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<journal-title specific-use="original" xml:lang="en">Mundo Agrario</journal-title>
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<publisher-name>Universidad Nacional de La Plata</publisher-name>
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<subject>Artículo</subject>
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<bold>De la clase social a la estructura de unidades domésticas en el agro. El continuo campesino-proletario y una propuesta para su análisis</bold>
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<trans-title xml:lang="en">From  social class to the structure of domestic units in agriculture. The continuous  peasant-proletarian and a proposal for its analysis</trans-title>
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<surname>Cuevas Valdés</surname>
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<season>Agosto-Noviembre</season>
<year>2019</year>
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<issue>44</issue>
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<copyright-year>2019</copyright-year>
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<title>Resumen</title>
<p> El artículo se inserta en la problemática de las  transformaciones del mundo agrario latinoamericano y de la diferenciación de  las clases sociales del agro, reeditando discusiones acerca del complejo  campesino-proletario, en el contexto de las actuales economías  agroexportadoras. El objetivo del artículo es plantear una propuesta  teórico-metodológica para estudiar la estructura de unidades domésticas  agropecuarias, a partir de una operacionalización de esta noción en relación al  concepto clase. Se concluye con el planteamiento de una tipología de UDs, que  permite caracterizar las estructuras de reproducción de la fuerza de trabajo a  partir de las fuentes de origen de sus ingresos. </p>
</abstract>
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<title>Abstract</title>
<p> The  article is inserted in the problematic of the transformations of the Latin  American agrarian world and of the differentiation of the social classes of  agriculture, reissuing discussions about the peasant-proletarian complex, in  the context of the current agro-exporting economies. The objective of the  article is to propose a theoretical-methodological proposal to study the  structure of agricultural domestic units (DUs), starting from an  operationalization of this notion in relation to the class concept. It is  concluded with the proposal of a typology of DUs, which allows to characterize  the structures of reproduction of the work force from the sources of origin of  its income.</p>
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<title>Palabras clave</title>
<kwd>Unidades domésticas</kwd>
<kwd> Clase social</kwd>
<kwd> Trabajadores agropecuarios</kwd>
<kwd>  Campesinado</kwd>
<kwd> Tipología</kwd>
<kwd> Chile</kwd>
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<title>Keywords</title>
<kwd>Domestic units</kwd>
<kwd> Social class</kwd>
<kwd> Agricultural workers</kwd>
<kwd> Peasantry</kwd>
<kwd> Typology</kwd>
<kwd> Chile</kwd>
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<title>
<bold>Introducción</bold>
</title>
<p>Durante el tercer cuarto del siglo XX, el mundo  agrario concentraba la atención de una parte significativa de la academia  latinoamericana. Grandes debates referidos a la estructura agraria, tipos de  productores, sus interacciones, y los procesos de modernización tenían lugar en  un bullido espacio académico. El desarrollismo prevaleciente favorecía la  búsqueda de herramientas para modernizar e insertar sistemas productivos agrarios “atrasados” en un “capitalismo  moderno”, lo que propiciaba un debate teóricamente muy heterogéneo.</p>
<p>  Con  el posterior cese del ímpetu desarrollista y ante la llegada de una nueva fase  liberalizadora en el último cuarto del siglo XX, estas discusiones perdieron su  vigencia, de manera paralela al avance de nuevas posiciones teóricas en las  ciencias sociales. Desde la nueva doctrina económica, poco importaban las  cuestiones de la estructura productiva; sólo quedaba no “interferir” con el rol  del mercado, ahora crecientemente mundializado. La sociología y la antropología  secundaron en los hechos el mandato de la nueva estrategia modernizadora, y en  el contexto de la hegemonía de análisis, más particulares y que desautorizaban perspectivas  estructurales y totalizadoras, privilegiaron otro tipo de problemáticas. Salvo  excepciones, el ambiente académico latinoamericano de las últimas tres décadas  se ha caracterizado por un relativo desinterés respecto de problemas referentes  al mundo agrario y de las particularidades de la estructura social y agraria  latinoamericana.</p>
<p>  El derrotero que siguió la teoría social, luego de las  grandes transformaciones acontecidas en el capitalismo mundial desde el último  cuarto del siglo XX, ha estado igualmente lejos de favorecer perspectivas de  análisis y ejes temáticos que rompan con la tendencia a disolver las  “fronteras” disciplinares. La compenetración de los problemas económicos,  políticos, sociales y culturales, pese a su larga tradición de estudios desde  las corrientes teóricas materialistas, ha estado lejos de figurar entre los  ejes de mayor visibilidad en las ciencias sociales de las últimas décadas. A  contracorriente de lo anterior, el presente artículo parte desde la puesta en  relieve de la necesidad actual de estudiar de manera profunda aspectos como la  reproducción de la fuerza de trabajo en el agro latinoamericano. Allí son  relevantes conceptos cuyo dominio disciplinar es liminal en los marcos teóricos  dominantes, como son <italic>clase social</italic> y <italic>unidad doméstica</italic>, que articulan dentro  sí dimensiones económicas, antropológicas y sociológicas.</p>
<p>El presente artículo tiene por objetivo presentar al  lector una propuesta teórico-metodológica para estudiar la <italic>estructura de </italic>UDs agropecuarias, a partir de una discusión que  operacionaliza esta noción en relación al concepto clase social, y a la lógica  teórica detrás de éste. Como resultado de lo anterior, se presenta una  propuesta de <italic>tipología de unidades  domésticas</italic> –cuyo objetivo es caracterizar una o varias estructuras de  reproducción de la fuerza de trabajo–, entendida como la expresión general del  peso y proporción de diferentes maneras en que las UDs resuelven su  reproducción, a partir de la forma en que esos núcleos componen su ingreso (las  fuentes de éstos), organizando esas posibilidades en tipos. De esta manera se  busca identificar UDs que son clasificables en un continuo heterogéneo de  posibilidades entre campesinas, proletarias y capitalistas. Esta tipología, si  bien es principalmente descriptiva, pretende captar el tipo de relaciones  sociales dominantes que establecen esas unidades con la producción.</p>
<p>  La potencial aplicación y comparación de esta  tipología permite relacionar determinados perfiles de composición de ingreso a  diferentes características del mercado laboral y los salarios, y observar si  determinados perfiles son asociables a determinadas configuraciones del mercado  laboral, en espacios diferenciados.<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn1">1</xref>
</sup>
</p>
<p>  En lo concreto, la propuesta consiste en un “modelo”  que –tras su eventual aplicación y comparación en diferentes estructuras  agrarias– permite perseguir la hipótesis de que una estructura de unidades  domésticas, que tiene elevada presencia de fuentes de ingreso diferentes al  salario, se asociará a un mercado de trabajo silvoagropecuario con tendencia a tener  salarios comparativamente bajos (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref9">Cuevas, 2017</xref>). Esta hipótesis representa una  continuidad –desde la arista reproductiva, en lugar de laproductiva– de la clásica hipótesis de que una mayor presencia de  campesinos en una estructura agraria tiende a favorecer un mercado de trabajo  con salarios menores respecto a los de otras estructuras en las que éstos no  están tan presentes.<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn2">2</xref>
</sup> Esta hipótesis no es abordada empíricamente en el  presente artículo. </p>
<p>  El texto se estructura desde lo abstracto a lo  concreto. Primero, se desarrolla una reflexión que comienza con un  posicionamiento crítico frente al uso de la idea de nueva ruralidad, para luego  recuperar una perspectiva teórica que pone de manifiesto la necesidad de  estudiar lo social en relación a aquello que lo constituye, es decir, las  relaciones sociales. En esta línea, el texto continúa con el concepto de clase  social, y el problema de la reproducción de los grupos sociales, asociados a  medios de producción y sectores productivos; problematiza tanto su necesaria  concretización, y, desde allí, su relación con el concepto de UD y la  composición múltiple –y variada– del ingreso en estas unidades.<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn3">3</xref>
</sup> El problema de un continuo heterogéneo de posibilidades entre unidades  campesinas, proletarias y capitalistas conduce a una discusión respecto de la  noción de campesinado y a su manera de entender formas transicionales del  mismo. Por último, el texto expone la tipología de UDs.</p>
</sec>
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<title>
<bold>La  “nueva ruralidad”: ¿y los viejos problemas?</bold>
</title>
<p>Que las características de la ruralidad de las  primeras décadas del siglo XXI difieren de las de la ruralidad de la posguerra,  es algo bastante evidente. Sin embargo, permitir que el nivel de lo descriptivo  limite las interrogantes más abstractas es un error y una tendencia clara en el  pensamiento social reciente, que aquí intentaremos evitar. En las siguientes  páginas propondremos un abordaje de la cuestión agraria que toma cierta distancia  de las tendencias que predominaron en las últimas décadas del siglo XX y las  primeras del actual. </p>
<p>  Y es que, en el marco de las nuevas perspectivas, la  noción de <italic>ruralidad</italic> se ha puesto en  discusión a propósito de una serie de cambios históricos concretos que han  ocurrido en el mundo rural, tanto en países centrales como dependientes. Estas  nuevas hegemonías teóricas han contribuido a generar un particular acercamiento  desde las ciencias sociales a la ruralidad. Como bien lo señala Kay (2007), el  culturalismo, relativismo, particularismo e individualismo, en el marco la  influencia posmoderna aumentaron su predominio, mientras que el marxismo, con  su enfoque totalizador, perdió cierta preponderancia entre los nuevos  ruralistas. Es en este contexto que tanto en los países centrales como en  Latinoamérica comienza a hablarse de “nueva ruralidad”. Este “concepto”, en un  principio, hacía referencia a un conjunto de propuestas teórico-conceptuales que,  en Europa y EEUU, desde las décadas de 1970 y 1980 tienden a cuestionar o a  poner en duda la pertinencia de una realidad definible bajo el concepto de  “ruralidad”.<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn4">4</xref>
</sup> Su origen se encuentra en el trabajo de diversos  académicos, fundamentalmente ingleses, franceses y norteamericanos, que ante la  realidad observable en sus países comenzaron a hacer hincapié en los profundos  cambios sufridos por los antaño incuestionables espacios rurales.<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn5">5</xref>
</sup> Entre las transformaciones aludidas se puede  mencionar: poblaciones urbanas se trasladan al campo, donde se transforman en  residentes rurales con trabajos urbanos no agrícolas, o que poseen un trabajo  no agrícola en sede rural, o que deciden dedicarse a ocupaciones ligadas a la  tierra, inspirados en una “filosofía revitalizadora de naturaleza” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref44">Ratier,  2002</xref>). </p>
<p>  A partir de una visión teórica que fractura las  relaciones sociales, no es sorprendente que se esencialice toda clase de  procesos derivados de cambios nacionales e internacionales en la división  internacional del trabajo, y, con ello, en los patrones de reproducción del  capital;<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn6">6</xref>
</sup> se busca en el dato y no en las relaciones socialesel sentido de esos cambios. <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref47">Blanca  Rubio (2002)</xref> destaca el hecho de que estos cambios señalados por los “nuevos  ruralistas” de los países centrales son consecuencia de la crisis del modelo  productivo anterior y de la consecuente modificación en la política agrícola de  los países centrales, lo que trajo consigo la marginación de las actividades  productivas agrícolas, y que derivó en cambios como, por ejemplo, el declive de  los ingresos de origen rural. </p>
<p>  En América Latina, el concepto ha tenido tanto  detractores como defensores, pero, en general, la palabra se ha convertido en  un “concepto paraguas”, utilizado para referirse a cualquier nuevo desarrollo  rural (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref22">Kay, 2009</xref>). A grandes rasgos, se puede distinguir entre quienes aceptan  la existencia de una “nueva ruralidad” en el continente (enfoque de la nueva  ruralidad), y quienes la niegan y señalan que aquello que la identifica es el  producto de la imposición de las políticas neoliberales, es decir, “nueva  ruralidad” sólo como ruralidad propia del contexto económico neoliberal.  Nuestra postura respecto a la “nueva ruralidad” es escéptica respecto de la  necesidad del concepto, su carga posmoderna y su pretensión “vanguardista”, y  crítica respecto del planteamiento concreto. </p>
<p>  Al restringir el enfoque hacia el ámbito espacial, la  perspectiva de la “nueva ruralidad” deja de lado la cuestión de las relaciones  de producción. Con ello, el enfoque esencializa sectores de la economía que, de  ninguna maneradejan de existir.  Cambia, por un lado, el espacio geográfico en que se producen algunas de las  mercancías en la red global de intercambios (por ejemplo, el mexicano consume  maíz estadounidense y el estadounidense tomates mexicanos), y, por otro lado,  cambia también el carácter de la relación entre esos sectores, para  reconfigurarse, por ejemplo, en un tipo de vínculo entre industria y  agricultura (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref48">Rubio, 2001</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref47">2002</xref>).<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn7">7</xref>
</sup>
</p>
<p>  En el presente artículo se recupera una visión teórica  que pone el acento en las <italic>relaciones  sociales</italic>, la <italic>totalidad social</italic>, y  que es crítica de la manera en que se ontologizan las fronteras disciplinares  (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref37">Osorio, 2012</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref38">2014</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref39">2016</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref41">Pérez Soto, 2008</xref>). En este sentido, pensamos que es  el espacio el que es definido por las relaciones sociales que allí predominan y  no al revés. Así, la ruralidad es aquel espacio en que las relaciones sociales  se organizan mayoritariamente –no exclusivamente– para producir aquello que se  consume principalmente en las ciudades –dentro o fuera de un país– y que  comúnmente no se puede producir en ellas (de manera masiva). Más que la  frontera espacial, lo central en esta noción es la división social del trabajo,  fenómeno que históricamente crea a la ciudad y su contracara: el mundo rural. </p>
<p>  Ante los objetivos de esta propuesta, antes que en una  “nueva ruralidad”, resulta más interesante poner atención en aquello que  permanece en el mundo rural, en los viejos problemas que continúan siendo  actuales. Las transformaciones recientes no dejan de ser de todo interés, sin  embargo, su estudio no debe ser a costa del abandono de realidades que  caracterizan la ruralidad latinoamericana, como la explotación y la precariedad  del trabajo. Así como lo concreto se estudia en relación a lo abstracto, los  elementos nuevos se estudian en relación a aquellos que permanecen. Es en este  sentido que en las próximas líneas se discute una propuesta que atiende a esa  dialéctica abstracto-concreta, y que presenta una propuesta para el estudio de estas  “permanencias”. De esta manera, se pone a discusión la noción abstracta de  clase social y su relación con la reproducción de la fuerza de trabajo, donde  aparece el problema de la identificación de UDs que pueden reproducirse con  fuentes de ingreso múltiple, asociadas a diferentes medios de producción, lo  que da lugar a una tipología UDs que organiza esas posibilidades de vinculación  al sistema productivo en un continuo campesino-proletario-empresarial.</p>
</sec>
<sec>
<title>
<bold>Relaciones  y grupos sociales: de la clase social a las unidades domésticas</bold>
</title>
<p>La vida social no puede explicarse por el  comportamiento individual, “la sociedad no es una simple suma de individuos  cuya suerte social es fundamentalmente un problema individual, sino, por el  contrario, resultado de un entramado de relaciones que liga y amarra la suerte  de unos conglomerados sociales con otros” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref36">Osorio, 2009b, p. 98</xref>). En ese  sentido, la clase social es, y no ha dejado de ser, una categoría fundamental  del análisis social. Marx reconoce tres clases sociales: “Son tres los grandes  grupos sociales, cuyos componentes, los individuos que las forman, viven  respectivamente de salario, ganancia y renta de la tierra, de la valorización  de su fuerza de trabajo, su capital y su propiedad de la tierra” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref29">Marx, 1986,  p. 1124</xref>). Sin embargo, la existencia exclusiva de éstas, refiere al nivel de  abstracción más elevado:<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn8">8</xref>
</sup> al delmodo  de producción.<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn9">9</xref>
</sup> La descripción abstracta del modo de producción es  una dimensión de la realidad concreta, fundamental para comprender sus tendencias  generales a partir de la selección de aquellos elementos que rigen su lógica  general, pero, en tanto concreta, ésta es a su vez síntesis de otras  determinaciones, que deben ser incorporadas. Por lo tanto, al acercarnos a una  realidad más concreta, como es por ejemplo el mundo agrario latinoamericano, es  necesario incorporar sus determinaciones históricas particulares, es decir,  complejizar el análisis. </p>
<p>  Lo esencial del concepto de clase social, a diferencia  de la idea de estratos sociales, es que opera identificando grupos sociales a  partir de la manera en la que éstos se vinculan al funcionamiento estructural  de la sociedad y su reproducción material (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref33">Osorio, 2001</xref>). Esto no implica  desconocer que existen en la sociedad otros agrupamientos sociales, muchos de  ellos, relevantes para explicar diferentes dinámicas. Se trata más bien de  “subrayar aquellos agrupamientos y relaciones que para los fines de la  comprensión de la dinámica societal y sus movimientos, ocupan un lugar  fundamental” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref36">Osorio, 2009b, p.100</xref>). La presencia de estos agrupamientos  sociales no es una simple constatación de la heterogeneidad social, sino que,  más bien, expresa características fundamentales de su organización, lo que  favorece una mirada del todo social en tanto unidad completa (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref33">Osorio, 2001</xref>).  Esta perspectiva se distingue de la weberiana, de mucha influencia en la  actualidad. <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref53">Weber (1964)</xref> plantea una propuesta de clasificación de los  individuos según determinados atributos, basado en la premisa del  individualismo metodológico. A grandes rasgos, se trata de encontrar puntos de  corte en un continuo de atributos personales, identificando grupos con cierta  homogeneidad interna (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref45">Rosati y Donaire, 2012</xref>)</p>
<p>  El análisis sociológico ha resuelto de diferentes  maneras el problema de la concretización de la clase social y de la  heterogeneidad en el interior de las clases, al acercarse a su descripción  empírica. Una de ellas ha sido una suerte de estratificación interior de las  clases identificadas, que combina la lógica marxista y la weberiana, como es el  caso de las ampliamente difundidas propuestas de Dahrendorf y la de Goldthorpe  (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref8">Cantamutto y Costantino, 2014</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref2">Atria 2004</xref>). Otro camino para resolver el mismo  problema fue el de identificar en el criterio estructural –relaciones respecto  de la reproducción de la sociedad– criterios de subdivisión de las grandes  clases. Destaca allí la propuesta de de <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref31">Olin Wright (1983)</xref> y de <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref43">Poulantzas  (1979)</xref>, quienes explicaron la estructuración de las clases se­gún su posición  en relación con los medios de producción, el control del proceso productivo y  la posesión de habilidades es­casas (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref8">Cantamutto y Costantino, 2014</xref>). Por su  parte, <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref33">Osorio (2001) </xref>ha considerado criterios de identificación de facciones y  sectores, su lugar en la reproducción del capital (sector financiero,  productivo, comercial, etc.), la magnitud de los medios de producción, y la  proporción en que el grupo se apodera de la riqueza social. Aquí se trata de  identificar grupos a partir de una separación objetiva –una “determinación  estructural”, diría <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref43">Poulantzas (1979)</xref>–, que, de manera independiente al aspecto  subjetivo, intersubjetivo e identitario del colectivo, crea sectores de  intereses efectivos. </p>
<p>  Sin embargo, más allá de la identificación de  subgrupos, hay otro problema que no ha sido abordado tan ampliamente. Este es  el de la manera en que los sujetos adscriben a estos grupos objetivos. ¿La  clase está compuesta por los sujetos individuales? ¿Éstos son la unidad mínima  –una suerte de “átomo”– que compone a la clase? ¿Esa posición en el sistema  productivo no alude o integra al grupo donde el individuo reproduce diariamente  su existencia en forma colectiva, independientemente de la vinculación de los  demás miembros de ese grupo con el sistema productivo? Y si ese grupo tiene  fuentes múltiples de ingreso, ¿cómo se resuelve una adscripción colectiva? </p>
<p>  La idea del sujeto individual, como ente aislado que  se relaciona con los demás seres humanos para resolver la producción de su  existencia, no deja de ser una abstracción, y, como tal, debe concretizarse a  la hora de observarlo en la realidad histórica. El trabajador se vincula a la  producción y se subsume al capital, porque se encuentra despojado de medios de  producción suficientes como para reproducirse completamente a sí mismo y a su  núcleo directo de forma independiente al capital. Es decir, al encontrarse la  relación capital-trabajo mediada por el hecho de que se pone en entredicho la  existencia del trabajador y su núcleo, dicha relación de producción es  indisociablemente una relación de reproducción desde el punto de vista del  trabajador. Al reproducirse a diario el trabajador junto a su núcleo, la forma  específica en que ese núcleo operó para su reproducción no es exterior a las  particularidades que asume la relación capital-trabajo. En otras palabras, la  otra “cara de la moneda” de la producción capitalista es una reproducción del  trabajo que opera como un problema colectivo del núcleo directo al que  pertenece el trabajador. A ese núcleo lo llamamos <italic>unidad doméstica</italic> (UD), y sostendremos que se trata de una  colectividad dinámica, que es verdadero “átomo” –por decirlo de algún modo– de  la clase social –en este caso la clase trabajadora– y no el individuo  trabajador. </p>
<p>  Si bien dentro de la antropología económica, la consideración  de la categoría de UD o es nueva, para la economía neoclásica ha sido del todo  novedosa.<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn10">10</xref>
</sup> El concepto de unidad  doméstica proviene de la discusión que se efectúa desde la antropología  marxista estructuralista de <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref30">Claude Meillassoux (1998)</xref> en 1975, con la propuesta  que en 1974 realiza el antropólogo norteamericano <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref49">Marshall Sahlins (1977)</xref>,  quien introduce al debate sobre las “economías primitivas” el concepto de “modo  de producción doméstico”. Meillassoux rechaza la propuesta de Sahlins, y desde  su análisis de las relaciones sociales de producción concretas plantea esta  categoría derivada de la idea de relaciones domésticas de producción y  reproducción, pero ya desvinculadas de un modo de producción que las articule.  Las relaciones domésticas, surgidas en lo que Meillassoux define como la  comunidad doméstica, se constituyen como el cimiento sobre el cual se edifican  todos los modos de producción históricos, ya que sobre ella descansa un  elemento central en la reproducción de éstos: la reproducción de la fuerza de  trabajo. De esta forma, la familia –en el capitalismo– encarnaría a la  comunidad doméstica, desposeída de sus funciones productivas, pero que conserva  siempre sus funciones reproductivas. Por su parte, en el capitalismo  “subdesarrollado”, señala Meillasoux, persisten funciones productivas y no sólo  reproductivas en la familia, y éstas se integran funcionalmente a la  circulación capitalista. Con posterioridad, el uso del concepto de UD fue  profuso en el contexto de los estudios que se desarrollaron respecto del  campesinado en países dependientes en las décadas de 1970 y 1980 (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref4">Bartra, 2007</xref>;  <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref56">Palerm, 2008</xref>, entre otros) y sus relaciones con los procesos de acumulación  capitalista (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref51">Stoler, 1987</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref15">Gordillo, 1992</xref>), y ha sido fuertemente retomando en el  contexto de los estudios de género (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref17">Harris, 1986</xref>)</p>
<p>   En general, existe relativo acuerdo respecto a que una  UD es un núcleo humano dentro del cual se suman los ingresos y el trabajo de  varios de sus integrantes en función de la reproducción de todos los integrantes  del núcleo, dominado en su interior –principalmente– por la lógica de la  reciprocidad generalizada (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref9">Cuevas, 2017</xref>). Más allá de los vínculos sanguíneos,  es lo anterior lo que la define, y no la institución de la familia. Amén de  estas generalidades, podemos precisar –siguiendo a <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref3">Balazote <italic>et a</italic>l (1998)</xref>– que el uso de esta  categoría no puede referirse sino en su contexto histórico-social particular, a  partir de la delimitación de las características del proceso productivo, las  relaciones sociales de producción y la división del trabajo. Consideramos  infructuoso un esfuerzo destinado a determinar las formas en que opera la  elección dentro de la unidad doméstica en abstracto, y sin particularizar  dichas determinantes.</p>
<p>  Más allá de los pormenores de la discusión teórica, lo  cierto es que empíricamente la manera en que se combinan las relaciones  productivas domesticas con la relación capital-trabajo tiene un efecto  importante sobre los salarios, o al menos así lo ha señalado <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref52">Wallerstein (2004)</xref>:  “parecen existir diferencias bastante espectaculares, según el lugar y el  momento, entre los salarios reales de personas que hacen trabajos prácticamente  idénticos, con niveles de cualificación prácticamente idénticos” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref52">Wallerstein,  2004, p. 230</xref>). El hecho es que donde priman esas UDs, que incorporan una mayor  presencia de relaciones productivas domésticas en su reproducción, los salarios  son menores que donde priman las proletarias.</p>
<p>  De esta manera, lo que propondremos a continuación es  una manera de tipificar las unidades domésticas agropecuarias a partir del peso  relativo de sus fuentes de ingreso, como son aquellas derivadas de la relación  capital trabajo, y aquellas procedentes de las relaciones productivas  domésticas, a las que se suman otros ingresos originados en transferencias. Lo  que está detrás de cada tipo es un intento de capturar –de manera general– las  relaciones dominantes que priman en la forma en que un grupo de UDs se vincula  a la división social del trabajo y al sistema productivo, y en cómo resuelven  la reproducción de su existencia. Al referir a entes heterogéneos respecto de  sus relaciones, se vuelven necesarios criterios de corte que no dejan de ser  arbitrarios, pero que pretenden aproximarse a lo que son las relaciones reales  que están detrás de los tipos definidos. En otras palabras, se busca –a fin de  cuentas y parafraseando a <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref24">Lenin (1961)</xref>– identificar grupos sociales, es decir,  agrupamientos de UDs, a partir de su vinculación con el sistema de producción y  con respecto a la propiedad de los medios de producción. </p>
<p>  Las unidades domésticas que aplican su trabajo en el  sector agropecuario pueden combinar en su interior relaciones de producción  distintas, y posiciones individuales distintas respecto de medios de  producción. Por lo tanto, lo primero es distinguir los extremos del continuo de  posibilidades de combinaciones. En un extremo tendremos las relaciones  propiamente capitalistas, caracterizadas por la relación capital trabajo, que  se cristaliza en unidades domésticas que pueden ser proletarias o capitalistas  (en las que no ahondaremos). En otro extremo tenemos a las unidades domésticas en  las que priman las relaciones domésticas, donde aparece con fuerza la idea de  campesinado o de economía campesina. Partiremos por este último extremo del  continuo.</p>
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<title>
<bold>El  campesinado como clase del capitalismo dependiente: desde los debates clásicos  y desarrollistas a una noción histórica  </bold>
</title>
<p>Desde que se reconoce en el campesinado una dinámica  diferente de la de empresas capitalistas agropecuarias, su definición y manera  de entenderlo ha estado sujeta a grandes discusiones. La tradición marxista es  de las primeras en abordar con profundidad al campesinado, al identificarlo  como una clase social caracterizada por estar en posesión de medios de  producción y aplicar sobre ellos su propia fuerza de trabajo </p>
<p>  Marx no habla de un <italic>modo de producción mercantil simple</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref6">Bartra, 1974</xref>) o <italic>modo de producción campesino</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref10">Díaz-Polanco, 1988</xref>) –como lo hicieron los autores de la corriente  estructuralista del marxismo en América Latina entre las décadas de 1960 y  1980, apoyados en la lectura althusseriana de esa categoría–,  sus diversas referencias al campesinado lo  ubican siempre como una clase social pertenenciente a tros modos de producción.  La razón de ello es que la producción campesina   por sí sola, no tiene la capacidad, en ausencia de otras relaciones  sociales de producción/dominación, de constituir un sistema de acumulación e  instituciones estatales Para Marx, la “pequeña economía agraria” integra  orgánicamente algunos modos de producción anteriores al capitalismo, y subiste  de forma residual cuando la relación capital-trabajo es la hegemónica:  “históricamente, esta forma se desarrolla por oposición a la economía agraria y  al artesanado independiente” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref57">Marx, 1968, p. 270</xref>). </p>
<p>  El campesinado no es, por tanto, una clase que defina  al modo de produccióncapitalista en  el pensamiento de Marx, y pensamos que teorizar a ese nivel de abstracción su  existencia y funcionalidad deriva en una incomprensión –muy frecuente– del  método de concretización progresiva propio del cuerpo teórico del Marxismo.<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn11">11</xref>
</sup> Sin embargo, en los niveles de abstracción menores  al del modo de producción, es claramente necesario dar cuenta de su existencia  y articulación con las formas históricas que va asumiendo el ciclo del capital, en las distintas zonas geográficas del  sistema mundial capitalista, así como  en las particularidades de las formaciones histórico-sociales. En consecuencia,  no es a nivel de las abstracciones del modo de producción capitalista que se  puede –o se debe– encontrar explicación a las particularidades de las  estructuras de clase donde el campesinado se ha mantenido y ha jugado un rol en  la reproducción del capital. En esta cuestión diferimos de muchos autores  pertenecientes a la corriente estructuralista del marxismo, del ámbito  internacional y latinoamericano, que planteaban esta idea en las décadas de  1970 y 1980 (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref30">Meillassoux, 1998</xref>;<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref42"> Philippe Rey et al., 1980</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref16">Gutelman, 1981</xref>;  <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref10">Díaz-Polanco, 1988</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref6">Roger Bartra, 1974</xref>, entre muchos otros). A ese nivel de  abstracción –donde se seleccionan sólo los elementos fundamentales que permiten  generar una explicación general–, su tendencia cierta a la descomposición en la  medida que el capital se expande –como lo indican Marx, y luego, a principios  del siglo XX,<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref54"> Lenin (1972</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref25">1985)</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref20">Kautsky (1983)</xref>– es prácticamente todo lo que  puede señalarse. La tarea de explicar la existencia del campesinado –en tanto  forma socialreal y efectivamente  existente–, en determinadas expresiones particulares de un capitalismo <italic>sui generis</italic> –como decía <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref27">Marini (1979)</xref>–,  corresponde a otro nivel de la teorización, más concreto: el del sistema  mundial. </p>
<p>  Sin duda, la manera en que lo plantean los autores  clásicos resulta un poco tajante y categórica, pues se reduce a una ecuación  simple: campesinado + <italic>capitalismo </italic>=<italic>  diferenciación</italic>, y, sin dudas, la forma en que se desplegaron estos procesos  en el mundo dependiente durante el siglo XX pone serias dificultades a una  lectura literal de esa ecuación. A partir de esta misma observación histórica  se generó un acalorado debate en América Latina durante los años en que la  cuestión campesina era tema central en la región, desde fines de la década de  1960 hasta incluso principios de la de 1980. A partir de allí surge la llamada  controversia entre campesinistas y descampesinistas, la cual no pretendemos  abordar aquí, aunque resulta igualmente necesario referir a ciertos nodos del  debate.<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn12">12</xref>
</sup> Los descampesinistas, siguiendo a Lenin y Kaustky,  se enfocaron en los procesos de descomposición y desaparición de las formas  campesinas. Sus diagnósticos se basaban en la idea de que el campesinado tarde  o temprano se disolvería. Por su parte, los campesinistas rechazaron  fuertemente esas tesis y plantearon una funcionalidad, recreación e incluso  fortalecimiento del campesinado en el contexto capitalista. Recuperaron  fuertemente la figura de un historiador económico ruso, ligado al anarquismo –Alexander  Vasillavich Chayanov–, el cual había roto con la tendencia del marxismo de  analizar a los campesinos en tanto clase social, focalizando el análisis en su  dimensión económica, creando el concepto de <italic>economía  campesina</italic>, e intentando identificar la racionalidad que conduce la  producción campesina.<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn13">13</xref>
</sup>
</p>
<p>  Pensamos que las dicotomías que plantea este debate no  son necesariamente contradictorias. El hecho de que es una tendencia en el modo  de producción capitalista que los campesinos sufran un proceso de  diferenciación, ya sea con mayor tendencia a su proletarización o a su  pequeño-aburguesamiento, es históricamente indiscutible. Prácticamente no  existen países capitalistas centrales que cuenten a los campesinos entre sus  estructuras agrarias. En ello, Marx, Lenin y Kautsky tienen la razón. Sin  embargo, esto no quiere decir que el destino de los países dependientes sea  seguir mecánicamente la senda de los desarrollados, pues ello supondría asumir  una teoría evolucionista de la modernización al estilo de <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref46">Rostow (1961)</xref>. El  capitalismo dependiente, como señala <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref27">Marini (1979)</xref> es <italic>sui generis</italic>, y presenta deformaciones y particularidades. Una de  esas deformaciones ha sido, en determinados momentos históricos, la  incorporación de plustrabajo generado mediante relaciones productivas domésticas  por diferentes mecanismos, según fueran los requerimientos delpatrón de reproducción del capital que  operaba en esa zona y momento. Una lectura de Lenin y Kausky sin tomar en  cuenta los mecanismos históricos de explotación y reproducción de esa explotación  es ahistórica y dogmática. En ello, los descampesinistas se equivocaron. </p>
<p>  Sin embargo –como hicieron algunos campesinistas  chayanovistas– plantear que la persistencia del campesinado obedece a la  dinámica propia de la producción campesina es, por lo bajo, un exceso de  romanticismo; en efecto, la única forma de seguir sosteniendo una postura de  ese tipo durante el actual patrón de reproducción de capital exportador es  deformar y fetichizar la definición de campesinado, al punto de perder su  sentido heurístico. La tendencia a la desaparición del campesinado como clase  social en el modo de producción capitalista es una realidad histórica –en  países centrales– y abstracta –en países dependientes–, lo que implica que  cuando las necesidades específicas de la reproducción el capital en espacios  dependientes los requieran, las presiones estructurales serán en el sentido de  la recreación de esta clase, y viceversa: cuando la reproducción del capital  requiera lo contrario, las presiones estructurales serán hacia su  descomposición, y la resistencia del campesinado vendrá del lado de la clase  para sí, de sus demandas políticas,  antes que de una presunta lógica productiva indeterminada que lo aleje de las  presiones del modo de producción en que se insertan. Algunos campesinistas  (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref58">Warman, 1988</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref50">Stavenhagen, 1975</xref>) –inspirados por la teoría marxista de la  dependencia– pudieron ver en esta funcionalización del campesinado de parte de  una expresión histórica concreta del modo de producción capitalista, la causa  de su persistencia en los contextos dependientes de los años de la  industrialización sustitutiva de importaciones. </p>
<p>  En el capitalismo los campesinos son productores de  mercancías, y, como tales, no están del todo exentos de las reglas de la  circulación capitalista. Pueden mercantilizar porciones variables de su  producción doméstica, sin embargo, ello no los margina de las reglas de esa  circulación. Esto no significa que no exista una “lógica” productiva distinta  en el campesinado, por cierto, ésta existe, y es aquella que señaló Marx y que  releva Chayanov: la unidad económica no busca la ganancia sino su subsistencia,  y la producción se lleva a cabo mediante relaciones familiares, es decir,  domésticas. La pregunta es si acaso esta lógica diferente es el origen de su  condición de economía campesina inserta en la circulación capitalista, que no  se transforma, o es más bien el resultado de la incapacidad de acumular de  dicha unidad productiva, no debido a su propia lógica sino a las limitaciones  en medios de producción y exacciones comerciales y tributarias, en un contexto  donde el capital no tiene el dinamismo para proletarizar esa población.  Pensamos que la respuesta es esta última. Cuando el campesinado logra tener  acceso a medios de producción y condiciones de mercado que le permiten  acumular, se desarrolla el proceso de diferenciación y la producción de  mercancías detona las dinámicas que relevaron Lenin y Kautsky. La presunta  lógica precapitalista es más bien una lógica subcapitalista. </p>
<p>  Y este último punto es muy importante. Este  campesinado latinoamericano, productor de mercancías y valores de uso de  autoconsumo, que no contrata –o casi no contrata– mano de obra externa a la  familia, no es ni histórica ni teóricamente una clase residual de modos de  producción anteriores; no es un “fósil” del pasado, ni una forma productiva  pretérita, por el contrario, es una clase social propia de determinadas  condiciones históricas del capitalismo dependiente, sometida a un proceso de  explotación, y que fue funcionalizada por las lógicas de reproducción del  capital. Es una clase social que, por sus características de producción no  capitalista, mantiene intercambios que suelen ser desiguales con su entorno  capitalista, ya que vende su producción a precios que no contemplan la ganancia  media (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref4">Bartra, 2007</xref>). De esta manera, “los campesinos modernos son por derecho  propio y para su desgracia una clase del capitalismo” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref5">Bartra, 2016, p. 182</xref>),  pero, agregamos y destacamos, no del modo de producción capitalista, sino del  capitalismo dependiente como forma histórica concreta de ese modo de producción  en momentos y circunstancias históricas determinadas. </p>
<p>  Este planteamiento nos posiciona en la vereda opuesta  a una parte significativa de la recuperación contemporánea del debate  campesinista-descampesinista (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref11">Diez y Kostlin, 2009</xref>). Se advierte en las  relecturas recientes, una cierta tendencia –que está en sintonía con la  hegemonía del culturalismo y sus raíces filosóficas románticas– a esencializar  la particularidad campesina. Ello es lo que se aprecia cuando se plantea la  persistencia del campesinado y paralelamente se relativiza aquello que el  concepto ha designado –por ejemplo, al nominar  por “campesinado” a un “objeto” que difiere  del definido en las formulaciones originales- como es una “identidad campesina”,  igualmente válida como objeto de estudio, pero evidentemente diferente de la  clase social (ver, por ejemplo a <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref13">Figurelli, 2016</xref>, y <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref18">Heredia, 2003</xref>). Esto ocurre  también al adjudicar la persistencia de “racionalidades particulares”  –desmarcadas de la dinámica y de la totalidad social a la que pertenecen (Ver,  por ejemplo, a <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref23">Landini, 2011</xref>)­– a la particularidad cultural, o a valores y a  tradiciones. Esto lleva implícita la idea históricamente estática del  campesinado como residuo del pasado.<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn14">14</xref>
</sup>
</p>
<p>  Yendo a lo concreto: ¿Existe diferenciación campesina  en los contextos latinoamericanos (tanto en los años del debate, como hoy en  día)? ¿Se encuentra o se ha encontrado el campesinado en vías de una  trasformación cualitativa de su constitución como clase social? Son estas las  interrogantes que deben responderse para comenzar a hablar, por ejemplo, de  persistencia campesina. </p>
<p>  Lo que la historia actual de la región muestra no es  la inmutabilidad del campesinado, sino todo lo contrario, su relativa  variabilidad frente a los contextos: su recreación y su descomposición según  las necesidades de los patrones de reproducción de capital históricos (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref9">Cuevas,  2017</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref58">Warman, 1988</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref50">Stavenhagen, 1975</xref>). Una mirada a la estructura agraria de  países que cuentan al campesinado como parte de su estructura de clases (como  por ejemplo México) da cuenta de la existencia de un continuo entre las formas  capitalistas y las domésticas de reproducción (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref9">Cuevas, 2017</xref>). Por lo tanto,  aceptamos la idea de que existen formas transicionales entre campesinado y  proletariado agrario, y pequeña burguesía agraria, aunque ello es a nivel de su  reproducción, puesto que, en tanto análisis de clase, el examen político e  histórico debe hilar más fino. Nuestra propuesta de tipificación de unidades  domésticas pretende captar precisamente estos movimientos. </p>
<p>  Lo central, pensamos, es establecer cuál es el tipo de  relación social de producción que predomina en la reproducción de la UD, e  intentar analizar sin dogmatismos si las formas transicionales se encuentran  más próximas a relaciones de producción domésticas o capitalistas, lo que  explica de qué manera opera la explotación del trabajo. Es determinando esa  relación que podemos advertir cuál es la lógica rectora del sector social del  que se habla. Lo anterior permite un análisis de la clase en sí. Y pensamos que  un indicador respecto de qué tipo de relaciones predominan es la forma en que  las UDs componen el ingreso que les permite reproducirse, lo cual es el  fundamento de establecer una tipología de UDs en función de la proporción de  distintos tipos de fuentes de ingreso –que representan los tipos de relaciones  productivas– en el ingreso total que reproduce a las UDs. Dicho análisis es  limitado, sin embargo, permite avanzar hacia conclusiones importantes respecto  de las formas de explotación del trabajo en el sector agropecuario, tanto en  patrones de reproducción de capital históricos previos como en el actual. No pretende  ser un análisis que corra en paralelo al de la case social, sino, más bien, un  análisis al interior de dicha categoría. No pretende crear una categoría  análoga a la de clase social, ni menos un divorcio entre la dimensión económica  y la política, sólo plantea la necesidad de reconocer la realidad de las  transformaciones de las clases que en el agro –parafraseando a <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref1">Antunes (2005)</xref>–  viven de su trabajo. En tanto definición teórica, esta propuesta se encuentra  en el nivel de abstracción del capitalismo dependiente, y debe ser histórica y  políticamente particularizada.</p>
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<title>
<bold>La  tipología de Unidades Domésticas</bold>
</title>
<p>Finalmente, como conclusión de esta propuesta se  expone a continuación la tipología de UDs derivada de los elementos previamente  discutidos. Identificamos cuatro fuentes de ingreso de la unidad doméstica,  cuya proporción determina el tipo de UD. Estos son: A = Producción doméstica  auto-consumida (valores de uso) M’ = Producción doméstica mercantilizada,<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn15">15</xref>
</sup> MT = Mercancía Trabajo (tiempo de trabajo vendido al capital, bajo la forma de  salarios), que puede ser de carácter permanente o temporal, y S = Subsidios.  Las tres primeras representan relaciones de producción: la producción doméstica  autoconsumida representa relaciones productivas domésticas; la producción  doméstica mercantilizada puede corresponder a relaciones capital-trabajo desde  el lado del capital o a relaciones productivas domésticas, y mercancía trabajo  a la relación capital trabajo desde el lado del trabajo. Debe aclararse que, al  tratarse de unidades compuestas por más de un trabajador, cada fuente (A, M’,  MT o S) puede ser producto de la suma de los aportes de más de un integrante, y  un integrante puede aportar ingresos de más de una fuente.<sup>
<xref ref-type="fn" rid="fn16">16</xref>
</sup> Como se indicó, estos tipos se establecen a partir  de las proporciones de ingresos provenientes de las distintas fuentes,  establecidas en la <xref ref-type="table" rid="gt1">tabla 1</xref>. </p>
<p>  La tipología reconoce a tres grandes tipos generales  de UDs: las productoras agropecuarias, las subsidiadas y las proletarias.  Dentro de cada uno de estos grupos la composición clasista es heterogénea. Las  unidades proletariasno presentan  subdivisiones. Su identificación de clase es claramente el proletariado  agropecuario. </p>
<p>   Sin embargo, en  las unidades agropecuarias y en las subsidiadas reconocemos subtipos. Las  unidades subsidiadas son un tipo creado para capturar a las unidades que ya no  viven de los aportes de su trabajo –actual– y que usualmente responden a  unidades que pertenecieron a otros tipos, que ya se encuentran en fases  terminales de su ciclo demográfico. En ellas se reconocen tres subtipos,  (agropecuarias, proletarizadas y no trabajadoras). </p>
<p>  En las unidades agropecuarias, reconocemos dos  subtipos: las no proletarias y las semiproletarias. Ambos grupos tienen una  identificación de clase heterogénea. Las no proletarias, se dividen a su vez en  dos subsubtipos: comerciales y campesinas. Entre ellas hay identificaciones de  clase diferentes, pues, mientras las comerciales pertenecen a la burguesía o  pequeña burguesía, las campesinas pertenecen –valga la redundancia– al  campesinado. Por su parte, las unidades semiproletarias se dividen entre las  comerciales, que podrían adscribirse, según los casos, al proletariado y a la  burguesía, y las de autoconsumo, que podrían adscribirse, según los casos, al  campesinado y al proletariado. </p>
<p>  El perfil general derivado del peso proporcional de  los diferentes tipos de UDs en el conjunto de unidades domésticas agropecuarias  conforma una estructura de unidades domésticas, caracterizada por la  preeminencia de uno o más tipos específicos entre el conjunto de las unidades,  lo que tiene efectos importantes a nivel del mercado de trabajo, a nivel de los  tipos de producción, etc. El concepto de estructura de UDs es diferente al  tradicional concepto de estructura agraria, y no pretende reemplazarlo, sino que estudia otra dimensión de la estructura  del sector –la reproductiva–, es decir, es  más bien complementario.</p>
<p>
<table-wrap id="gt1">
<label>Tabla 1:</label>
<caption>
<title>Construcción de la tipología de las Unidades Domésticas a partir de la  composición de su ingreso</title>
</caption>
<alt-text>Tabla  1: Construcción de la tipología de las Unidades Domésticas a partir de la  composición de su ingreso</alt-text>
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<attrib>Fuente: elaboración propia</attrib>
</table-wrap>
</p>
<p>
<table-wrap id="gt2">
<label>Tabla 2</label>
<caption>
<title>Resumen de la Tipología de las Unidades Domésticas a partir de la  composición de su ingreso</title>
</caption>
<alt-text>Tabla  2 Resumen de la Tipología de las Unidades Domésticas a partir de la  composición de su ingreso</alt-text>
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<attrib>Fuente:    elaboración propia</attrib>
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<bold>Bibliografía </bold>
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<mixed-citation>Antunes, R. (2005). <italic>Los sentidos del trabajo</italic>. Buenos Aires: Herramienta-TEL</mixed-citation>
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<source>Los sentidos del trabajo</source>
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<mixed-citation>Atria, R. (2004). Estructura ocupacional, estructura    social y clases sociales. <italic>Políticas    Sociales, 96</italic>, Disponible en: <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/6087/S049713_es.pdf?sequence=1&amp;isAllowed=y">https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/6087/S049713_es.pdf?sequence=1&amp;isAllowed=y</ext-link>
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<article-title>Estructura ocupacional, estructura    social y clases sociales</article-title>
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<mixed-citation>Balazote, A.,    Rádovich, J., Rotman, M., y Trinchero, H. (1998). La economía doméstica:    novedades del sujeto económico. H. Trinchero, (Editor). <italic>Antropología económica: Ficciones y producciones del hombre económico</italic>.    Buenos Aires: EUDEBA</mixed-citation>
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<title>Notas</title>
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<label>1</label>
<p>La  propuesta teórico-metodológica aquí presentada es parte de una investigación  mayor (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref9">Cuevas, 2017</xref>); es aplicada sobre dos bases de datos de encuestas  nacionales de hogares, de manera comparativa entre Chile y México. En  el presente artículo sólo se expone la propuesta, sin su aplicación.</p>
</fn>
<fn id="fn2" fn-type="other">
<label>2</label>
<p>Durante el tercer cuarto del siglo XX toma fuerza la tesis que plantea que la  presencia del campesinado en una estructura agraria reduce los costos  salariales de los capitales que operan en el agro comprando fuerza de trabajo,  dado que la economía campesina “subsidiaría” el diferencial de salarios. Esta  tesis, sostenida de manera icónica por <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref4">Bartra (2007)</xref> –entre varios otros  autores– se sustentaba en la idea de que el capitalismo latinoamericano  consistía en una configuración particular de un capitalismo –dependiente– que  integraba funcionalmente características modernas y premodernas en función de  los requerimientos de la acumulación mundial y local (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref14">Frank, 1970</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref27">Marini,  1979</xref>).</p>
</fn>
<fn id="fn3" fn-type="other">
<label>3</label>
<p>La presente propuesta plantea de idea de la clase social restringiéndola a su  sentido de <italic>clase en sí</italic> –grupos  sociales aunados de hecho por las relaciones sociales que establecen para  producir su existencia– y no necesariamente de la <italic>clase para sí</italic> –conciencia colectiva y de acción conjunta de esos  grupos como sujeto histórico–, cuestión de vital importancia que surge en un  análisis con un mayor de nivel de concreción histórica. No concordamos acá con  la tendencia a suponer que la falta de correlación entre clase <italic>en sí</italic> y <italic>para sí</italic> en una situación histórica concreta invalida el análisis de  clases. Ello es materia de un análisis histórico concreto.</p>
</fn>
<fn id="fn4" fn-type="other">
<label>4</label>
<p>
<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref26">Llambí y  Pérez (2007)</xref> señalan como rasgos característicos de la concepción clásica de  ruralidad, una baja densidad demográfica, el predominio de la agricultura en la  estructura productiva de una localidad o región, y unos rasgos culturales  diferentes a los que caracterizan a la población de las grandes ciudades.</p>
</fn>
<fn id="fn5" fn-type="other">
<label>5</label>
<p>Entre los autores más radicales de esta tendencia (Por ejemplo Bryan Mills,  Terry Marsden, entre otros) se niega la posibilidad de definir lo rural,  señalando que ésta sería un muy buen ejemplo de aquello que los posmodernos han  llamado <italic>hiper-realidad</italic>, es decir,  algo cuya existencia es virtual y cuyo poder explicativo es dudoso, es decir,  una construcción cultural (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref44">Ratier, 2002</xref>).</p>
</fn>
<fn id="fn6" fn-type="other">
<label>6</label>
<p>El  concepto de patrón reproducción capital permite caracterizar la reproducción  del capital en tiempos históricos y espacios geográficos determinados, de  acuerdo a los distintos sectores o ramas que el capital privilegia (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref34">Osorio  2004</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref35">2009</xref>) y la forma concreta que asume el ciclo del capital.</p>
</fn>
<fn id="fn7" fn-type="other">
<label>7</label>
<p>Tanto la desagrarización como la pluriactividad serían consecuencias y  expresiones de una reacomodación nacional e internacional entre sectores de la  economía, con expresiones diferenciadas en los países centrales y los países  dependientes. En nuestra región, por ejemplo, tal y como señala <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref21">Kay (2007)</xref>, y  como veremos, “…para la mayoría de los campesinos su creciente participación en  actividades no-agropecuarias obedece a su crisis de reproducción y tales  actividades sólo les permiten la sobrevivencia…”(<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref21">Kay, 2007, p. 33</xref>).</p>
</fn>
<fn id="fn8" fn-type="other">
<label>8</label>
<p>El  proceso de abstracción presenta niveles y estadios, dado que responde al método  dialéctico de separación e integración de la realidad con fines de  conocimiento. “Los estadios más abstractos, ponen énfasis en los factores  matrices de la organización social. (….) Los niveles menos abstractos, por el  contrario, ponen su acento en la riqueza de elementos que presenta la realidad  en su cercanía, buscando rescatar al mismo tiempo su diversidad y singularidad”  (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref32">Osorio, 1987, p. 41</xref>). Por medio de la distinción de estos niveles se persigue  desarrollar la investigación en un nivel teórico respecto de elementos que no  existen de manera pura en la realidad empírica, pero que, al seleccionarlos, se  da cuenta de las relaciones fundamentales que subyacen a esa realidad. “En  seguida el método busca reintegrar progresivamente los otros aspectos de la  realidad y aproximarse a lo concreto” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref12">Dos Santos, 1983, pp. 32</xref>).</p>
</fn>
<fn id="fn9" fn-type="other">
<label>9</label>
<p>En  efecto, el mismo Marx aclara que, ni siquiera en Inglaterra –expresión más  “pura” del capitalismo por los años en que escribe– “…se destaca con pureza esa  articulación de clases” y en seguida explica que también allí “…grados  intermedios y de transición (aunque incomparablemente menos en el campo que en  la ciudades) encubren por doquier las líneas de demarcación” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref29">Marx, 1986, p.  1123)</xref>, lo que implica que, al acercarse a un nivel de concreción mayor, debe  complejizarse el análisis de las clases en su aproximación a la historia.</p>
</fn>
<fn id="fn10" fn-type="other">
<label>10</label>
<p>Como han destacado algunos estudios (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref3">Balazote, Rádovich, Rotman y Trinchero,  1998</xref>), la economía neoclásica, con su particular interés por modelizar el  comportamiento de los individuos, parte de la premisa de un orden de  preferencias individuales, ante lo cual, un “proceso decisional” ocurrido al  interior del grupo doméstico sería una dificultad metodológica. Ante esta  dificultad, durante la década de 1990, y luego de un premio Nobel de Economía  en el campo de la “economía familiar” –Gary Stanley Becker, en 1992– esta  escuela de economía ortodoxa se abrió a abordar el problema de la economía  doméstica, mediante dos estrategias, la primera es adoptar una serie de  supuestos que permitirían operar como si la unidad doméstica fuera un individuo  racional, y una más compleja, en el campo de la utilización de la teoría de  juegos.</p>
</fn>
<fn id="fn11" fn-type="other">
<label>11</label>
<p>El  método de concretización progresiva supone, como se señaló más atrás, una  aproximación gradual desde lo abstracto a lo concreto y viceversa. <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref34">Osorio  (2004)</xref> reconoce analíticamente cuatro niveles o estadios de abstracción en el  análisis de la realidad social, desde el más abstracto al más concreto: modo de  producción, sistema mundial, formación económico-social y coyuntura. </p>
</fn>
<fn id="fn12" fn-type="other">
<label>12</label>
<p>Presentarlo de esta manera es sólo una aproximación esquemática inspirada en la  forma que lo han expuesto autores como<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref19"> Heynig (1982)</xref>, y con más matices teóricos:  <xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref7">CEPAL (1989)</xref>, entre otros.</p>
</fn>
<fn id="fn13" fn-type="other">
<label>13</label>
<p>Chayanov plantea una verdadera teoría del funcionamiento interno de la economía  campesina; Le interesa “...tan sólo la mecánica del proceso organizativo de la  unidad económica campesina y no el desarrollo del sistema y de sus formas de  organización” (<xref ref-type="bibr" rid="redalyc_84559186002_ref55">Chayanov, 1979, p. 97</xref>), es decir, la separa de su contenido  clasista. En consecuencia, con esto el punto central del análisis lo constituye  la unidad familiar como unidad elemental de producción y consumo. En términos  muy sintéticos, la propuesta de Chayanov plantea que la racionalidad que  conduce la producción campesina es aquella que busca la satisfacción de las  necesidades de subsistencia de la unidad campesina y no el incremento de la  ganancia. Las decisiones económicas de la unidad familiar consideran en forma  inseparable la producción y el consumo final de la familia.</p>
</fn>
<fn id="fn14" fn-type="other">
<label>14</label>
<p>De  ninguna manera lo señalado implica un rechazo al análisis cultural del  campesinado ni de sus formas simbólicas y de adscripción identitaria a una  categoría colectiva determinada. La crítica se dirige más bien a aquellos  análisis en cuya mecánica se encuentra una lógica determinista cultural,  que suponen la capacidad de una racionalidad  de emerger y determinar a la totalidad social desvinculándola de su contexto de  operación y evolución en sus relaciones. </p>
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<label>15</label>
<p>Refiere a mercancías de origen agropecuario o de  elaboración estrictamente doméstica; quedan excluidas las actividades  comerciales de otro tipo y de venta de servicios.  </p>
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<label>16</label>
<p>Por ello, debe considerarse que, por ejemplo, MT puede ser igual a  MT_integrante1+MT_integrante2, y que S puede ser igual a  S_integrante1+S_integrante2.</p>
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