión laica del Estado en su separación de lo confesional, religioso y clerical, y es también condición de autonomía de las religiones y la política  sexual.</p>
<p>La politización de la  sexualidad y la vida privada posibilita penetrar la política y el Estado como  condición de garantía de ese espacio de autonomía y libre decisión. El interés  en las aristas para la democratización refiere, siguiendo a <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref7">Jelin [1998]</xref>, a un  entorno de intimidad y convivencia planteado desde el respeto y el  reconocimiento de sus miembros como “sujetos de derechos”. Las luchas de los  movimientos feministas, de mujeres, y luego de las diversidades sexuales,  confluyen bajo la consigna “lo personal también es político”, disputando los  límites históricos establecidos al denotar el carácter no natural del ámbito  íntimo. Al cuestionar la distinción liberal dicotómica de lo público- privado, se  denuncia la trivialización en esa “privatización” como expresión de las  relaciones de poder subyacentes y la construcción legal y cultural que ellas  implican (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref20">Rabotnikof 1998:10</xref>). También, un enfoque centralizado en los derechos  individuales de la tradición liberal legitima la posibilidad de estas  reivindicaciones en la inviolabilidad de la esfera de lo personal, intimo,  familiar, junto a la garantía del Estado de estos derechos.</p>
<p>La  política democrática expone en estos contextos cuestiones consideradas “privadas”  que hace públicas, connotando la politicidad de ese par al mostrar que el  Estado y los arreglos institucionales no son inocuos. Una vez que lograron ser  planteadas públicamente, invirtiendo los términos,  relaciones y posiciones ante los actores políticos y el espacio público, se  llega a interpelar qué es lo común al exponer el condicional al que está sujeto el derecho en disputa, nodal para  comprender el carácter litigioso de los procesos de las “leyes candentes”:  “Dime tu orientación sexual y te diré si te puedes casar” expresado en “¿Por  qué no me puedo casar?” o “Dime quién lo tiene y te diré cómo y qué comunicas”  y “¿por qué no puedo hacer oír mi voz?”. Si en la Ley de Servicios de  Comunicación Audiovisual la demanda de “Otra comunicación” signa el proceso de  agenda pública, en el Matrimonio Igualitario las pugnas arriban con “Los mismos  derechos con los mismos nombres” para connotar lo que se aboga<xref ref-type="fn" rid="fn8">9</xref>.</p>
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<bold>1.3 ¿Diversidades y  pluralidades u homogeneidad y concentración?</bold>
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<p>En  la Argentina el tratamiento parlamentario de ciertas “leyes candentes o  sensibles” movilizó a la población con debates cuyos procesos observan  interacciones entre derechos humanos, ciudadanía e instituciones, como  tensiones en torno a las fronteras de lo público, estatal, gubernamental, lo  cívico, privado, íntimo y personal. Su relevancia y carácter “sensible o  candente” resulta de sus implicancias sobre el espacio público, por el fuerte  cuestionamiento de lo establecido y normado que articulan las discusiones, las  prácticas, los conflictos e intereses en puja. La arena parlamentaria refleja el procesamiento e  institucionalización de las distintas posiciones, condensando en las leyes el  modo específico de cómo se resuelve el conflicto en torno al tema. Al  explotar públicamente, durante el debate parlamentario los núcleos argumentales  transitaron diferencialmente por posiciones polarizantes, a veces exponiendo y  otras solapando los ejes de litigiosidad.</p>
<p>En  ambos casos, los sentidos de la democratización se resignifican con las diversidades  y pluralidades que claman por ser incluidas y garantizadas, contraponiéndose a  la homogeneidad y concentración de voces, informaciones y comunicaciones, como  de sexualidades, modos de ser pareja y familia. Una en lo íntimo y personal, y  la otra en lo público mediático, ponen a la luz pluralidades -muchas- y  diversidades –distintos- que desafían la unicidad, homogeneidad y concentración  en torno las sexualidades, las parejas, las familias, así como de las formas de  la comunicación, quién, cómo y qué se informa con sus respectivas consecuencias  sobre los sujetos de derechos y condiciones de ciudadanía.</p>
<p>La  democratización asociada a la heterogeneidad, diversidad y pluralidad, se  contrapone a la homogeneidad y concentración. En una para pugnar el reconocimiento  estatal de la diversidad sexual desde la posibilidad de elegir la propia vida  en lo personalísimo. En la otra para advertir las consecuencias de la propiedad  privada de los medios de comunicación en pocas manos, en contraposición a los  muchas y diferentes voces. Muestran que las regulaciones distan de ser vacuas y  por ende, en un Estado de Derecho, la relevancia de la legalidad abre las  luchas para poner en evidencia las inclusiones y exclusiones, como la apertura  o clausura que el espacio democrático supone.</p>
<p>El  núcleo problemático en torno a la Ley de Matrimonio es sobre la igualdad en los  derechos, los nombres y las prácticas. No sólo el tratamiento estatal de las  parejas gay-lésbicas está en juego, sino la institución del matrimonio,  eminentemente pública y social como cargada de sacralidad<xref ref-type="fn" rid="fn9">10</xref>: la  o las familias, los hijos, la procreación, la co-maternidad, co-paternidad,  venían a desandar la heteronormatividad. Desde una perspectiva que vincula  ciudadanía, sexualidad y Estado, el procesamiento en la arena parlamentaria  puso a la igualdad civil y la laicidad en debate, logrando por primera vez poner a la diversidad sexual en  el universo político, no sólo como eje de la discriminación, sino mostrando la  exclusión y desigualdad de ciudadanía de las personas y familias no  heterosexuales.</p>
<p>Entre derechos individuales y sociales, pedir  el matrimonio era hablar de la familia<xref ref-type="fn" rid="fn10">11</xref>, con ciertos temas en común más allá de  la heterogeneidad cultural: la convivencia, la sexualidad, la procreación, la herencia, la obra social, el permiso en el  trabajo. La unión o enlace civil, presentada  como “tercera posición” u  “opción intermedia”, se basaba en los “ni” (derechos ni nombres). Los  argumentos en la arena legislativa  develaron que los derechos se jugaban en los nombres, con el foco en la  procreación, los hijos y adopción, donde confrontaron activismo religioso y  civil respectivamente, atravesando a los partidos políticos.</p>
<p>La  universalidad de la conyugalidad y la familia implicó el reconocimiento estatal  de la diversidad sexual, re-significando la “Igualdad en la diferencia”: no se trata de que la mayoría disponga de la  minoría, ni de “tratar igual, lo igual” y “desigual, lo distinto” -cuestiones  que surgen en el debate-, sino de garantizar la igualdad de acceso al mismo  derecho. Lejos de la uniformidad que ello supondría, reconocer las diferencias,  la heterogeneidad y diversidad como base de la libertad individual para decidir  sobre lo íntimo y personalísimo.</p>
<p>Los  debates abiertos con el proceso legislativo de la Ley de Servicios de  Comunicación Audiovisual develaron que las pujas de poder se juegan en lo  comunicacional (y viceversa), la ausencia de discusión pública y de una  política comunicacional democrática. Los muchos, los pocos, los derechos y las  libertades, el lugar del Estado, los gobiernos, el mercado, los representantes  políticos, la concentración, como los efectos sobre la diversidad y pluralidad,  son algunos de los ejes que trajo esta “ley candente” a la política argentina. Quien lo tiene – estatal, privado con o  sin fin de lucro, comunitario o social-, y  qué se dice –carácter de la información-, expone el rol de los medios de  comunicación y el vínculo con el poder político y económico.</p>
<p>La  pugna es en torno al espacio mediático, con su potencialidad de comunicar, dar  y recibir información, constituir, interpelar, “formar” públicos, opinión  pública y ciudadanías. Al  abrir el debate público se lograr  trascender la discrecionalidad histórica entre gobiernos y empresas privadas: la relación entre el sistema político y el mediático  se puso (y está) en el foco de los cambios en las reglas de la comunicación. El  poder performativo de los medios, los intereses económicos y políticos, como  los vínculos con los gobiernos de turno, los modos y prácticas ejercidas son  algunas de las aristas que los debates trajeron.</p>
<p>Pese a la dicotomía del  “combate a los monopolios” y “la ley cepo o mordaza K” que atravesaron los discursos  políticos,  polarizando el proceso entre  quienes pretendían  votar a libro cerrado y los que preferían la inexistencia de la ley, las nociones de  posición dominante, desconcentración del mercado, pluralismo y libertad  informativa ingresaron progresivamentea  los  núcleos argumentales. Salir de la lógica binaria implicaba contraponer la libertad de  expresión a la concentración -de ideas, de producción y acceso- de los medios y  sus prácticas abusivas, como restricciones a la diversidad informativa y a la  participación de los distintos sectores. También se obturó una posición honesta cimentada en que la mejor ley de  medios es la que no existe, o en el quehacer del Estado con la asignación de  licencias en base a subasta, con reglas del mercado.</p>
<p>Ante la inexistencia de referencias democráticas,  teniendo como antecedente y marco normativo el decreto ley de la Dictadura  Militar del año 1980, los actores recurrieron a ese período y arreglo  institucional para fundar el cambio de la ley. La posibilidad  de acceso al espacio mediático de actores excluidos de la posibilidad de  ingresar al espacio de la radiodifusión, pone en escena a la comunicación como  bien y servicio público con “otra comunicación” que excede lo privado comercial  con fines de lucro. A la vez, se reveló  el uso, adaptación y sustanciación de situaciones de hecho en beneficio de los  concentrados intereses económicos y políticos. Las políticas comunicacionales  en democracia (pero no democráticas), sustraídas a las relaciones entre los  gobiernos y empresas privadas, habían concentrado el mercado comunicacional, y  con ello las informaciones, voces e imaginarios.</p>
<p>De  este modo, se complejiza la vinculación con la universalidad e inclusión que la  política democrática implica en sus dimensiones de estatalidad y la garantía de  los derechos individuales y sociales. Desde los derechos de comunicación y de  sexualidades se apela respectivamente al reconocimiento de las diversidades y  pluralidades: una en la esfera íntima y personal; otra en el espacio público  mediático. En el ámbito privado e íntimo, en relación a la inclusión de las  diversidades sexuales, conyugalidades y modos de ser “familia”, con los  derechos civiles y sociales implicados en el reconocimiento estatal. En el  espacio mediático, la diversidad comunicacional se liga a lo cultural, por la  relevancia que públicamente tiene el acceso a comunicaciones e informaciones plurales  y distintas.</p>
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<bold>1.4 A modo de cierre: el devenir de los  actores e instituciones</bold>
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<p>La  complejidad analítica de la democracia en su trama representativa  contemporánea, relacionada con las transformaciones del espacio público y los  contextos de discusión, recuerda que lejos de ordenaciones dadas o necesarias,  esta es contingente, ambigua y variable. Con novedosos modos de producción de  la política, con la práctica de viejos y nuevos actores que enmarcan los  procesos, los sentidos de la democratización se renuevan al insertarse diversos  actores, intereses y racionalidades en el juego político e interpelar a la  propia representación e institucionalidad. Con la política democrática  atravesada entre la garantía de los requisitos mínimos y la expansión de los horizontes,  se avizora que el acontecer imprime diferencias en los sujetos y estatutos de  la igualdad y la libertad, como en los sentidos, procesos y temporalidades.</p>
<p>El  comportamiento político de los actores e instituciones se articulan con la  construcción de comunidades epistémicas a escala nacional, regional e  internacional. La problematización,  tematizaciones, denuncias y propuestas en diversas escalas de incidencia en las  agendas públicas, interpelan a los actores políticos e instituciones estatales  al evidenciar las exclusiones de “lo común a todos”. Basados en tratados  internacionales de derechos humanos, con acciones de sensibilización en la vía  pública y en medios de comunicación, hacen presentaciones en organismos  gubernamentales y en la justicia, con fallos y contrafallos que sientan  jurisprudencia o suspenden su curso, piden cambios normativos con proyectos  legislativos y realizan contactos progresivos con fuerzas y actores políticos.</p>
<p>Desde  los derechos de comunicación evidencian el rol de los medios de comunicación  como actores políticos, en sus rasgos materiales y simbólicos, y claman por el  acceso de voces al espectro mediático, complejizando la idea de libertad de  expresión y de prensa. Advierten los diferenciales mecanismos que la afectan,  como la gama y los grados de situaciones que la vulneran. Las luchas en torno a  “lo íntimo y personal es político” por los derechos de género y sexualidad  cuestionan el carácter natural, dado y apolítico, destacando las dimensiones  políticas, socio-culturales e históricas implicadas. Allí se enlazan  repertorios del movimiento de mujeres, para luego potenciarse y resignificarse  con las diversidades sexuales. Evidenciar que la vulneración del espacio de  libertad más personalísimo e íntimo es el fundamento de desigualdad se ubica en  ese planteo.</p>
<p>Se  advierte no sólo un aprendizaje de las reglas de juego, sino también un  cuestionamiento y evidencia de las desigualdades establecidas e  institucionalizadas. En estos la problematización de los derechos y  representación de intereses se contrapone a actores corporativos (Iglesias,  grandes empresas, corporaciones nacionales y multinacionales) ligados al poder  político. Al decir de Portantiero (1988), ilustran la tensión productiva entre movimientos sociales y orden  político, exteriorizando el  conflicto democrático entre pluralismo social y corporativo. En general,  inscribiéndose en un marco de condiciones políticas, desafían lo estatuido e  interpelan social y políticamente a los actores e instituciones estatales.</p>
<p>Las  demandas que aparecen en estas coyunturas como ejes de las disputas fueron  largamente construidas en la democratización, habiendo continuidades y cambios  en la temporalidad de las posiciones y prácticas, para llegar a interpelar a la  comunidad política y tornarse “representables”. Los actores sociales recurren a estrategias judiciales, legislativas y  políticas para hacerse presentes y poner en evidencia las exclusiones y  omisiones que atentan contra la igualdad y libertad abogadas. Aprendiendo sobre  los propios pasos, se movilizan, inciden, reclaman, abogan, van a la justicia,  presentan recursos de amparo y proyectos legislativos. No obstante, los  actores políticos son centrales en la canalización y resolución, en tomar el  tema y decidir impulsarlo, mostrando en otros trabajos las diferencias que  imprimen en el procesamiento de acuerdo a la construcción, las luchas y las  fases de problematización pública (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref1">Berdondini, 2015</xref>). Mientras las regulaciones  del espacio mediático y el sistema comunicacional fueron restringidos y  limitados a las relaciones discrecionales entre gobiernos y empresas privadas,  las cuestiones íntimas y familiares fueron históricamente fuertemente reguladas  y normadas, al tiempo que han ido apareciendo (o explotando) en ocasiones  diversas. En este sentido, la democratización como régimen político no coincide  con la de la sexualidad y la comunicación.</p>
<p>La  institucionalidad y la legalidad en disputa resulta a veces adelantar, otras  atrasar, pero el devenir democrático no es inocuo e imprime diferencias al  acontecer y aprendizaje de las reglas de juego de los actores de la trama  representativa. Mientras Argentina en el año 1987 fue de los últimos países  occidentales en admitir el Divorcio Vincular heterosexual, en el 2010, está  entre los primeros 10 países en reconocer el Matrimonio Igualitario. Por lo  contrario, las regulaciones del espacio info-comunicacional fueron  sistemáticamente negados como debate político, remontando al año 1953 para  hallar el único antecedente similar de tratamiento, debate y sanción  legislativa, siendo las tres normativas anteriores decretadas por gobiernos  militares. En ambas cuestiones, se trató de hitos fundamentales pero sólo como  un piso de condiciones posibilitador de una agenda democratizadora de las  comunicaciones y las sexualidades.</p>
<p>El  ingreso al universo político pende de las definiciones y construcciones de la  agenda política. Al tomar los actores políticos la iniciativa, la temporalidad  como el contenido de las decisiones cambia, asumiendo otras dimensiones en el  procesamiento y condensación. Al decidir los actores e instituciones ponerlo en  la escena pública política y recorrer la arena parlamentaria, incluso por las  complejidades y los tiempos que ella implica -muchas veces criticada-, también  posibilitan con esos debates, medir los tiempos sociales, culturales y  políticos. Si lo instituido nunca llega a estar del todo establecido (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_347544730005_ref9">Lefort,  2004:255</xref>), estos eslabones interrelacionados desde su carácter conflictual y  consensual, irrumpiendo lo establecido, no puede menos que dejar secuelas  democratizadoras, o, al menos, nutrirlas.</p>
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<bold>Referencias</bold>
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<mixed-citation>Berdondini, Mariana. “Pujas públicas por lo representable. Actores, arena  parlamentaria y leyes candentes en la política argentina”. Tesis de Doctorado  en Ciencia Política. UNR, 2015.</mixed-citation>
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<title>Notas</title>
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<label>1</label>
<p>El artículo se basa en la Tesis doctoral en  Ciencia Política de la autora titulada “Pujas públicas por lo representable.  Actores, arena parlamentaria y leyes candentes en la política argentina”,  realizada con una beca de posgrado del CONICET y defendida en 2015. Se enmarca  en los proyectos de investigación de la UNR: “La democratización como objeto de  estudio: teoría y aplicaciones” y "Teoría Política hoy. Problemas y  perspectivas contemporáneas”</p>
</fn>
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<label>2</label>
<p>Aprobada el 10 de octubre de 2009, regula el  funcionamiento de los medios de comunicación audiovisual y reemplaza -al cabo  de 26 años de intentos políticos frustrados- al Decreto-ley de Radiodifusión N°  22.285 sancionado por la última dictadura militar. Basado en los 21 Puntos de  la Coalición por una Radiodifusión Democrática, el proyecto fue propuesto por  el Poder Ejecutivo, y habilitó la oportunidad de discutir públicamente la  estructura y funcionamiento del sistema de medios. La normativa posicionaba al  Estado como garante de los derechos sociales de la comunicación, cuestionando  la concentración de la propiedad, la centralización de la producción y la  ausencia de medios públicos no gubernamentales.</p>
</fn>
<fn id="fn2" fn-type="other">
<label>3</label>
<p>El estatus legal de las parejas hétero y  homosexuales se equipara, universalizando el acceso pleno a la institución del  matrimonio con los derechos civiles, sociales y económicos implicados,  incluyendo el régimen filiatorio, la adopción conjunta, divorcio, herencia y pensión.  Impulsado por los movimientos de diversidad sexual -la FALGBT y la CHA  especialmente- con un conjunto de legisladores de fuerzas minoritarias, y  votado transversalmente por distintas fuerzas políticas, por primera vez se  franquean los límites de la heteronormatividad y aparecen en la agenda política  los derechos de gays, lesbianas, bisexuales y trans al clamar por la igualdad  civil de los derechos conyugales, profundizando la democratización de la  sexualidad y las familias.</p>
</fn>
<fn id="fn3" fn-type="other">
<label>4.</label>
<p> La conceptualización de “leyes candentes” no  está limitada a los procesos aquí estudiados, asumiendo un potencial  explicativo para observar y dar cuenta de otros procesos políticos donde se  identifican características similares.</p>
</fn>
<fn id="fn4" fn-type="other">
<label>5.</label>
<p> Conjugando dimensiones electorales y no  electorales de la representación, este concepto ilustra a actores e intereses  que no están en el sistema político formalmente y pujan públicamente por  hacerse presente y tener voz a través de gramáticas participativas,  auto-presentativas y deliberativas. Da cuenta de las formas de  auto-presentación que logran interpelar a las instituciones y a los actores  formales de la representación en su formato clásico, constituyéndose como  “representables” en el mismo acto de la presentación y representación.</p>
</fn>
<fn id="fn5" fn-type="other">
<label>6.</label>
<p> Desde el regreso de la democracia en Argentina  (1983), la primera organización de diversidad sexual fue la CHA (Comunidad  Homosexual Argentina), creada en 1984 con el “objetivo de emergencia de luchar  contra la represión y los edictos policiales heredados de la dictadura militar”.  Las reivindicaciones iniciales buscaron conquistar los derechos negativos  referidos a la no intromisión de las autoridades en las prácticas privadas y la  no discriminación.</p>
</fn>
<fn id="fn6" fn-type="other">
<label>7.</label>
<p> Avanzado el siglo XXI, Gay, Lésbico, Travesti,  Transexual, Transgénero, Bisexual, Intersexual (GLTTTBI) son parte del  colectivo de diversidad sexual, con necesidades heterogéneas de reconocimiento.  La creación de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans  (FALGBT) en el año 2005 aglutina diversas organizaciones con un amplio programa  de trabajo que impulsa en todo el país para promover la igualdad y no  discriminación: lograr “los mismos derechos con los mismos nombres” sin ningún  tipo de restricción: “igualdad en la diversidad” (FALGBT, 2014). En un contexto  de estrategias globales y regionales, pese al rechazo de una parte del  colectivo por ser una institución normalizadora, “una ley de igualdad para  acceder al matrimonio civil” se convierte en un paso crucial para ciudadanía  LGBTTI.</p>
</fn>
<fn id="fn7" fn-type="other">
<label>8.</label>
<p> En Argentina el avance más importante en  términos de articulación multisectorial  y organizacional en Latinoamérica se cristalizó con la Coalición por una  Radiodifusión Democrática, que presentó los 21 Puntos por una Nueva Ley de  Radiodifusión para la Democracia el 27 de agosto de 2004.</p>
</fn>
<fn id="fn8" fn-type="other">
<label>9.</label>
<p> El arribo a la  agenda política y el tratamiento parlamentario de ambas leyes se analiza en  Berdondini (2015).</p>
</fn>
<fn id="fn9" fn-type="other">
<label>10.</label>
<p> Sobre los significados y usos de la institución del matrimonio  remitimos a Hiller (2011, 2013).</p>
</fn>
<fn id="fn10" fn-type="other">
<label>11</label>
<p> Como define Jelin, (2010:18-19) es una institución social, creada y  transformada por hombres y mujeres en su accionar cotidiano, individual y  colectivo. Su universalidad reside en algunas funciones y tareas que deben ser  realizadas en toda en toda sociedad. El cómo y por quién se llevan a cabo, las  formas de organización de los agentes sociales, los entornos y las formas de  familia son múltiples y variables. Específicamente, “la familia no puede ser  vista como una institución aislada, sino como parte de un entramado de  instituciones y prácticas sociales, donde el Estado y la legislación, las  creencias y prácticas religiosas, los comportamientos económicos y otras  formaciones sociales actúan simultáneamente para configurarla” (2010:25).</p>
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